.Violón y Chelo.
Dos a punto de convertirse en amantes. !Qué música no compondrán si consiguen encajar, (emparejarse)!
Empezará el sonido con, de un pie, en una pierna, la caricia y ya desde ahí sus cuerpos juntos, no necesitarán ni de madera vara, ni de caballo crines, que vengan sus cuerdas a acariciar.
.Violón y Chelo.
Caras han venido, desde el “cisne enamorado de un naranjo”, por ser, y besándose, dos, una.
.Tus labios y el duende.
Dibujaría tu boca.
Labios de color ajado por el tiempo carnosos todavía.
Comisuras oscuras, casi negras, al igual que cuando en contacto con el otro, (la otra), el uno.
En tu cabeza un pañuelo enredaría al viento, (que tu rostro y tu cuello serían),
cubriría la mitad de tu cara por él, (tiempo), por ello, no manoseada.
Dibujaría tu ojo inmenso, (de tamaño que abarca un mundo, una época, un sueño), cerrado;
ocupando casi todo tu rostro cuando tú así, plácidamente, en reposo.
Dibujaría, tu ojo, que sería boca, cuando tú, ahí, casi escondida tras, (…tu rostro),
a punto de venir a mi encuentro.
Pintaría en hojas de fibra de morera, y sedas y de papel maché y te preguntaría si te reconocías en algunas, (todas), de ellas.
Te dibujaría.
Si existieras, si existiéramos, (si supiera).
¡Cómo no te besaría entonces!
Qué, de no haber dejado de hacerlo, con tus labios, no haría.
.El duende.
El duende, de un solo e inmenso ojo, quiere acercar sus labios, a tu boca.
Y tú sonríes, dejándola, (traviesa, juguetona y diminuta),
ir, mientras una mano,
(pie de dragón como de oriente y que más que volar es, cual pañuelo, por el viento llevado),
del, a tu espalda y duende, te aleja.
Te crio, con toda ternura, (cuidado, saña), de que fue capaz, una bestia;
te cortejó un deseo fantástico, (imaginario)
y fuiste (por el viento a cualquier lugar llevados) labios.
.La mujer del gorro fenicio y Rejum.
.La mujer de gorro fenicio.
La mujer, (de gorro fenicio de hombre), es muy chata y de ojo, si tamaño hay que elegir, diminuto.
En sus pantorrillas habitan sus senos y su rostro en sus muslos.
Toda ella, (con su caperuza incluida), es cuerpo de un ave que mira erguida, con su cabeza sostenida por cuello largo y tan fino que imposible pareciera, (de no estarlo presenciando), que pudiera sujetar nada en absoluto, (en relativo).
Mira, (el pájaro ese de alguna especie que en vez de volar camina), al horizonte, (que es mirar el interior de una cabeza que de frente mira).
Lo que en todas direcciones la rodea, por favor, ya tú, mira.
Me pides que mejor te muestre su cara , y lo hago.
.Rejum.
La mujer, (de gorro fenicio de hombre), sólo patas arriba si, contra su voluntad, y, entonces, con boca abierta, girando al máximo hacia atrás su cabeza, como queriendo capturar el respiro del que carece, suplicando, quizás, ayuda, que la deje, que no la mantenga así colgada en un aire que más que respirarse, el suyo ingiere.
A un cuerpo incorporada cuyo pie, se conectará con ella por un hilo solamente que, (presenciándolo, creerías que soporta el peso del cuerpo sobre él y, sin embargo, nada sostiene, solamente está tieso).
El pie, (mirando al frente, no hacia atrás), el hilo y ese cuerpo de caparazón, (caperuza).
No mira.
No le consiente la situación, (la postura), más que mantener mirada, (que no ve), hacia arriba.
Lo que, a su en rededor, en los sentidos todos, si a bien tienes, mira.
.Arlequín de dos caras.
El arlequín, de dos caras, tiene un único rostro.
.Arlequín de dos caras.
El arlequín de dos caras tiene una derecha (observante, vigilante).
Supervisa a qué máscara, (qué gorro, qué vestimenta, qué personaje, que…), consiente, atravesar la puerta hacia el escenario.
Ha de discurrir, cualquier elemento, (situación), en espacio nítido y amplio.
Su pierna es barrera previniendo la entrada de cualquier intruso, (de conocidos varios).
El arlequín de dos caras tiene una, izquierda, ensimismada, (atenta, relajada), que ve en el desorden, (en el barullo, en el caos), lo que une a presencias, (tantas), tan diferentes.
Su pierna, es reposo, (bienvenida), para tantas visitas como recibe.
PS: Dos firmas, de haberlas, significan, (así es en este caso), particular interés en mirar la imagen en ambas posiciones.
No siempre, que esta atención aparece, ellas están.
P.P.S: aparto, (unas cuantas más guardaría), una cara
.Vidriera sucia en día luminoso.
También hay vidriera que sucia y sin luz afuera, (adentro).
No es ésta.
.Ventana sucia en día luminoso.
No hay suciedad que convierta a cierta luz en oscura, (mentira).
Emborronar, (emponzoñar, ensuciar, enmugrecer, enturbiar, pervertir…),
la superficie que atravesar pudiera,
eso sí.
Y aun así, habrá rendijas, resquicios, y fisuras en donde guardar la esperanza limpia.
¿Has contemplado, alguna vez, vidriera multicolor muy sucia, en día luminoso tras ella?
¿Qué, (de ella), queda?,
¿qué queda de ti?
.La sujeta aire.
Cuídate del aire que todo puede sujetar
No verá, (la sujeta aire), a una bestia orinando intencionadamente sobre su nombre sino, de una criatura, lágrimas.
Eso la mantendrá capturada (la convertirá en su presa).
Y sujetará con el metacarpo de su mano flexionada.
Será puente, (conexión), entre irreconciliables.
Será, (de aire), paso.
Capturará aire
y se le escurrirá entre los dedos.
Correrá hacia adelante atrás mirando
unida la cabeza al cuerpo por grapas de aire solamente
y llegará a, (escapará de), ninguna parte.
Hablará, cada vez, como si siempre hubiese posibilidad de encuentro.
Y sus palabras serán peldaños de aire cuya temperatura no derretirá, del otro, (de la otra), su máscara de hielo (de acero).
Todavía a ella sujeta, (por aire cosida),
ya sabe de la estructura vacía, (de cartulina con peso de piedra), en que vivía.
Aún sin saber cómo acoplar las piezas que conservar, (que apartar), con ellas construye una figura distinta, con que continuar.
Y espera, (a ratos), al viento:
al aire que corriendo,
a su lugar lleve, (traiga),
a cada sujeto.
.Motero de casco al hombre.
.Motero de casco al hombre.
El motero, con su copioso pelo en melena y barba, (y bigote), lleva en la boca cigarro encendido liado con papel, y a mano.
No lo consume, en sus labios le permite, (acompañándole), consumirse.
Su humo termina siempre, a enchufe conectado.
Vive en, de reparaciones, un taller, vistiendo un sayo, (color puerta de cortina), del largo que no se sabe si los esconde, o es que no hay pies.
Dejó de ser capitán de la banda de sus moteros, (de nombre “elefante negro con ojos rojos” que nunca fuera de su cabeza existió), para convertirse, de familia careciendo, en fraile, (de ahí la túnica), hermano, (o padre).
Conserva, eso sí, su casco, apenas diferenciable del pelo de su cara y lo lleva, siempre, salvo cuando no descansa, cargado “al hombre” que, según señala, es ahí y no al hombro, en donde ha de llevarse.
El motero tiene una cabeza enorme que no le cabe en el cuerpo, (ni en el casco), al hombre.
Pero lo intenta, siempre que el cuerpo ve llegar, la cabeza, le acerca.
.Casco del motero cargando.
Hay, en el taller ese, (que… qué repara), en donde algún manillar, (ruedas algunas), pueden imaginarse, un aparato que tal parece estar sobre el suelo sentado y despatarrado.
No se diferencia, de ser del mismo color, (como es el caso), del casco en que se encaja, aunque sea, en realidad, su cargador.
Hubo una vez un motero que, en moto siguiendo a un amor, perdió la cabeza.
Requiere, ahora, para en el cuerpo mantenerla, de un casco a la parte posterior de ella acoplado para sostenerla, encajada, a las vértebras de un cuerpo.
Algo recuerda, él, de un hombro, (de un hombre).
.Payaso triste.
El payaso triste es hombre.
El hombre triste eligió profesión con la que poder ganarse la vida usando su condición y, de paso, haciendo pasar, quizás, a alguien, un buen (ello, en vez de un mal, escogió) rato.
Aparece tras cortina gruesa y pesada y roja y calza chalupa marrón, de la que aquí sólo verás el final de una, (con su parte más superior cortada).
Viste, su pecho, del color de su mirada, (de su palabra), y, de amarillo limón maduro, (entre refrescante y amargo), sus manos.
Ignoro si, por oposición a la tristeza que conoce, sabe de cómo alegrar el espectáculo o si hay a quienes alegra ver al infortunio consigo mismo peleando en un escenario.
El hombre triste no es payaso.
. Payaso triste.
.Cara de perro.
Tiene cara el perro.
Le sale del cuerpo.
Son dorso y cuarto trasero rostro.
Mira al hueco del que pende un hilo.
Ve, (de él depende), su huella.
Olfatea alimento sobre el que reposa su cola de hilo.
Ya que con su boca no puede tocar sustento, le acerca su lengua.
Entretanto, su cabeza en sentido, a ella contrario, se despereza.
. Cara de perro.
Procede del retrato de “Perro con bisagras”.
Cometió el original y primer pecado, (comportamiento condenado, condena encuentra), de borrar algún trazo, (otro añadiendo) sobre el origen. ¡No se modifica lo terminado!, (no antes de aprender que no es pecado).
.Mónica.
Hay nombres que representan etapas de una vida dejada atrás que allí no se quedó.
.Mónica.
Mónica escribe su destino con pluma blanca,
(limpia porque lo está y porque, de emborronarse, (de emborronar), reconociéndolo, la limpia),
vigorosa, delicada, vulnerable y firme.
Posee el continente adecuado, (la protección),
para el germen del embrión que a su lado camina, (que tras de sí dejará):
su comportamiento redondeado, blanco, (nítido).
Mónica teje un tipo de paño de pluma, particular,
(con la que se nace, de la que se decide cuidar), de nombre Rina:
el de la inclinación esa de, sin pedir, (sin ser pedida),
dar sin por ello dejar de, al mismo tiempo, tejer para sí la pluma que la conducirá.
.Los tres trazos de Mónica.
Si por separado sus partes, (que tres son), de alguna manera dos, estarán mirando a la tercera que será quien de, (haga no), sombra, (protección), vuelos despegue y escriba historia.
.El tipo algo rechoncho de la sala de conciertos.
El tipo algo rechoncho, con ojo enorme, no sé muy bien lo que hace, (salvo estar en escenario de una sala de conciertos).
Parece más que esté una actuación presentando que él mismo actuando.
Le veo, mi oído no puede alcanzarle.
Está, de lado, en medio de una escena en blanco frente a un micrófono negro.
Nadie parece escucharle y, de haber quien lo intentase, el ruido, (el ambiente), no sé cuántas voces tendría que discriminar antes de alcanzar la voz del hombre.
El tipo algo rechoncho, y con un ojo negro y enorme, (que la cabeza casi por entero le cubre), aparece en un escenario en blanco, por lo demás, rodeado de ambiente fantasmagórico.
Todo lo que no es el tipo algo rechoncho, (que viene a ser movimiento de grados de 90 una vez y otra y otra), es un teatro de sombras:
las perfectamente claras, (oscuras), y las que van (vienen) apareciendo, según te aproximes, tú, a ellas, (se te acerquen).
Hay ruidos, y sombras, y formas fantasmagóricas, y un hombre, (con un solo y gran ojo), cuya visión, (voz), ¿qué alcance tiene?
.El tipo algo rechoncho de la sala de conciertos.
.El escarabajo de la (no) patata.
El escarabajo de la (no) patata aborrece los tubérculos.
Camina a dos patas con la gracia del vaquero de piernas arqueadas para compensar, quizás, haber nacido sin espuela tarsal.
Así, caminando con su estilo de oeste y americano, tan tranquilo, (tan despreocupado), se le cruza una mosquita de cuerpo rosita más que rosáceo y un sombrero de copa de prisma cuadrangular (con bordes suaves y ala como con figuras cónicas alargadas).
Distraído, el escarabajo, ni mosco alguno en su vereda nota, y así (sin darle tiempo ni a preguntarse siquiera qué ha sucedido), le pica, la mosquita no muerta, en su parte más superior y derecha.
(Pero un pedazo de picotazo, ¡oiga!, no cualquier cosita sin importancia).
A tal velocidad todo sucede, que, sin el rostro haber reaccionado todavía al dolor, la toxina del… ¿piquito? había llegado ya a su interior.
Sin remedio, ahora, ha encontrado un camino nuevo entre las piernas arqueadas, que le llevará al … ¿amor?
La no muerta mosquita, con su sombrero y sus pestañas alargadas, le inoculó, sin consentimiento, el veneno al escarabajo de la (no) patata.
Ahora, (en todas las posturas, todo el tiempo), uno son.
(Giren por favor la imagen, una vez y otra, y dígame si están o no de acuerdo).
A dónde llegarán por ese camino envenenado, ni pista tengo.
.El escarabajo de la (no) patata.
Era, el escarabajo de la (no) patata, rojo burdeos con puntos negros…
.El dragón Dragtus.
Siempre, durante todos estos años te importó.
Habrás sabido cuándo aquí, (o ahí), estás y, sin embargo, hoy, hiciste un dragón, (para allí), que, (sin darte cuenta), de aquí era y no de ahí.
Pondrás, (es para ti importante), atención en adelante.
.El dragón dragtus.
El dragón verde de un solo trazo está en su caja expositora y Seq es su cola.
Si lo suficiente te acercas, y la mirada le mantienes, verás la intensidad, (la profundidad de una historia que en ningún otro lugar), que sus ojos diminutos albergan.
Le pusieron Dragtus porque es hijo de dragón y cactus y, de cada uno, heredó algo que no (sí) fue ganancias (ni pérdidas) sino apariencia.
Pero él, sólo responde, de nombre, al de Dragón.
De otra forma le miran con sorna juzgando, sin preguntar siquiera, (continuando ignorando), qué es esa historia de que sus padres…
Lo que él llama la entrada de su cueva, es para ti, dos serpientes erguidas y completamente negras, como columnas, (con ojos de color idéntico al de Dragtus), custodiándola.
La gruta espacio de fuego que arde y no quema.
Te previene, (el aspecto), a ti, de acercarte a él (a ella, a ellas), aunque, en realidad, todo el daño que inflija sea luz cuando afuera oscuridad, calor, cuando frío y alguna espina que solamente a él hiera.
Quién sabe lo que verías si al dragón vieras.
Pero no te le acercarás.
Habrá de ser él quien a ti venga.
. El único trazo del dragón Dragtus.
.Red atrapa blúfalos y vendedor de humo.
.Red atrapa blúfalos.
Solución definitiva para asegurar, que nunca jamás, entre en tu casa…
¡un blúfalo!,
(¡no me digas “no la necesito”!).
Es un bluf, ¿aló?, con un halo, eso sí, (¡buf!), de exclusivo y único.
Está, a trozos, más anudada que convenientemente cosida, y con un tamaño de malla que fácilmente atravesaría, más de un león, a la vez.
Y fría, ha de estar casi congelada que la temperatura es lo que más puede mantener al animal ese a raya.
Sí, prepárate para la factura de la luz
¡Pero no tendrás blúfalos en casa!
¿Atrapará, también, bufa (la)?
.Vendedor de humo.
El tipo de tez, (y cuello), gris claro,
con su sombrero de copa, (y abrigo) negros,
es vendedor ambulante.
Aprovecha cualquier situación, lugar, oportunidad, (o su ausencia), y vende, lo que ninguna falta les hace,
hasta a las piedras.
Ambula,
no cesa,
sigue, del humo, el rastro,
y allí va,
y vende.
¿Eres, de humo, vendedor, incluso sin haber puesto precio a tu producto?
.La pared rota.
. Pared rota (la rubia de ojos pequeños).
La pared rota fue de muro grueso y esqueleto de acero pintado de colores oscuros y mate.
Resistió, hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un horizonte a láminas integradas en una de puesta de azul y sol.
El suelo no estaba roto.
Soportaba todo el peso que le llegaba.
Hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un océano como de cueva en la que las estalactitas se adentran en al agua.
El techo está sin quebrarse todavía.
Resiste, las tensiones, los golpes, las.. los… con claraboya forzada a soportarlo.
Hasta que deje de hacerlo.
A su través, se ve un cielo atravesado por láminas, seguramente, de acero.
El hueco de la pared rota no es ventana,
no decides tú, del aire, (la lluvia, el paisaje…),
el cuándo, (cuánto), sale, (entra).
No hace, (ace), ro, su marco redondeado.
De la pared, el hueco, recibe cuidados:
· Una criatura rubia de cuello muy alargado y ojos diminutos intenta, a través de cables, recargarlo.
· Otra, con puño de acero, incrusta pieza amarilla y metálica en la pared para reforzarla.
· La más coqueta, con los piececitos muy juntos, con falda de tubo apretadísima caminando, inclina hacia atrás su espalda para verter, en hilillos, cemento que pueda cimentarlo.
· La más esforzada, sosteniéndolo sobre su espalda, con una pierna encogida y otra estirada, utiliza un mecanismo, con tubos finísimos, para regenerarlo.
.Animálima.
Dejo una imagen solamente, pero la animálima me recuerda, para ver lo que ella ve, mirar girándola.
.Animálima.
Es un animal de rabo y pezuñas negras, (y cuerpo y capucha color lima reflectante), la animálima.
Camina, a ratos, y por lo que a la tierra se refiere, a veces medio bajo, otras mitad sobre, ella.
Lo puede hacer, (moverse), con pies, cuerpo, cabeza y hasta con corazón (no la imagines erguida a dos patas solamente).
Disfruta cuando le toca, más que reptar, deslizarse pues sabe diferenciar (otra de sus cualidades), cuando, dejarse por el peso de la situación llevar, conduce a alguna parte.
Le gustan la noche, y el valle, y los altos montes y, cuando comienza a apagarse, tiene también, con el rostro de una cueva, lugar para recargarse.
Si quiere más desapercibida pasar de día sale, cuando su luminiscencia, (por de aquel la luz), opacada, aunque, no suele encontrarse ,tampoco de noche, con nadie.
Entre que de día no la notan y, en la oscuridad, no hay tantos con los que cruzarse que notarla pudieran,
no anda muy acompañada salvo de alguna criatura que otra de las que las colinas albergan,
(y los valles y las montañas y el firmamento y el viento y el pensamiento y el sentimiento y el… y la…).
La animálima, (en todo lugar notas le dejan, historias encuentra), nunca está sola.
P.S: Hay por ahí, su color repartido en otras partes, te deslumbrarán también, mas no son la animálima.
.Cara de la habitación azul eléctrico.
La entrada que la habitación azul eléctrico tiene (es) cara.
. Cara de la habitación azul eléctrico.
Llama, a su derecha, (todo lo que, de la mano aquella, construyó, experimentó, le sucedió), pasado.
Avanza, moviendo la base de su cuerpo sin pies, (con los que escapar corriendo poder, con los que calzado, para el camino adecuados, colocarse).
Traga, (eso cree), con fauces al límite abiertas, todo lo que se va encontrando.
Pero son dos dedos que sobrevivieron de la diestra, (un par de brazos abiertos para el tamaño de cuerpo ese que conserva), sujetando lo que por llegar está, para cuando la tasa esa, (tan cara), de haber estado en la habitación azul eléctrico aquella, de por zanjada.
La habitación azul eléctrico
La habitación está tras la blanca que todas sus paredes hace, en azul eléctrico, encontrarse.
Tenlo en cuenta pues,
si decides descubrir en sus adentros,
será,
pese a tu voluntad
y pese a ello,
ella la que,
(bajo sus condiciones),
en ti entre,
no a la inversa.
Vence la tentación, (la obligación, la curiosidad, la herencia, el recuerdo), y pasa de largo, (o de corto, pero da el paso ese).
No metas, en esa cerradura, la llave esa, aunque a mano la tengas (a espalda).
No regreses allí adentro (aquí afuera).
.La habitación azul eléctrico.
La entrada que la habitación azul eléctrico tiene (es) cara.
Aterac y Lacareta
Habitualmente, (o eso crees), creas, pero hoy…
un simple relleno de otro color como prueba, y, lo anterior enmascarando, hace algo, (en tus manos habrá estado, de tu cabeza no vino), aparecer.
Que, lo que así es, así sea.
.Lacareta.
Lacareta es negra y criatura a la que cercenaron las alas.
Reside en unas hojas de un verde que más que esconderla la previenen de que, cualquier observador, deseara, siquiera, mirarla.
Quién querría ir allí, a lugar tan … (¿ajeno?),
para contemplar ese verde reflectante, cegador, agraz,
naciendo en lugar,
(en vez de marrón madera de árbol),
negro.
Yo fui.
Es inquietante sí, (aun habiéndola ido a buscar), encontrar, entre una maleza tan hosca, esa presencia, y detenerte a mirarla de frente a los ojos, (que te devuelven esa mirada imperturbable y, sin embargo, suplicante), y no al cuerpo.
Al cuerpo no, (ni a la cara).
Por no incomodar, por la máscara superar, observar, entre la maraña, el mirar de una cabeza enmascarada.
.Aterac.
Yo fui.
Boca abajo porque sí.
Y vi su figura estilizada con su abrigo negro y su corazón blanco enlazado en la trabilla de su espalda.
Su tez verde brillaba y deslumbraba (sí)
y protegía de la oscuridad y de las alimañas a las que,
por eso precisamente,
espantaba.
Su pelo recogido en un moño y su rostro reposado y sereno mirando,
para siempre, al frente.
Y el gorro,
nido que cada primavera incubará corazones de color blanco cáscara,
(de huevo),
también lo vi.
Cría, en su cabeza, aves expuestas siempre a que les cercenen las alas.
¿Condenadas a vivir tras una máscara?
Quién querría ir allí, (venir aquí).
A lugar tan ajeno.
P.S: aquí comenzó Sinequi, (aunque se aplicase con carácter retroactivo), a titular entradas con la misma palabra leída de izquierda a derecha y viceversa.
Los nosés
Y entra ella, (a mi espacio de trabajo del suyo regresando), con mirada preventiva, anticipatoria,
(aquella que muestra un pensamiento de “algo más va a haber hecho que yo no veo pero igualmente ¡preguntaré!”).
Y le digo: “no sé qué título ponerle qué opinas”.
Y mira, como quien así mismo se desafía, y dirá lo que cree que decir no sabe, diciendo, tras la respiración contener, (ahí encontrando su fuerza):
“No sé, ¡así se llama!”.
Mirándome, con ojos de quien en sí mismo ha visto la posibilidad de decir lo… ¡imposible!
Y en eso se quedarán su historia, y su nombre.
. Los Nosés.
Los Nosés,
no sé si caminan a extremidades, (a pecho sí que sé, ese lo llevan bien cubierto),
de hueso al aire, (abierto no está, ni roto, ni suelto, ni lanzado al viento),
o sólo lo muestran en parte.
Por no conocer,
hasta desconozco si eso que enseñan es hueso,
o un tubo que necesita airearse para mantener su… ¿ (dis)…fun…ción?.
O se…
Ignoro si cortan también, el bacalao, aparte de sus propias carnes,
(que eso sí que lo hacen),
que continúan alimentándole, regenerándose
o si, de hacerlo, sería con manos, o con pies.
Quizás sean uno, o un mínimo de tres pues en conjunto tan íntimo que como uno acoplados actúan a veces yendo, otras, por separado
(el de patas alargadas caminando con su estilazo que…).
Por no saber, ni sé cómo mirarlos, si desde arriba, si desde abajo, si por detrás, sin por delante…
Algo sí diré, aunque, en realidad, sí que sé,
no sé.
P.S: como, ya a estas alturas siempre en los 2d, si a bien tienen, giren la imagen por si encuentran, como a mí me sucede, de esta forma, otras figuras diferentes.