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Criatura

Tiene, la criatura, ojos pequeños tan limpios como borrosos. Pero ve. Muy claro: con la nitidez que la observación y la atención brinden.

La criatura tiene una columna vertebral como tú, (o yo), aunque a ella le atraviesa el rosto por completo hasta muy arriba.

Dos fosas nasales enormes, por sienes un par de puntos y despellejada, (en carne viva), vive.

Debería de ser aterradora, (y lo es), se llama Ternura.

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Escenarios, 2d Sinequi (Seq) Escenarios, 2d Sinequi (Seq)

Punto de inflexión

Punto de inflexión lo es por, (diccionario R.A.E.L.): “señal de dimensiones pequeñas… perceptible en una superficie” y por “elevación que se hace con la voz… pasando de un tono a otro”.

¿Es “y en el principio” también una silueta de ojo como tema principal?.

Entonces mirando hacia la izquierda, hoy, hacia la derecha.

¿Advertencia?, ¿señal, como el punto, de lo que se fue ya?

¿Recuerdas la sensación de esa primera vez en la que pronunciaste tu, (aunque en presencia de nadie), nombre?, sí, ese que ni tú, habías vocalizado.

Le añadirás las vocales porque cargo, (sin ellas), sí te habías hecho de tus actos.

En vez de pronunciarlo lo escribirás, chiquito, como si así te estuvieras llamando sin hacerlo, para que, en realidad, halla que tanto buscarlo que no será visto. Mostrar sin sobreexponer.

Temblarás.

Cuando te atrevas a terminar por incluirlo sin esconderlo, (protegerlo), habrás de volver al principio y, (¿manteniendo historia como fue escrita?), añadirle la que, sin embargo, es, hoy, tu firma.

Te paralizará el temor a que compartirlo, (así sea ante ti), será, (de nuevo), estropearlo. Como si fueses a añadir, una vez más, otra idea, creencia, ilusión, que, en la práctica, (con carente relación con el empeño invertido), no existen.

¿Recuerdas la primera vez que pronunciaste su nombre?

¿Qué ha sucedido desde entonces?.

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Trucha de río

Tirarás tantos y, sin embargo, otros , como éste, ignorando el motivo, los conservarás.

La trucha, (te preguntas porqué, no te respondes), has de, por el momento, guardarla.

¿A cuánto conservas en tu vida que… para qué?

Regresarás, pon por caso, un martes de noviembre. Tras toda obligación, responsabilidad, apremio, (tras ningún ocio, entretenimiento, aplazamiento gratuito, fingido), que aplacen tus…

No dedicarás más tiempo, (si fuese por no deber lo continuarías haciendo, no podrás), del imprescindible, a la tarea.

Pero habrás, hasta que hayas dejado de hacerlo, regresado. No abandonaste ni a la primera, ni a la segunda, ni a la centésima., ni a la…

Tendrás la misma cabeza, (que habrás de corregir, de perfilar, de mejorar, de rematar, de…. aceptar.).

Sin acudir al, (sin olvidar), ni el primer trazo, (ni el segundo, ni el tercero, ni el…), ni comienzo. Comenzando, cada vez, de nuevo.

Y no te castigarás por ello. Sólo cabeza asomando desde cualquier lugar. Sólo, de la cabeza, un trozo al menos. Suficiente. Bastante. Y pedazo de aleta caudal de recuerdo, (de olvido del cuerpo desvaneciéndose).

Ya no hay trucha bajo ese puente de piedra y arco. Ni agua que mueva la rueda de molido que no sea infecta, turbia. Ni el ventanuco ese desde el que comprar la harina molida al kilo de tu cabeza.

Habrás comenzado, por fin, buscando manera de relacionarte contigo misma y así es como te relacionarás con el

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Puente colgante

Tendrás que cruzar un puente y será colgante sobre acantilado cuyo fondo no alcanzarías a ver si lo quisieras.

Salvo que te decidas a dejar de caminar erguida tú y a alzar el suelo mismo que pisas: descubrirás que sobre tu cabeza, (de ti partiendo), solamente estaba … quien eras.

¿Y esto qué es?, ¿quiénes?; que una cara, y otra, y una edad, (y otra), y otra especie, (y una), y esta voz, y aquel…

¿Qué es?; ¿Quiénes?, que mirando con esa expectación ¿hacia qué?, qué dicen, qué camino, hacia dónde, ilumina su atención, su espalda…

¿Están, acaso, a la espera de quien les descubra las sombras que les definen, que los muestren?.

Cómo es que ignoran que a quien miran necesitará qué rayo que le transforme antes de caer y caminar ese puente colgante, que lleva, ¿a dónde?.

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Retrato de una familia (ala) luna

Hay una historia en Japón sobre el hilo rojo invisible que une a quienes están destinados a encontrarse.

De ese tronco procedieron.  

A un extremo de una rama la unión, a través de un hilo rojo , (y por leyenda). Hebra conformada, sin embargo, como atril robusto que mantenga, en su postura, a quienes les esperan. Aves más de día la una, de noche, (la otra), juntas solamente si sol y luna a un tiempo apareciesen, si una, (otra), al día, (a la noche), renuncia. Contemplando, supervisando, observando al sol y a la luna unidas por hilo rojo de leyenda.

De esa rama proceden.

Caminando su camino juntos y, cada uno, el suyo, a espaldas de la basura, la oscuridad, el peligro y la amenaza que reptando silenciosas y venenosas intentarán, persistentemente, destruir el árbol. Existencia que devora, de un solo bocado, todo ese montón de obstáculos, retos, lecciones e imposibles previniendo que existieran.

De ese árbol procederán.

Uno el sol, a quien todo el que el camine a la luz del día, ve. La luna la otra, a quien habrá que estar despierto, cuando la mayoría dormiría, para presenciar qué ilumina. Sol con ojo de luna, luna con cabeza de sol.

Que albergue, hoy, la esquina de ese cuerpo de madera, esa ave solamente, con sólo un ala, un pico o una pata muy sola, es otro asunto.

El nido que fue, ( lo que albergó en su día), no cambió, (no varía).

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Hormiga

Consiente que así sea en lugar en dónde sólo la verás, tú, (ella, otro nombre de hija), permanezca.

El único del que, por primera vez, y con su franqueza considerada dirá, (aunque su mirada exprese, “ya que he de elegir, elijo el que menos me disgusta”), ,”prefiero éste”.

No dirá “me gusta”. No mentirá. No herirá


El pincel escoba se da, (así mismo), coba, (aire, respiro) y sabe bien qué es estar del derecho y del revés y de odal y de lado.

Más que pintar a brochazos, atraviesa cualquier superficie que encuentra hasta que la pinta y la repinta y la tira y busca otra. Su mejor amigo es un tubo de óleo abierto y con buena cantidad de (¿cómo se llama lo que no es chorro?) pintura saliendo, desparramada, de su boca desbordada, (ahora mismo roja, en un rato, de color…).

La paleta de no pintor flota cuando se deja llevar por el pincel escoba aunque podría caminar, perfectamente, y sola. ¡Qué música no crearía el choque de su movimiento con sus sonajas metálicas de pandereta de mano?.

El oso hormiguero de ocho patas camina, frente a él, la hormiga.

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Cara de perro

Aunque esto, (que surjan caras en los dibujos que guardo aparte), no sucede hasta dentro de un par de años, al intentar organizar material para la web me surge ésta que guardo.

Procede del retrato de “Perro con bisagras” y es uno de los casos en los que borro alguna línea o añado otra.

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Perro con bisagras

El perchero con cara de perro es una puerta secreta.

Al abrirla no te parece nada más que un armario empotrado.

Si te adentras, llegarás a la habitación de la cara de perro.

Verás lo que él ve,

olerás lo que a su hocico se acerca.

Saborearás lo que su lengua escapando de sus, (pocos y podridos), dientes.

¿Qué oirás tras el ruido de la puerta del perchero cerrándose?.

Nada tocarás.

De ti quedará solamente la huella de la almohadilla de un perro suspendida en el aire cual araña que bajó al lugar, ¿equivocado? colgando del hilo de su seda.

.Perro con bisagras.

El perro tiene cara, aunque sea en el cuerpo.

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Unyo

De los pocos casos, en los que , en dos dimensiones, permanece firma Seg y no Sinequi.

.Unyo.

Unyo no es uno sino, al menos, tres:

¿Cuántas facetas tenemos, unas al lado de otras, sin por ello ser otras caras, (y sin haber contado las de al frente y a la espalda y….)?

Unyo tiene muy poco que contar, de sí mismo, (¿cuánta soberbia, qué tipo de yo, se necesitaría para semejante cosa hacer!), no habla.

Y después, (antes), está…

La bola negra de billar es la última que un jugador debe embocar para ganar la partida, de hacerlo antes de haber terminado con todas las bolas de su grupo, perderá.

¿Qué ganarías, (perderías), si,

además de entrada,

hubiese, para la bola negra,

(aun habiendo sido por de nombre cambiar), salida?

¿Es, el nombre, la garantía de partida?

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Cabeza de carnero

El carnero tiene cabeza,

(solamente eso).

En ella conviven, pensamientos y sentimientos.

Nada más.

Alimañas la devoran, (lo consiguen unas, lo intentan otras), 

pero el carnero, (cuyo cuerpo fue consumido ya) ,

tiene cabeza, una, (sola).

Todo lo que le queda:

eso, (esa).

.Cabeza de carnero.

Quizás haya llegado el momento.

No lo supe,

lo sé no.

Surge a posteriori, haciendo lo que, nada que ver con lo anterior.

Vas, al mismo lugar, (intento), de nuevo.

Y permites suceder lo que no pretendías.

Aparecer lo no buscado.

Y, quizás así, se te aparece el momento, la oportunidad.

Abandonar el plan,

el empeño,

el proyecto,

el esfuerzo.

Quizás, de todo después, nos vaya a unir nada que palabra lleve.

¿Qué sucedería entonces?

No lo supe.

No lo sé.

Nada.

Definitivo nada.

Nada que remediar se hubiera podido.

Quizás, de nada después, vayamos a tener en común nada.

¿Qué pasaría entonces?

¿Qué tendría, (de todo aparte), que sucedido haber?

Aceptar que el acierto haya sido, en realidad, estar tan tremendamente equivocada.

Y aprender a entendernos sin esas palabras.

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Cerería

¿Y si cambiases algo de lugar, (de estado, horario, de…), por insignificante y natural que pareciese, qué cambiaría, qué puerta abrirías?

.Cerería a puerta cerrada.

De pequeña, (cuando oscuro),

la niña veía las figuras nacidas de la luz de los cirios.

La madre, (en las sombras escondida), la aleccionaba, (todo el día),

para confundirlas con la luz;

pero la noche era suya, (de la niña), y entonces, en su cabeza, se encendía un cirio.

La silueta de la vela le contaba historias, (como la que sigue a veces, otras, otras), que no oía:

“Hasta cuándo

hasta cuánto

encendida.

Hasta cuando

me consuma

hasta cuando

decidas que has de apagarme tú.

¿Y si cerrases los ojos?

Enterrada, apagada, oscura, encendida.

No me toques

no soy tuya,

no soy suya

no soy.

Sólo sombra si con luz a oscuras”.

Esto sucedía estando, (la niña), rendida.

Hasta que un día, (y una noche, y otra, y otro), escuchó.

.Cerería a puerta abierta,

La cerería está abierta siempre que tenga existencias, independientemente de si su puerta está cerrada o abierta.

Usa, como timbre, una soga manual de la que habrá que tirar para que un cascabel suene.

Sirve, mayormente, para emergencias en caso de que requieras comprar fuera de horarios habituales, pues los dueños, viven en la tienda misma.

El matacandelas del comercio, sin embargo, es autosuficiente e inteligente y, él solito, va caminando, sobre sus dos piececitos, y decidiendo si, alguna vela, ha de dejar encendida o apagar.

Sea adentro, o afuera, (en cuyo caso, le protegerá una vidriera algo obsoletamente modernista).

Solamente hay, en el negocio ese, una llama perpetua que no podrás extinguir:

una cerilla chiquita, que, en el escaparate, si te fijas, verás en pie, (según le apetezca, igual, suspendida), que, en el interior, ¿qué tamaño muestra?.

Siempre hay una.

Siempre (nunca).

La cerería la lleva una mujer que aparenta más edad de la que tiene .

De su media melena las ondas, parece que fueran escalones.

Tiene un gesto muy característico según el cual, ante la pregunta más sencilla de, por ejemplo, “¿qué es lo más baratito?”, muestra los nudillos de su mano derecha, (con dedos estirados, como su cabello, en peldaños), al tiempo que apoya su pulgar, (larguísimo y desuñado), en su barbilla;

es en señal de respeto, como si la venta más modesta tuviera la relevancia, (complejidad, importancia), de la más soberbia.

Si anda, (por algún motivo que ha de estar muy bien justificado), por ahí, porta, también una soga, de forma que, quien la necesita, puede estirarla y hacerle saber, (ver), que, en la tienda, la necesitan.

También se lleva una vela, por si, el camino oscuro se pone, para ver.

La acompaña, (en el interior de la cerería), alguien que de madre no tener, podría haber sido su hijo., (que lo es).

Un muchacho de flequillo color cera algo revenida, con, en la nariz, su anillo parecido a una manilla, y un ojo de una cerradura.

La cerería tiene escaleras por dentro y por fuera pues fue construida aprovechando una pared de piedra, (inclinada y natural), en una cuesta. Justo el lugar al que nadie quiso ir a vivir pero, de visita, y de compras, sí que irían.

Verás, en su fachada, algunos cirios:

en un candil al norte, en un boquete en la piedra al sur, en un candelabro de un solo brazo al este, en un gancho boca abajo el del ojo de la mujer…

…y un grifo, por si un incendio se produjera.

Sin cubo porque, el, (no) hijo, dice que, en caso de haberlo, hinchará con agua globos y los estrellará contra el fuego y porque, la (no) madre, no cree que, con esas cuatro… nada vaya a arder.

La madre, se cansó de llevar calderos de agua cuando, nacido un niño, y pequeño, no la tenía, (como la luz), en la casa.

También hay, (en la cerería esa), una escalera, siempre a mano, de mano.

Para lo que, por si acaso, falta hiciera y para lo que falta hace, (siendo ambos comerciantes bajitos como son), que es para alcanzar, de los altillos, la mercancía.  

La cerería, deja, incluso con la puerta de par en par abierta, un ojo y una manilla de cerradura a la vista.

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Elecornio y Munante

Elecornio es criatura en donde Elefante y Unicornio están unidos por un corazón invertido y enorme.

Él decide, (el corazón), si camina, (Elecornio), hacia atrás o hacia adelante y así no hay discusión, aunque, en realidad, siempre uno, siendo contrarios como son, va de frente.

Cuando se guían por su razón, caminan de costado y, aunque pudiera parecerlo a quien no esté acostumbrado, no es nada complicado.

.Elecornio.

Munante es una mujer a quien, sentada en el suelo con pierna estirada, (y haciendo malabares con manzana en forma de corazón), se le acerca una cabeza caminante.

La una, (mujer), aunque hay quien piensa que lleva un pendiente alargado, (o un tocado), llora lágrima con forma de cola de elefante y cinturón con, de unicornio, el cuerno.

La otra, (cabeza), camina con pies directamente, (carece de piernas).

Ambas miran no sé si al corazón o a Sinequi.

.Munante.

P.S:

Primera vez que aparecen dos firmas, Significa lectura de imagen en ambas posiciones. Visto en otros trabajos no es código que va a ser consistente en el tiempo.

Primera vez que me consiento, (no sin resistencia), copiarme, (ojo y pie) y pegar, (como si no hacer que todo trazo sea único, fuese un fraude).

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Habitación de la esquina de la izquierda al fondo

Serán momentos, habrá sido etapa, y es retrato para colgar en la pared de a donde nunca regresar aunque, ¿te vas del todo del lugar ese en el que estuviste, o permanece, de ti, en una esquina, al fondo y a la izquierda?

. Habitación de la esquina de la izquierda al fondo.

La única luz en la oscuridad en la que vive, la de gas, (ese que reprocha, culpa, proyecta, humilla, desprecia, oculta, finge y, siempre, saciándose nunca, vence), y escondida, recóndita, tenebrosa, (familiar, familiar, familiar).

Luz que sale a la luz jamás.

¿Habría algo que objetar a que se consienta encendida la única iluminación disponible?

La única

Allí a lo lejos y arriba, tras ese desfiladero escarpado de piedra pizarrosa, creyó, (¿cuántas veces?), divisar otra.

Y fue, (¡cuántas oportunidades no se dio!).

¿Has caminado descalza alguna vez, tras la tormenta furiosa, cuesta de pizarra?

La desearás rota, para disponer de lugar, (tan desgarrador como fuese), al que agarrarte en la caída, (que impida, al comienzo, retorno).

¿Sabes lo que te sucederá una y otra vez y otra y otra y…? 

Luz, (abajo), de gas, (arriba), de esperanza rota.

Verdad mentirosa. 

En su rincón, (en su lugar), en la esquina de la izquierda al fondo…su oportunidad:

una puerta, al fin, entreabierta.

Brazos extendidos:

 acercándole las manos uno, (fingiendo ofrecerlas), a punto de acariciar su cabeza, (sin nunca hacerlo), el otro …anticipándole lo que podría , (el interior de la habitación de la esquina, al fondo), brindar.

El único hogar que conoció abriéndole, de nuevo, la puerta:

¿no son las únicas dos manos disponibles, (que mantendrás a las demás lejos), que se aproximan, asegurándose de tocarte nunca, respeto la una y, la otra, ternura?

Sí, es cierto, un brazo rebelde procedente de un costado de su espalda,

(quizás de su espina dorsal por ello paralizada),

intenta alcanzar la luz de arriba, de a lo lejos.

Tendrá que ir sólo, sin cabeza, sin corazón, sin cuerpo y atravesar todas las luces (de gas):

el bisturí afilado, los reflejos de rostros ajenos (propios), los torbellinos de pensamientos, (de recuerdos), amenazantes, (aniquilantes), el desfiladero empinado de pizarra filosa, (despedazante), y rota…

¿por qué se empeña en intentar semejante aventura ajena, (propia), de nuevo?

Salir de un costado, (sin cabeza, ni corazón, ni cuerpo), para alcanzar luz natural, ¿cierta?

Dejar todo lo demás sentado, con piernas dobladas sujetas por su otro brazo, arrinconado en la esquina de al fondo y a la izquierda.

Sin saber si alguna vez podrá llegar.

Y, después regresar, a rescatar sus restos.

Y hacerlo.

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Ameba cerebrófaga

Ameba según el diccionario de la R.A.E.L:

Del lat. cient. amoeba, y este del gr. ἀμοιβή amoibḗ 'cambio'.

  1. f. Zool. Protozoo rizópodo cuyo cuerpo carece de cutícula y emite seudópodos incapaces de anastomosarse entre sí. Se conocen numerosas especies, de las que unas son parásitas de animales, otras viven en las aguas dulces o marinas y algunas en la tierra húmeda. U. t. en pl. como taxón.

    Sin.:

    • amiba, amibo, protozoo

Sí, a veces, comprender el significado de una palabra requerirá que sepas el de otras…. ¿seis?.

Si a las unas evitas, no comprenderás a la otra, (lo que te sucede, ¿qué te pasa?).

. Ameba cerebrófaga.

Un ser inmenso y oscuro une ambos brazos a la altura de sus muñecas y sobre mi.

Sólo eso veo de él:

En cada mano seis dedos, (pulgar ninguno), sujetan mi única oportunidad de salir a la luz, a la esperanza, (al claro). Lo hace como quien sujeta un bocadillo, sin necesidad de decidir si lo devorará, (o qué le hará), sabiéndolo, (¿por qué otro motivo, sino, lo continuaría reteniendo?)

Veo, a través de los vacíos que sus dedos, (llenos de oscuridad), dejan, la oportunidad ajena, la vida mía que no lo será.

Y me alejo. Me acerco a lo que la ameba me hará.

Sí, quizás, trepando de nuevo sería ésta la vez en que no me escurriese, ni resbalase y fuese capaz de asomarme por algún hueco y … ¿contemplar lo que pudiera, no siéndolo, ser? La dejo, consiento que devore un aliento que no es suyo, (ni mío ya).

Déjame.

Sí: sé que hay, por ahí afuera, (arriba), luz.

Promesa perpetua de lo inalcanzable.

Déjale a él que triture con esos dientes, (en cada maxilar tantos como dedos en cada una de sus manos sin pulgares) ese…

Déjanos.

Sí, (no) podríamos haber sido diferentes, (ni lo seremos).

Ya no le verá él, con esos ojos asediados por sus seis pestañas en cada uno de sus párpados (invadiendo, sin pulgares, sus ojos, como si los agarrase para tragárselos).

Déjame.

No quedo sola: estamos dolor, enfermedad, cansancio, abandono, yo, y el monstruo.

Somos seis.

Bajo el mar, bajo el cielo, o bajo tierra. Sin uñas, para qué arañar, (ese sinónimo de suplicar), lo que te consentiste, (no hay diferencia en que fuese porque evitarlo no pudieras), arrebatar.

Y al séptimo día, de la noche séptima, (¿cuánto duró cada una?),

¿descansarás?

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Hoja

Y viene, y tras mirar su trazo de a ciegas, decide que, moviendo un ojo de lugar, que si “ilusión óptica abstracta” y que si… así, en contra de lo que haría yo, (buscar, al menos, cómo se hacen ese tipo de cosas).

Sinequi, (si se lo consientes), cuando quiere llega.

Mientras el cuello, (silbando una hoja), pretende disimular que de Sinequi procede, su cabeza hacia Sinequi, (hacia una hoja), va.

Mientras el cuello de un cuerpo procede, la cabeza hacia otro lugar va.

Por añadidura, el trazo grueso completo a ojo cerrado y con la izquierda. Sinequi es, (de la mano que usa al contrario), ambidiestra.

.Hoja.

Y caminarás, lo seguirás haciendo, (este día más al menos),

con el paso de la hoja que quiere llevarse un viento,

(con la fortaleza para a otras arrastrar pero no a ésta),

atada aún,(así sea en el aire), a un trozo de tierra.

Parecerá, la espalda, encorvada de agotamiento.

No podrían apreciarse, (a la distancia ésta), enfermedad, edad…

Dejará su paso una estela indicando de dónde viene a dónde, de momento, no va.

Y vendrá el viento, y, hoy, no te arrastrará.

Caerás, empujada.

Tropiezo propio no, intención ajena.

Te reprocharán, (te reprocharás), que evites volver a ese viento aunque lo continuarás haciendo.

Hasta que dejes de hacerlo.

Te dolerá.

El contacto con la brisa menos hiriente, por comparación, te herirá.

Hasta que deje de herirte, hasta que el dolor deje de impedirte caminar.

Y lo harás, con la espalda encorvada por el peso de la repetición y el cansancio,

(y por la edad, y por la enfermedad, y por…)

Caminarás,

a partir del momento en que dejaste hacerlo y dejando el rastro,

(de la hoja atada, en el aire, a tierra),

de donde vienes, a donde…

no vas.

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Retrato de mujer

Me dicen que no la ven.

Den un segundo vistazo que obvie, un óvulo fertilizándose, o una escafandra con su tubo al exterior, o …

y vayan a la nariz respingona más abajo

(aparte de, lo que vean, véanla).

.Retrato de mujer.

Ojos cerrados, (o abiertos).

Mirando directamente al pensamiento.

Para no ver.

Ojos cerrados, (o abiertos).

Mujer.

Escafandra con la que adentrarte en el espacio fértil, (estéril) del futuro del que, la mujer, será pasado, (esa otra manera de denominar al origen, de invocarlo).

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La madre muerta

Prueba, (con tanto titubeo como lo que nunca has hecho requiera), a lanzar, alguna vez, palabras tuyas al viento.

Aunque hayas de arrancarte la garganta, y abandonarla a su suerte de aire, para hacerlo.

Cada obstáculo que crucen te las devolverá como un reflejo.

Las oirás.

Hasta que se desvanezcan sus ondas y dejen de golpear.

Hasta que se apague el eco.

Prueba,

(eso sí, intenta elegir, arriesgando no acertar, el viento),

o te devorará el silencio.

. La madre muerta.

Sólo luz en la tierra que ¡por fin en paz! la alberga.

Y llega.

Con idéntica presión en el pecho que siempre le impidió acceder, (desde ella), a ella.

Esa presión, (opresión), en el pecho.

Esa.

La mirará a través de un cristal (de esa cuchilla transparente que refleja trozos tuyos, suyos).

Juzgada por el silencio de las palabras dichas solamente a la espalda. 

La madre pájara, en vida, siempre con la pata oprimiendo el pecho de la rama misma,

el suelo, (tumba de sus polluelos), que la enaltece, que la eleva, en el que habita, (que deshabita por completo).

Tanto mayor la opresión del pecho a quien más, (no ofreciendo resistencia alguna), resista.

Beneficiando, de su prole, a nadie, perjudicando más a quien menos se le oponga, más anteponga sus necesidades , insaciables, a las propias.

Siempre mostrando estar bajo una roca pesada, (peligrosa), en equilibrio inestable, siempre a punto de abandonarse a su peso y causar… ¿qué destrozo añadido?

Siempre pendiendo, (bajo su aire), ese cristal impoluto, perfectamente transparente del que no podrías ver los bordes cortantes ni a tu mismo lado, del que no sabrás todavía qué sajó, hasta donde está hendido, que,

sI sucio,

debiera mostrar siempre limpio el pecho oprimido.

De no haberlo podido hacer antes, no te culpes, o cúlpate si eso requieres, pero enmárcala, (delimítala).

Se irá por sorpresa y, sin embargo, habiéndose minuciosamente encargado de dejar tras de sí la paz que la acompañó en vida: ninguna.

Confrontación únicamente, dobles verdades, (triples…) y múltiples mentiras.

Retorcidas, como las ramas del árbol en que habitó.

Irás.

Sin ojos a la espalda no verás, todavía, a qué te enfrentarás,

con quién tienes en común la paz que la pájara deje al irse: ninguna, la nada.

Detrás el vínculo, el abismo oscuro e inmenso en el que, confía, descansa el padre en paz,

( la luz de quien fue pájaro jamás, y es todavía compañía y guía).

Y, aún más atrás, el cuerpo de uno, tacón de la bota de otra en, (a), quién así, (no es pisoteo sino simbiosis), se apoya.

Irás, atravesando continentes, (o sin nada atravesar), con sayo que cubra tu dolor, tus responsabilidades guarde, (y tu cansancio y tus problemas),

y que usarás, ante el frío, de manta, ante el calor de tenderete y, ante el descanso, de almohada.  

Descubrirás, (con tiempo y dolor suficientes), el tipo de garras que, bajo la pata de la pájara, se ocultaban.

.La pájara muerta viva.

P.S: tienen, las aves, garras. De acuerdo a sus almas, las usan.

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Croqueto

Parte de la etiqueta “desechados” lo son prácticas de idioma, cuyo texto se puede utilizar, pero la imagen no funciona.

Dejo este ejemplo.

Puedo hablar un poco de deportes, juegos en donde la diferencia en fuerza física no es relevante, de literatura, (aparece en “Alicia en el país de las maravillas”, en “Mujercitas” en “el rayo verde”), cómo surge en Francia, si lo hay en España (Gijón), la fama en Reino Unido…

pero la imagen no …

La explicación de cuál es el contorno de la cabeza de perfil, hizo reír a mi hijo.

De así no ser, estaría eliminado.

Ya saben: guarda, a la primera, el sentimiento lo que, la razón, ni a la última.

.Croqueto.

Croqueto está firmemente convencido de que su cabeza es un campo de croquet.

Deja a la entrada de su cuello, (en caseta aún por construir), los mazos, (también llamados martillos), y la estaca, (o pica), pues,

por un lado,

podría ser peligroso, (considera), mal, utilizarlos, y,

por otro, a él, para jugar, le sobra y le basta, su vasta cabezota.

Tan obsesionado está que hasta cuando un refresco toma, ve, en las lengüetas de las latas, los aros, (arcos), del equipo para ese deporte que es también juego.

Le da igual que su piel no sea de césped, ni su visera, (o el cuello de su camisa), de hierba.

Él es Croqueto, y ¡vaya lo que en la cabeza tiene!.

Croqueto es nombre de un campo de croquet muy exclusivo y al que sólo podrás entrar por invitación del hombre de mismo nombre, si te gustan las croquetas, y si eres muy muy coqueto.

Dejarás, a la entrada,

(en donde debiera de haber una caseta aún no construida),

los mazos también llamados martillos, porque,

lo de tocar bolas, lo harás a cabezazos, a manazos, a… ¿pelotazos?, o,

reglas faltando, como surja.

Te obsesionará tanto que, hasta cuando un refresco te estés tomando, pensarás que la lengüeta de la lata será, del croquet, aro, (arco).

Eso sí, nunca podrás decir nada al respecto, pues este club deportivo, Croqueto, es secreto.

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2d, Bestiario Sinequi (Seq) 2d, Bestiario Sinequi (Seq)

Losa

Aunque tuvo nombre de mariposa, se reveló como bestia pues también eso puede ser una losa.

Podrás ir,

volver

y a su, (tu), pesar, lo harás.

No regresar tras haber tantas veces vuelto.

Sin buscar,

regreso a tu encuentro siempre.

Serán las mismas,

la misma.

¿Notas, su peso, todavía?

¿Su tacto?

¿su suavidad, capciosa, alevosa, nociva?

Tu espalda,

y su peso.

Tus piernas,

y su peso.

Tu vida,

y su pesar (a su pesar).

Tu sofoco,

su respiración.

Acompañada siempre,

siempre, a su lado, sola.

Sin lanzarla, (mostrarla, prestarla…).

La que te aplasta,

la losa.

Siempre, vayas a donde vayas, (por muy lejos que fuera, a tu vera).

La que te arrastra al fondo del océano del pensamiento,

la que te corta el vuelo,

la que te machaca.

La losa.

Y el amor,

 o no lanzar a nadie, nunca, lo que a ti te lastra.

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2d Sinequi (Seq) 2d Sinequi (Seq)

Retrato de familia (al sol).

La familia al sol cuando del pasado historia que no se replica, ni se revive, (eso, ni a la sombra).

. Retrato de familia al sol.

La traición permanente, esa forma elevada de destrucción, de devastación, que, (acéptalo, llegó el momento, abandonará su hábito nunca), es un disfraz de mariposa negra: exterior de belleza, elegancia, armonía, delicadeza…interior de inquina de mirada y azul tanto más imbatible cuando seis el número de los ojos de sus alas.

Abandonar, sus guerras., (tras como irresolubles en contra de tu corazón, de tu naturaleza, reconocerlas), en paz.

No te acerques a la mariposa negra con tres pares de ojos de diferentes azules.

No sin defensas, no sin ardides, no con…no nazcas criada bajo sus alas no la quieras, no la cuides, no la respetes a tus expensas, no la consientas,

no… la…

No, ni a la más pequeña o alejada, (como fuera), distancia.

No te confundas de nuevo, no insistas, (no te destruyas más),

Es antifaz con colmillos y aguijones venenosos por correas, por tiras que tiran y tiran y tiran sin descanso, sin piedad, sin…

Créelo, sin castigarte por el número de evidencias que has necesitado para concebirlo,

(por no haberte permitido admitirlo, por no haberte podido creer, lo presenciado):

sólo tenías, enfrente, ese pasamontañas (no de protección ante inclemencias, de ocultación de …) con hueco para esos ojos azules (tres y tres).

Erial de dolores, enfermedad, heridas abiertas y cicatrices.

Alimento de otros vuelos por ellos, a su vez, alimentada.

Y a un lado, el lugar a donde debieras, (¿podrás? ¿querrás?), ir:

el, (con tantos matices, accidentes y tormentas), azul despejado, claro, nítido.

Eres de donde, (¿dónde?), vienes, de a donde, (¿dónde?), vas…

Y del erial,

del pedazo despejado que a la devastación sobreviva y apartado esté de lo de remedio imposible,

lo imposible, (el remedio), surge.

Que solamente de sí mismo sea y cada uno, a su lugar, se dirija,

con trazos de tiza que no se lleva el primer viento,

(ni la segunda ventisca, ni el tercer vendaval),

aunque a ellos expuestos.

Y a la luz del día.

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