Red atrapa blúfalos y vendedor de humo
Solución definitiva para asegurar, que nunca jamás, entre en tu casa…
¡un búfalo!,
(¡no me digas “no la necesito”!).
Es un bluf, ¿aló?, con un halo, eso sí, (¡buf!), de exclusivo y único.
Está, a trozos, más anudada que convenientemente cosida, y con un tamaño de malla que fácilmente atravesaría, más de un león, a la vez.
Y fría, ha de estar casi congelada que la temperatura es lo que más puede mantener al animal ese a raya
.
Sí, prepárate para la factura de la luz
¡Pero no tendrás búfalos en casa!
¿Atrapará, también, bufa (la)?
El tipo de tez, (y cuello), gris claro,
con sus sombrero de copa, (y abrigo) negros,
es vendedor ambulante.
Aprovecha cualquier situación, lugar, oportunidad, (o su ausencia), y vende, lo que ninguna falta les hace,
hasta a las piedras.
Ambula,
no cesa,
sigue, del humo, el rastro,
y allí va,
y vende.
¿Eres, de humo, vendedor, incluso sin haber puesto precio a tu producto?
La pared rota
La pared rota fue de muro grueso y esqueleto de acero pintado de colores oscuros y mate.
Resistió, hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un horizonte a láminas integradas en una de puesta de azul y sol.
El suelo no estaba roto.
Soportaba todo el peso que le llegaba.
Hasta que dejó de hacerlo.
A través de su hueco se ve un océano como de cueva en la que las estalactitas se adentran en al agua.
El techo está sin quebrarse todavía.
Resiste, las tensiones, los golpes, las.. los… con claraboya forzada a soportarlo.
Hasta que deje de hacerlo.
A su través, se ve un cielo atravesado por láminas, seguramente, de acero.
El hueco de la pared rota no es ventana,
no decides tú, del aire, (la lluvia, el paisaje…),
el cuándo, (cuánto), sale, (entra).
No hace, (ace), ro, su marco redondeado.
De la pared, el hueco, recibe cuidados:
· Una criatura rubia de cuello muy alargado y ojos diminutos intenta, a través de cables, recargarlo.
· Otra, con puño de acero, incrusta pieza amarilla y metálica en la pared para reforzarla.
· La más coqueta, con los piececitos muy juntos, con falda de tubo apretadísima caminando, inclina hacia atrás su espalda para verter, en hilillos, cemento que pueda cimentarlo.
· La más esforzada, sosteniéndolo sobre su espalda, con una pierna encogida y otra estirada, utiliza un mecanismo, con tubos finísimos, para regenerarlo.
Animálima
Dejo una imagen solamente pero la animálima me recuerda, para ver lo que ella ve, mirar girándola.
La animálima es un animal de rabo y pezuñas negras y cuerpo y capucha color lima reflectante.
Camina, a ratos, y por lo que a la tierra se refiere, a veces medio bajo, otras mitad sobre, ella.
Lo puede hacer, (moverse), con pies, cuerpo, cabeza y hasta con corazón (no la imagines erguida a dos patas solamente).
Disfruta cuando le toca, más que reptar, deslizarse pues sabe diferenciar (otra de sus cualidades), cuando, dejarse por el peso de la situación llevar, a alguna parte conduce.
Le gustan la noche, y el valle, y los altos montes y, cuando comienza a apagarse, tiene también, con el rostro de una cueva, lugar para recargarse.
Si quiere más desapercibida pasar de día sale, cuando su luminiscencia, (por de aquel la luz), opacada, aunque, no suele encontrarse con nadie tampoco de noche.
Entre que de día no la notan y, en la oscuridad, no hay tantos con los que cruzarse que notarla pudieran,
no anda muy acompañada salvo de alguna criatura que otra de las que las colinas albergan,
(y los valles y las montañas y el firmamento y el viento y el pensamiento y el sentimiento y el… y la…).
La animálima, (en todo lugar notas le dejan), nunca está sola.
P.S: Hay por ahí, su color repartido en otras partes, te deslumbrarán también, mas no son la animálima.
La habitación azul eléctrico
La habitación está tras la blanca que todas sus paredes hace ,en azul eléctrico, encontrarse.
Tenlo en cuenta pues,
Si decides descubrir en sus adentros,
será,
pese a tu voluntad
y pese a ello,
ella la que,
(bajo sus condiciones),
en ti entre,
no a la inversa.
Vence la tentación, (la obligación, la curiosidad, la herencia, el recuerdo), y pasa de largo, (o de corto, pero da el paso ese).
No metas, en esa cerradura, la llave esa, aunque a mano la tengas (a espalda).
No regreses allí adentro (aquí afuera).
La entrada de la habitación azul eléctrico tiene (es) cara.
Aterac y Lacareta
Habitualmente, vas haciendo aparecer, otras.
Un simple relleno de color, y surge (enmascara) lo que haciendo estabas.
Que, lo que así es, sea así.
Lacareta es negra y criatura a la que cercenaron las alas.
Reside en unas hojas de un verde que más que esconderla la previenen de que, cualquier observador, deseara, siquiera, mirarla.
Quién querría ir allí, a lugar tan … (¿ajeno?),
para contemplar ese verde reflectante, cegador, agraz,
naciendo en lugar,
(en vez de marrón madera de árbol),
negro.
Yo fui.
Es inquietante sí, (aun habiéndola ido a buscar), encontrar, entre una maleza tan hosca, esa presencia, y detenerte a mirarla de frente a los ojos, (que te devuelven esa mirada imperturbable y, sin embargo, suplicante), y no al cuerpo.
Al cuerpo no, (ni a la cara).
Por no incomodar, por la máscara superar, observar, entre la maraña, el mirar de una cabeza enmascarada.
Yo fui.
Boca abajo porque sí.
Y vi su figura estilizada con su abrigo negro y su corazón blanco enlazado en la trabilla de su espalda.
Su tez verde brillaba y deslumbraba (sí)
y protegía de la oscuridad y de las alimañas a las que,
por eso precisamente,
espantaba.
Su pelo recogido en un moño y su rostro reposado y sereno mirando,
para siempre, al frente.
Y el gorro,
nido que cada primavera incubará corazones de color blanco cáscara,
(de huevo),
también lo vi.
Cría, en su cabeza, aves expuestas siempre a que les cercenen las alas.
¿Condenadas a vivir tras una máscara?
Quién querría ir allí, (venir aquí).
A lugar tan ajeno.
P.S: aquí comenzó Sinequi, (aunque se aplicase con carácter retroactivo), el titular entradas con la misma palabra leída de izquierda a derecha y viceversa.
Los nosés
Y entra ella, (a mi espacio de trabajo del suyo regresando), con mirada preventiva, anticipatoria,
(aquella que muestra un pensamiento de “algo más va a haber hecho que yo no veo pero igualmente ¡preguntaré!”).
Y le digo: “no sé qué título ponerle qué opinas”.
Y mira, como quien así mismo se desafía, y dirá lo que cree que decir no sabe, diciendo, tras la respiración contener, (ahí encontrando su fuerza):
“No sé, ¡así se llama!”.
Mirándome, con ojos de quien en sí mismo ha visto la posibilidad de decir lo… ¡imposible!
Y en eso se quedarán su historia, y su nombre.
Los Nosés,
no sé si caminan a extremidades, (a pecho sí que sé, ese lo llevan bien cubierto),
de hueso al aire, (abierto no está, ni roto, ni suelto, ni lanzado al viento),
o sólo lo muestran en parte.
Por no conocer,
hasta desconozco si eso que enseñan es hueso,
o un tubo que necesita airearse para mantener su… ¿ (dis)…fun…ción?.
O se…
Ignoro si cortan también, el bacalao, aparte de sus propias carnes,
(que eso sí que lo hacen),
que continúan alimentándole, regenerándose
o si, de hacerlo, sería con manos, o con pies.
Quizás sean uno, o tres pues en conjunto tan íntimo que como uno acoplados actúan a veces yendo, otras, por separado
(el de patas alargadas caminando con su estilazo que…).
Por no saber, ni sé cómo mirarles, si desde arriba, si desde abajo, si por detrás, sin por delante…
Algo sí diré, aunque, en realidad, sí que sé,
no sé.
P.S: como siempre en los 2d, si a bien tienen, giren la imagen por si encuentran, en ello, algún otro entretenimiento.
.Caras del Jarrón roto.
Piensas que sucesos como la “posesión”, o los “arrebatamientos” atacaban en exclusiva a los 3d y resulta que no.
Hoy aprendes que, quizás, ahí estén en todo momento, que solamente cambia si son ellos, (o tú), quien controla el proceso.
Salen, del Jarrón roto, más caras.
Me (¿porqué, para qué?), detengo (paso a una pieza nueva)
Jarrón roto
Del jarrón roto salen rostros que me invitan a apartarles como si entidades independientes debieran considerarse. Me sucedió con el “León” y sólo con ello jugué sin hacerle más caso.
Al mirar todos los garabatos 2d desde el principio, me doy cuenta de que, sin saberlo, es algo que ya había sucedido antes.
Permites que algo surja y luego, ya, lo que surge…
Aún no sé si les corresponden entradas individuales o añadirlas en donde aparecieron.
Su etiqueta, de momento, “caras”, algunas pondré con carácter retroactivo, y tantas surgen que qué, con ellas, (de ellas) hacer…
.Jarrón roto.
El jarrón oval tenía base un poco más ancha para asegurar su estabilidad.
Que no viniera, cualquier imprevisto, (habitual), a derrumbarle…
A perturbar el lugar ese, ajeno, (designado), en el que hubo de quedarse.
No fueron el viento, ni una carrera infantil, ni un resbalón desafortunado de…
ni un evento puntual y desproporcionado,
(ni los golpes usuales de quien su lugar designó),
lo que vino a…
Fueron motas diminutas, del tamaño de un pixel, (incluso menos), de un dibujo digital, las que comenzaron a, (desde dentro), atacarle, a corromper su estructura inexorablemente.
Un día, y otro, vez otra, (y una),
hasta que pequeños trozos de su cuerpo metálico y algo cobrizo oscuro,
se oxidaron
empezaron a fracturarse.
Casi nadie lo notó, la suficiente atención le dedicó, nadie.
La única que lo vio, en realidad, se alegró, pues verle inmóvil, sometido y acorralado, y expuesto, dejó de resultarle suficiente para empezar a molestarle y ya querer quitarle de en medio de todos los lugares.
Y una noche, solo en la esquina, (sin serlo), suya,
asegurándose de que a nadie pudiera perturbar siquiera su onda expansiva,
explotó.
El jarrón, en pedazos, es oval, y tiene una base sólida y ancha.
.Los que señalan.
Los que señalan, lo hacen siempre.
Así intentan arrebatar la luz, la posibilidad de ser , a sus rivales, (que son todos),
Dependiendo de la cantidad de oscuridad que alberguen arrancarán directamente cualquier brote de oportunidad de vida en formación e independiente.
Estirarán tanto sus brazos que sus zarpas llegarán a donde no les corresponde
No siempre conseguirán eliminar pero al menos perjudicar, dañar, eso sí que siempre.
. Hombre de las dos narices.
El hombre de mirada dulce y un par de narices, (dos tiene), protege bajo su cuello,
(con su mismo cuerpo poniendo delante)
vida limpia aunque ni él, ni suya,
(contribuyendo a que de todos pueda llegar a ser)
es.
. Fauces abiertas a la derecha.
Cuando abre las fauces por su boca sale todo ,
Le llaman monstruo.
Es un aguardador
(todo guardando mientras tanto),
de que los señaladores se marchen.
.Tipo verde de mostacho prominente.
Si, (siempre que cuando mirándoles), tras tenerles cerca, algo de ellos te alejas, se convierten, (a los que eso les sucede), en algo más complejo, más, (in), completo, más… menos…
¿será que solamente somos garabatos que acercar, (alejar)?
.Tipo verde de mustacho prominente:
El tipo del mostacho prominente es verde y tiene un pañuelo, en la cabeza atado, alargado y en horizontal almidonado.
Lleva gafas de sol rojo pues le ha deslumbrado siempre el color ese (contemple su presencia amenazante de frente o le roce, cualquiera de sus tonos, de alguna manera, sea día o noche, en cualquier parte).
Invertido es un faro poseído por un fantasma oscuro, (de blanco nada de nada), y con linterna de morro de gorrino.
Si al vertical, rostro con su sólo ojo cubierto por monóculo, de aquella manera… y en el vertical opuesto, mujer con su vestido rojo ante sofá orejero.
Un mamut guarda la espalda del faro.
Tumbada en el suelo, (del tipo de bigote prominente), hay mujer rosa que, a él, le convierte en su vestido, y lleva medias de red.
¿Algo más que encontrar?:
· Silla de oficina.
· Escaleras.
· Rosto de piezas geométricas queriendo aparecer con cuello y todo.
· Baldosas blancas y negras (¿cuántas, de cada, cuentas?).
· Bota verde.
· Tipo sonriente con boina como de pintor francés de otra época.
· Saurio con fauces abiertas.
· Tipo rojo con gorra a rombos blancos y negros, y gafas de sol verde que le protegen de todos los tonos, (día y noche), del color ese, sobre todo, si, de frente, lo tiene.
· Alguna que, como no apuntaste, (pues no ibas, en aquel entonces, a hacer ninguna bitácora), ya no sabes ni qué es.
· Imperdible gigante.
· El supervisor que, con mecanismo amarillo en cuerpo y cabeza, ojea por todo el lugar asegurando que todo permanezca en su sitio.
· Y…
Hay objetos ocultos que escondidos continúan incluso tras haberles localizado.
¿será que no somos más que objetos sin ubicar, (encontrados)?
.Pájaro negro.
El pájaro negro tiene vida, en parte, en blanco (a trozos, a trazos, en negro).
Sus plumas, las hojas del árbol, (rosado el tronco), que le cobija.
Su vuelo escuchar, (contemplar), lo que ellas sobrevuelan.
Y él en pie, en una rama de metal pintado multicolor, quieto.
Quedándose, yendo.
¿Habrá estado, alguna vez en algún otro lugar?
¿Habrá visto lo que esa nave vikinga con, por timón, armadura de pierna en que cree convertir el lugar al tumbarse?,
¿vivido lo que esas hojas, plumas, escribiendo, en negro, en una brisa de papel en blanco?
¡Quién pudiera entender el lenguaje del pájaro negro!.
Vive, en parte, (aparte) en blanco y en negro.
Pierde plumas, hojas, que se lleva el viento.
Y, él, en pie siempre, quieto.
.Pájaro negro.
.Huella del asesino de un solo pie.
El asesino de un solo pie deja huella.
Gruesa, firme, como su intención, oscura.
De pie desnudo.
Y pesa,(pesa… !pesa!).
Camina a saltos, (impulsos), precisos, exactos,
(como si siempre idéntica fuese su pisada, como si, en realidad, en el mismo lugar permaneciese).
Pisa suelo de piel de rostro rosado, cabello rubio y ojos cubiertos con antifaz que mantenga la mirada (cegada) concentrada en algún lugar.
De alguna forma, (por motivo alguno), como jamás primero, le tiene atrapado.
Observa, disfrazado como de rey mago, (en la oscuridad),
su paso en el mismo lugar capturado,
en donde no cercena ya más vida que la de sí mismo.
Una mujer, de niñita rosadita y rubita, a la luz del día disfrazada,
le ha cazado.
Qué les sucederá a ambos
La huella, es de un criminal.
. Huella del asesino de un solo pie.
León sin garras, pezuñas grandes
Todo empieza con una idea.
El León con pezuñas muy grandes tiene patas delgadas y largas que le llegan al cuello directamente.
Aunque no lo parece, tiene cuerpo (en el lomo algo escuálido ), de aire, (de cielo), en el abdomen.
Es el primero de su especie, (en la que todos eran ciegos), que con ayuda de un aparato diseñado por él mismo, (por su pensamiento),
ve.
Se abrió, (al lado y al marguen de su invento), una ventana de oportunidad (inexistente primero y después).
La alcanza a ver solamente de reojo pues, él, sólo pretendía ver en dónde , (cómo), en realidad, vivía.
La acabará traspasando sin haberse asomado previamente a mirar a su través,
Así, como si se pudiese los pies en el suelo tener y saltar al vacío a la misma vez.
Abrirá paso, su paso , a los que llegan tras él
(sean cuántos sean, o únicamente él).
Sólo le acompañarán sus pezuñas, (y grandes), que fueron garras , (sólo los que como él son lo sabrían), nunca.
Saben cosas, los dibujos, que tú no puedes creer: hay caminos que caminar así lleven, (ese también es un lugar), a parte ninguna, antes de llegar a alguna parte.
P.S: este León es el primer garabato tras migrar la aplicación descatalogada a un nuevo pc por también el sistema operativo del anterior estar fuera ya de…dará, el software, problemas, pérdidas, errores… que, en vez de animarme a desecharle, me invitaron a organizar y revisar, los trabajos con él anteriormente realizados. En ese sentido, es, el León, (sin serlo), comienzo de esta bitácora.
Todavía en marzo del 2026 no deseché la app, quizás, porque no te deshaces del pañuelo que consoló tu… ¿sudor?, quizás, porque, mientras lo puedas evitar, no te apetecen más saltos a…
Mecela
Si rota,
está incrustando pared en habitación en construcción desvencijada todavía,
y sujeta techo cohesionado por tiras más que de metal, de tirita
y coloca en la posición correcta en que chillar pidiendo ayuda
y …
Pero, hoy, está, así como la ves, y no gira.
De no haber dejado ser a Mecela, no habría encontrado el negro un, (sólo suyo), papel.
Mecela es la mano que mece la….
Es una, y agazapada, y omnipresente.
Mirando con atención y detalle, (y tiempo, y voluntad y fortuna, y…), quizás alcances a ver alguno de sus tentáculos y percibirlos como dedos que será tanto como … ver qué.
Mecela sujeta la atención, (el blanco), poniendo, sobre ella, con decisión, firmeza, (sin alternativa), el negro.
Ni a favor, ni en contra, (de su voluntad al margen), dirigiéndola.
Solamente tiene en frente, notándola, un par de ojos despiertos, (pequeños, atentos, abiertos).
Qué habrá sido de Mecela.
Brazo de dos manos
La mano (de un material que algo enmascare su función como ornamento) sujeta una cánula de oxígeno respiro dando.
La mano sujeta lente verde que muestre el (al) mundo color diferente.
El brazo de dos manos, con una sujeta, (mantiene, sostiene), con la otra señala la única relación entre el cuerpo al que pertenece y el de a su espalda: (de su mismo color), un hilo.
La mano negra es dos y brazo.
Mujer devorando lo que pilla
La mujer devora, más con ansia que apetito, lo que pilla.
Con insidia lo busca, al acecho lo localiza y, sin previo aviso, lo asalta.
Lo envía (directamente y sin masticar), a sus amígdalas.
Saliva de forma particular, como en un reguero recto y finito, (infinito), que gotea desde su vértice lingual romo.
Sus gotas son de un ácido corrosivo.
En donde caen provocan, además, efluvios y gases y reflujos,
y…lava lo que a su paso esté, lo arrasa.
Es una auténtica alimaña, todos los requisitos para serlo cumple, y tal como es, (ese mérito, en esa caverna oscura que habita, exhibe), se muestra.
Pero, la pobre, (con la compasión que merece aléjate tanto como puedes de ella), no puede ser otra cosa:
vive para convertir en podredumbre lo que sale de las, (mentas, almas), bocas
su poder: así es como vive, que mata, o muere
Gato azul y rey pez
De cómo al gato tanto le gusta el pescado.
El gato azul tiene por morro un pájaro y, sobre él, una mancha que le ocupa gran parte de la cara.
Algo está en ella, (¡eso es seguro!), todavía por aparecer.
Es dedicarle, (cuando lo tengas), algo de tiempo y, mientras, dejarle, en su gatera, (carpeta) a su aire.
Le dejas,
y al regresar, (esto también sucede),
deja de ahí estar
, desaparece, (el mismo siendo),
por ser tu mirada quien ha dejado de verlo.
Ya no hay nada que, (¡sin duda!), surgirá de su cara en la que solamente una mancha queda,
ya no está solo su ojo, otro le acompaña. Volverás a verle, será tarde, ya es perro.
El rey soñó con serlo pez (hay quien le ha apodado “López” por ello).
En la caída de su melena, en su barba más que nacida como incrustada, y en la prolongación de su cuello, creyó aletas tener.
Y se tiró a las aguas.
Le rescataron teniendo que hacerle una traqueotomía de emergencia con, para el aire, dos entradas.
En su corona hay ganchos vacíos en los que cuelga sus recuerdos:
de sus branquias (sus dos entradas de agua),
de cuando le robaron de su reino pescándole con esos anzuelos negros,
y de cuando era, (es), rey pez.
El gato es pez.
Figura alargada
La figura alargada tiene, (sus pensamientos esos almacenes requieren), una cabeza en su lugar y otra en su estómago.
Una oteando despreocupada, pizpireta, lo que se le antoje.
La otra, completamente cubierta, (como por tripa de animal), digiere, (está llena de) lo que es (no) ella.
La figura alargada, si hacia la izquierda, más que caminar levita, (algo inclinando el cuerpo hacia adelante), con su cabeza cubierta llena, acarreando deshechos de, quienes ni ella son ni la toleran.
Si a su derecha, guía la cabeza pizpireta casi fuera del cuerpo a penas por un par de pequeñas enredaderas, (caminando sobre), a él unidas.
A sus adentros mirando solamente cuando como un tronco dormido, viendo lo que no recordará haber visto.
Aunque su testa (una, y otra sobre ella, y otra), nunca tan enhiesta (ni alineada), como entonces.
Sobre lo digerido que no es ella, trepa para alcanzar, (que la alcance), su festiva, (al cerebro enredada por un par de enredaderas finas), cabeza.
De no alzarse, (evacuar) sobre lo que no,(sí), es ella, (ni la acepta), no podrá.
!Será posible?
Si de la alargada y figura, solamente sus dos trazos primigenios, cada uno yendo por su (y opuesto) lugar.
El uno, hasta la mitad en su propia realidad, (bruma), medio sumergido, va conformando una nueva forma solo suya emergiendo.
La cabeza, la espalda dándole, se va (nunca cesa su empeño pizpireto y tozudo), en busca de buenos recuerdos.
Punto blanco, punto negro
Tienen, los puntos blancos y negros, una cualidad independiente de lo que les circunde, de lo que tú, a sus alrededores, les reconozcas: indican, en el espacio, (de tu mente), la posición exacta.
El punto negro es muy cuco.
Tiró un manchón de tinta de un golpe sobre una hoja de otoño que, involuntariamente se movió de forma que tal parecía tener un pico del que gota negra brotó.
Atrajo la atención de casi todo el que cosa semejante presenció:
unos preguntándose desde cuando las hojas tienen pico,
otros que qué era eso de ese color,
una boca abierta dispuesta a probar su sabor…
(Casi todo el mundo porque siempre, afortunadamente, hay quien estará mirando para otro sitio).
Esa fue su oportunidad para escondido en vuelo de cuervo negro, darse un gran paseo, (sin esfuerzo, a costa ajena siempre, como buen cuco), por el cielo mismo.
El punto blanco ilumina la noche de un cetáceo que surca el océano con cara de hoja, y cuerpo de mango firme, (de puñal).
¡Cómo no iba a querer de él escapar el rostro ese de gafas de sol enormes y un par de bocas en el cuerpo!
La niña, con su vestidito amarillito, juega a dar una patada al aire con fuerza a ver si el zapatito chiquitito sale del pie disparadito.
Y todo junto, varios rostros.
¿Te entretendrás en mirar qué sucede si los puntos a izquierda y derecha y viceversa?
¿Ves el niño, de flequillo rubio, y feliz?,
¿o la cordillera de deshielo rojo?,
¿o…?
Vaca feliz
Me da algo de pena de la vaca:
iba a ser ella, y sola y en categoría animal y, ¿qué le sucedió entre medias que se convirtió, de forma tan seria, en serie?
La vaca feliz lo está tanto que es físico:
se le escapa el cuerpo por delante de la cabeza y corre obligándola, (sin tiempo para reflexión alguna consentirle),
a seguirle.
Esa fuerza la alimenta, la guía e ilumina, (literalmente), su camino indubitable.
Hasta el día en que hacia atrás mira recordando (en formación todavía lo que sea en que se está convirtiendo) la ilusión que se le quedó en los huesos y, con ellos (es físico), de ella corre, (escapa) a la velocidad que le impida, a su cabeza, siquiera pensárselo.
La vaca intentó, corriendo, alcanzar la dicha cuya gota última (que sonrisa de gota compasiva, antes de su caída inminente, le muestra) sujeta mientras el resto exuda hasta, en tierra firme, perderlo (afianzarla).
Ronda, su cabeza, recuerdo escurridizo de suela negra y de alguien que corría, pero son, (es físico), trozos, con, en común solamente, de sus ojos el color, algún trazo.
Hay varios giros más, (personajes), en la historia de la vaca feliz. No he terminado de darlos, (a posteriori veo que no los hice, recuerdo que los vi), todavía.