Pierna con ocho puntos de sutura
La pierna tiene 8 puntos de sutura cosidos con hilo corriente de coser.
Ella misma pidió que impares no fuesen porque dice haber sido toda la vida, una sola y, en adelante, tener par, (así sea en los puntos de la cicatriz una), querer.
No le importa la calidad del hilo, ni el aspecto de la huella que quedará, sólo que sea seguro y, tenga, cada uno, su compañía.
Calza la concha de un caracol que, a veces, la lleva en línea recta y otras en espiral haciéndole perder el equilibrio
(así es como la herida abierta se hizo).
El hombre de cara amarilla, frente naranja y pelo rosa ve con esos dos ojos, que sólo el uno al otro miran, lo que el caracol se asoma a ver.
Y huele, (el hombre), del molusco, el camino que deja, (y no es baba, ni resbala sino guía).
En el horizonte, una puesta de sol se opone a que la oscuridad llegue y, como puede, se la come.
Y…
gira tú, (sin abrirte herida alguna), gírala, y a ver qué ves.
Mieve y Ánforo
Mieve es, comenzada con M, (a veces, las letras patinan, resbalan, eso sucede), nieve. Encuentra, (como mínimo), en ella, los siguientes 15 objetos:
1. Oso polar algo sonriente por tener delante cucurucho de helado al revés.
2. Zorro, ¿o será lobo? al acecho.
3. Uno, algo rechoncho, que se quedó, sin ser fraile, a un “poquicillo”.
4. Con color de luna, un sol.
5. Iglú, para montañista de icebergs a los que les pille la noche, (o la intemperie), por sorpresa pues, quienes en el lugar viven, en una cueva lo hacen.
6. M muy grande que se ignora que puede andar haciendo por esos lares.
7. Lechuza, más que escondida, oculta por su blanco, de blancas nieves y pico negro azabache.
8. Morsa sin colmillos largos y mirando con atención y.., ¿enfado? a un… ¿huevo frito?
9. Pingüino sin ninguna orientación política y, sin embargo, de un color que, no siendo el natural suyo), tal parece que una tuviera.
10. Red, por ahí tirada, por si de repente, aparecen agua (o aire) en donde pescar peces, (o aves)
11. Lámpara de techo y colgante.
12. Cabeza de pez atrapada bajo el hielo, o aplastada por hombre enorme antes de desplomarse.
13. Ánfora rebosante de… que, a saber, cómo ha llegado hasta ahí y para qué.
14. Cabeza de hombre, tan grande como la de la morsa, que, quizás, fue quien, en su caída, aplastó al pez.
15. Pie de ser de las nieves.
16. Ser mitológico de nombre “Ánforo”.
Ánforo no pega, (ni con la cola que tiene), en la Mieve.
Es un ser mito y lógico y gato y...
De sus pechos, por gravedad derrotados, (condenados), emana leche perpetua (con condena de a desperdiciarse).
Careciendo de forma de ser llamado, se le llamó, (pero en masculino), como a la vasija de la que proviene, (a donde va), su leche:
“Ánforo”.
¿Ves su morro en forma de pico mirando a la derecha tuya, que es hacia su el frente?,
¿y los puntos de sutura en su cuello atrapándole en una realidad, (soledad), que no desea?
¿y su espalda de fauces desdentadas y abiertas para alcanzar la leche del ánfora?
¿y sus enrojecidos ojos derramando lágrimas blancas, densas, de pudor, de cansancio, de dolor, que, (de su gravedad), emanan?
Entraste en él ignorándole, (ignorándolo), como en una cueva.
Seguiste el susurro de un destello.
Fuiste al encuentro de la lámpara colgante promesa de algún calor meciéndose en el aire gélido.
Tu apetito congelado, la encontró.
Con cada balanceo, un dibujo en el suelo oscuro y álgido.
Y el ronroneo.
Entraste en una cueva de Mieve y te adentraste, (con qué más te habrás encontrado), en Ánforo.
Muchacho en pie sobre trono antiguo
La madre, que antes, (fuera de plano, de la vista), de un empujón, tiró, (al niño tranquilo), en la silla, con el dedo índice hacia arriba, le riñe, por eso (¡otro crimen de nuevo!), haber cometido.
Él, en pie, (primera vez que, tras empujón, consiguió no caer), callado, quieto, sobre un trono de madera del siglo VII (el más caro por supuesto, ha de elegirse el que más crítica en el lugar suscite).
Ella pide disculpas y comenta con alguien, (con cualquiera menos con él), que ya no sabe qué hacer para corregir a este muchacho incorregible pero que su hijo es y ¡qué va a hacer! que pagará el crimen cometido, (aunque lo pagará él).
Él, con su bota marrón, y su ropa naranja butano, inmóvil.
Porta a su espalda mochila con capacidad de frenar,de sonrisas a golpes, dedos acusadores:
con bota negra, para su cuerpo, enorme
y el adorno de su hebilla mirando atento, del niño, al brazo
, (y un rabo que la ancla a la espalda del niño).
La mochila rodea con sus brazos, (su pensamiento, de él, sujetando), al niño que inmóvil y en pie, ha dado el primer paso en su próximo camino.
Señaliza con leche de biberón, (como maternal vendido, nunca otra cosa que polvo y vacío), derramándolo para con él acabar y no será desperdicio.
Una vez, y sólo otra más.
Dedos índice y corazón del niño uno solo, (pegado, pegado, pegado, para sentir y para señalar incapacitado)
Y la mochila y él que no se sabe si dos o uno.
Y la madre niña que siempre recriminando y nunca enseñando a hacer.
Dos y uno, y una y otra vez, y uno, y dos…
El muchacho está en pie.
Joven, palomo, conejo, patada y ave expectorante.
No te agradará
llegará, desde el comienzo, a disgustarte
no te gustará
no querrás que te guste.
Le consentirás
gustar (y disgustar)
le permitirás (a riesgo de equivocarte) quedarse.
No accederás a que, levantando vuelo,
se vaya por cualquier cielo,
ignorando, de sí, qué le sucedió
de dónde proviene.
El joven, de pelo a ondas y gris, contempla, ensimismado un pájaro negro. Nada más que eso, (ni tan siquiera su vuelo), ve.
El palomo blanco reposa su cuerpo sobre la piedra en postura algo incómoda, (que hace parecer a su cola deforme e inmensa). El, la postura, por la herida roja y abierta que tiene, para que cure.
El conejo sentado en roca de desfiladero mira con serenidad al mar (que es el cielo) y a todo lo que entre su mirada y ellos hay.
Un bichejo, llamado de arena porque con ella cuenta, (como un reloj), el tiempo entre cada vez que el pie pone en punta, así mismo asegura ser karateka, pegando patada, (eso cree que debe hacer y eso hace), lo demuestra.
Es en, realidad, pata de ave expectorante que, por la boca, aves, una a una, esputa.
En Amorado y Odaroma
En Amorado
Amorado es un lugar (en donde puedes vivir o desvivirte), y nombre..
Amor vive un amor.
Lo alimenta desde una distancia prudencial, (regándolo con la esperanza de que florezca), a la espalda del maniquí objeto de su deseo.
Siempre con una flor en el pecho, que ofrecer, aunque no sepa, la figura (que atrás jamás mira, y con su apariencia sobria, rigurosa, implacable, estricta), ni tan siquiera de su existencia (del amor ni de él).
Ado vive en un amor que le alimenta, le asienta, le sustenta.
Lo mira de frente con pasión y observa su cara huesuda bajo la cofia militar que lleva.
Él, (¡que sale casi como despedido de su asiento taburete cuando la ve!), que nada tendría, (¿tendrá?), que, con ella, (que, ni cuando de frente le tiene, le ve) ver.
Amorado es un lugar. Puedes desvivirte, o vivir en él.
Odaroma es un lugar y nombre.
Oda huye, (su sentimiento ya no resiste), tan rápido como puede, dejando a su suerte, (a su insistencia), su cabeza, extasiada todavía, ante lo que cree es el torso, (sin nada más perturbador o inusual en él ser capaz de reconocer), de su amada (que le podrá corresponder, nunca).
El pensamiento de Roma, (en otros tiempos amor), alcanza al vuelo el último brote que, sabe, le servirá, (en el viaje), de alimento, (del olvido, un recuerdo).
Al hacerlo, su pico choca con el extremo del resto de quien un día imaginó, y, le llama despedida, (y beso).
Odaroma es un lugar del que, cuanto antes, escapar.
Los cuatro trazos de En Amorado y Odaroma
Transformer
Intentando decidir qué es seire y escena en los 2d y si, sobre los que hay que girar, dejar una sola foto o poner cuatro. A ver si colgando una entrada me aclaro…
El saltamontes transformer parece que esté bebiendo y, de alguna manera, lo está: reposta.
Se alimenta de agua de mar que ha de ser exclusivamente turquesa, calentada por el sol, y a la sombra estar.
Ese combustible alimenta todos los mecanismos de su nave: motor, iluminación, visión, climatización, …
El monje galáctico tiene algo de pinta como de sillón espacial capaz de andar moviéndose por sí mismo con una hélice independiente y todo.
Es a posta, ha de ofrecer, su palabra, un consuelo, que sólo en adecuado asiento se podrá escuchar, y que acogedor reposo, ha de aportar.
El elefante de colmillos cortados, trompa fuera de plano, y una sola oreja (que se le está aplastando y alargando tanto que acabará por al suelo llegar), está, apoyado en su cola, sentado.
Así besan esos mamíferos Transformers que, además, son muy discretos y ocultarán a quien beso dan.
Te parecerá de frente, (pon que a la izquierda miras), un paquidermo refrescando la cabeza tranquilamente en alguna fuente.
Pero ándate con ojo y, por la espalda, no te le acerques, sin previo aviso, abrirá unas fauces que no necesitarán de dientes para masticarte y que jamás, de ti se vuelva a saber, (se trabarán que alguna vez exististe), en ninguna parte.
El Samurái y la Balda
Tendrás que aprender que a veces, lo que veas, se expandirá, se multiplicará de tal manera que tomará forma de pausa. Y no le pondrás palabra, le dejarás permanecer como aquello en lo que algo, de nuevo, cada vez que mires, ver. Ese distanciamiento de tu implicación en el proceso, (permitir que lo que de tu mano nace, de ella se escape, discurra por…), será reposo.
La balda amarilla está suspendida del techo de aire.
Bajo ella, (y a su en derredor), sucede la vida de quienes ella no son.
¿Es todo lo presenciado lo que su vacío alberga?, ¿llena?
La balda amarilla está vacía, (llena).
El Samurai, en la esquina esa derecha, lejos de arrinconado, cerca de lo que observa.
De arrodillarse distante, en su lugar, sentado correctamente.
No pasan a su través, (ni en los alrededores suyos), las vidas que contempla.
Sabe que parte de su aprendizaje son, pero no suyas, (ni a su alcance), y así las deja.
P.S: el reposo mencionado en primer párrafo, (cuando del Samurai y la Balda), la hoja en blanco en que están, colocada en sus verticales. Cuelgo, sin embargo, los horizontales, ¿es eso invitar a que el observador participe moviéndolos él o qué…?
El elegido y el gato
Dibujarás un día, que será madrugada, (nunca a hora exacta, en punto), y jueves, algo que, por el innecesario desagrado, (lo enigmático), que te produce, rechazarás, y por estar intentando conciliar cabeza con inconsciencia, permitirás. Solamente será táctica terapéutica, sin mensaje y, sin embargo, meses después, (no tantos, no exactos, con días añadidos), ¿qué están, de tu riñón, escudriñando?
Sabemos lo que ignoramos y nos sirve, (respira hondo), para nada.
El elegido
Qué sonido emite la cuchilla de su patinete, (de madera y hierba que a nada podría herir), surcando la huida, el intento permanente de parar los pies, (saltarines, juguetones, espeluznantes), de que ese par de pies fatales no le alcance.
Huelen a amenaza, saben a fortaleza y recuerdo, (¿querrías de su tacto conocer?), oyes su voz penetrante, susurrante, y les miras, (aunque a tu espalda esté, de nuevo, de viejo), de frente.
Mirando atrás con mano en alto que dé el alto, abrigo que con un par de botones y su trabilla al susto ahuyente, y continuando hacia adelante, (intentando no perder, de su cuerpo, otra parte).
Así vive.
¿Era que eliges vida tú o que ella te elige?.
El gato
Tiene, el gato, tantas vidas que ya el rabo, (junto con ese par de manchas a la espalda), parece ser lengua en cara, (encara) haciendo, de lejos, burla a cualquiera que cerca se le venga (por mucha pinta que , a lo lejos, tenga de inofensiva o de…).
Con ayuda de algún mecanismo visible y aparatoso y la única compañía de un riñón, (y fuera de su cuerpo y a él, por el cuello, por la voz, unido, ¿vas decirle tú, al gato, qué es un acompañante?), continúa, ignorando, (para qué querría saberlo si tendría que rememorar cuántas vidas ha vivido, y contarlas, contarlo…), cuánto le queda.
¿Cuántas vidas era que tenía el gato?
Los tres trazos del “El elegido y el gato”
Esperando, (esperar, de nuevo, de viejo), resultados, harás muebles que no existen: conjurarán angustia anticipatoria innecesaria para ti, y, serán amuletos protectores para que en tu entorno, (y a tus obligaciones), no la esparzas.
Funcionará.
No los desperdiciarás. Serán muebles de una casa de cartón y brujas que sólo muestras una vez al año, (preciso en su retirada, de su llegada, pon y quita días o alguna semana, no exacto).
Los guardarás en una caja, del cartón que será su casa, honrando que una vez, (la única en que pueden cumplir ese primer propósito), fueron magia.
Harás muebles que no existen como tanto de lo que, (en lo que crees), creas y … los guardarás en una caja.
Mimar
Mimar: dícese de cierta criatura, (conducta), por cómo mira al mar
Mirando ese mar ver nada,
la nada,
¡nada!, (¡sumérgete si así ha de ser, no te hundas!).
Nada tener que buscar, (esperar, desear).
Acompañada por fidelidad de un color que, aún distinto, ya no diferencian, mis ojos, del mío.
Al equipaje ajeno, ajena, (aunque ahí mismo), a un lado, (en todos los lados de los lados).
Más clara, más feliz, la noche, (el viaje a ningún conocido ni lugar), que el día.
En ambas pudiendo existir, existiendo en ninguna.
Y mirar al mar.
Desde el peso muerto sustrato de montes y montañas,
no en hombros míos,
de la brisa marina en el susurro.
Sin sollozo, sin lamento.
Verte llorar y soportarlo sin renunciar a, en favor de tu dolor, mi carga.
Preferir correr, si desierta la playa, hacia el sol, sobre dos pies, (pezuñas), con sombrero improvisado de papel;
volar con piernas colgando, caminar con alas abiertas que guíen al olfato, (pues algo habrá que encontrar), a, bajo la arena, escudriñar;
sentada alzar la cabeza y aullar pretendiendo que llamo a mi manada, (pues tal cosa existe), mientras río, río, (de río soy, no de mar),
pero hoy,
desde, del acantilado, la cima
mirar al mar.
P.S: hoy firma Sinequi con letras boca arriba, abajo, y a los lados, significando que esta fotografía es de las tienes que ir girando, pero, (revisando para esta bitácora el conjunto, algo no hecho al crearlo), no acaba de ser un código que emplee de manera consistente.
Repetir imagen girada lo encuentro redundante; prefiero que, a quien le interese, se involucre haciéndolo individualmente; y... Como experimento añado marco exterior por si clarifica a qué posición de la imagen se refiere el texto. Ignoro si lo continuaré.
Ranca
Ranca, que algo busca en su cabeza,
con trozo, (prolongación), de lo que ve, mira.
La sostiene, si sentada, una espina dorsal esquelética, si en pie, un brazo alargado que usa también como pierna.
Si la giras 90 grados, (y sólo con el miembro te quedas), es ser, más pensante que pensativo, de cuerpo alargado y pies tan en el suelo, que empezando a echar, raíces en él;
si otros grados, (misma cantidad y sentido), frente de niña llegando a los ojos, asomándose parece haber, a ver a ver…;
si ya el último dos veces 45, viste un frac con dos lengüetas de acero negro directamente sujetas a camisa de su piel (manteniéndole, en su lugar, bien quieto), y rostro…bueno, a estas alturas, lo que vean…
Ranca vive en un lugar, (no ha lugar a, sin lugar, vida), y lo observa (y le mira).
Ranca
Arráncate ese dolor, esa pertenencia perniciosa, lesiva.
¿Has visto la sombra que, en el rostro, deja el apego enfermizo cuando despega?
¿Probado el pesar, la penumbra que de tus recuerdos, tus experiencias, invertirá permitirte descansar?
Extirpa ese dolor con sabor a colada sucia colgada al aire como si él, (por limpio, fresco), pudiera la mancha de aquella eliminar.
Arranca la sombra y (no requieres basura, a cualquier pared, en suelo cualquiera), a plena luz del día, (de la noche a oscuridad plena), tírala.
¿Observaste a la bestia alimentando plácidamente las aves del peor de los augurios en su caída?
No, no hay nada que caminar en ese camino imperturbablemente perturbado, en esa colina de la que siempre te podrás fiar (siempre, ¡la pobre!, la rica, perjuicio causará).
Tanto peso soportado por tan poca espina… Tanta fortaleza dorsal (de qué materia estará compuesta esa cordillera, de qué altura).
Arráncalo, como te extraes una pieza dental sana, (enferma), para salvar el resto de la boca, (del poso que a su través, a tu alma, entrará), de tu vida (de la de los demás).
En un arranque de cordura, (de locura), arráncatela.
Grisa Tálica
Sólo al revisar para organizar esta bitácora como un año más tarde, me doy cuenta de que el trazo de “Grisa Tálica” es el de “Los Ojos y Sojolos”. Ignoro, hoy, qué plan tendría para ella entonces, apartándola de la serie. Alguno y aplazado hubo si le di nombre. ¿Es recordar voluntad (aún doblegada ante otras obligaciones) respetar, aliento? A la espera de respuesta, la mantengo.
Grisa y Tálica, las que, además de ser dos, una son.
No te sabría decir cuál de ambas está más escuálida.
Aunque parece que una a la otra pincha con su largo aguijón, de ella aprovechándose, en realidad, le extrae substancias que, a la una dañando, a la otra benefician.
Cuando una, de nombre Grisa que Tálica se apellida.
Por gris, rosa, y metálico los colores del pincel con que se creó.
Hay veces en que un nombre surgirá de ti a posteriori por, de otros, simbiosis.
Sucede cuando no es de interdependencia de seres de distintas especies la relación, sino de mutuo apoyo.
Carecerán, las dos, de vínculo con la belleza, la perfección o la excelencia.
Pero, (hasta que dejan de serlo), par y una son.
Los dos trazos de “Grisa Tálica”
Viendo los dos trazos , creo que Grisa iba a ser una serie.
Los ojos y Sojosol
Los Ojos
¿Has visto el becerro de oro que pastando pasto, que más que crecer, en cascada se derrama?,
¿y su rabo incipiente todavía?
¿y cómo alza sus orejas imitando los cuernos que un día tendrá?
¿la figura que le reverencia con espalda en línea recta, (perfecta, horizontal convirtiéndose en camino) y cabeza cubriendo, del rumiante, la pezuña?
¿Ves la figura bípeda y su muñón vegetal en la trasera y pata?
¿Su tocado coqueto y su alimento aspirando a ser simétrico?
¿su esbelta, delicada y sinuosa, (¿peligrosa?), espina dorsal?
Los ojos,(que son dos y eso ven y más),
te observan…
qué verán.
Sojosol
¿Ves el ave de pico dorado?
¿lo que está atrapando para arrastrarlo a su bolsa gular?
¿su penacho de agua fresca que por su cuerpo se derrama y alimenta a un pedestal de tronco retorcido y hoja sin nerviación y entre deltoides y ovada?
¿Ves alguna forma serpenteante intentando a un ave, atacar en su sosiego dorado, por su pico?
Hay ojos siempre, son dos, (aunque no los veas tú):
te observan.
Los dos trazos de “Los Ojos” y “Sojosal”
Ganchos
Y con la paciencia, (atención, fortuna…), suficiente, encontrarás algo de lo que enganchar, a lo que enganchar, (en donde engancharte).
Y en el camino incesante, también habrás de parar.
Detenerte.
Y el momento que tengas para, lo que estás haciendo, hacer, no hacer.
Dar una capa a cada forma individual pues señalar origen es parte del devenir interpretar (respetar).
Nada más hacer de lo que, a hacer, hayas venido.
En reposo, en paz, y con cierta distancia, (que mentira no sea),
contemplar movimiento del que sólo en mínima parte, (¡qué le vas a hacer!, hacer más, , técnicamente, no sabes), podrás conservar registro.
Presenciar.
Porque saber quién eres, también será contemplar, (antes de haberlo hecho), qué, (en el origen), hiciste.
Seq es, (en la aplastante mayoría de los casos), la firma Sinequi de los productos en 3d.
Si bien difiere, (considerablemente muchas veces), su apariencia, nunca requiere más de mi atención que el trabajo en curso.
No fue así hoy.
Lo desplazó.
No sentando precedente, lo respeté.
Me enganché, por un rato, a enganchar las 3 letras de Seq.
Resultaron ser ganchos, capaces de sujetar mundos inexistentes, (¿incipientes?), en un equilibrio,(al que se enganchan también), de otra manera, imposible.
¿Es motivo, suficiente, para a Seq, dejar hacer?
Letos
Los Letos son una especie que iba a reinar sobre los esqueletos.
No se quedaron, nunca, del todo, en los huesos.
Algo,
(de fluidos, de savia, de…),
conservaron,
(los unos del reino animal, del vegetal los otros, del…).
Fueron lo que fueron
caminando
avanzando.
Si, a posteriori, tienes que revisitarles,
no interfieras en su camino,
podrás decir, sin mentir,
que del mismo único trazo primigenio proceden,
o que sus dominios se extendieron al fúngico, al protoctista o al monera,
o que..
pero (¿no?) serán lo que son: lo que eran.
Letos Queletos
Los letos queletos son más bien un conjunto de piezas, con resistencia independiente de su dureza , que si unidas, darán consistencia a los cuerpos de los que son esqueletos.
Estos ejemplos de aquí, de izquierda a derecha:
Quizás avestruz, a lo mejor patinadora, pero, seguro, con alma de bailarina capaz, en todo momento, de dejar en el suelo su bota y, (para empezar !ay lo que seguirá!), alzar su pierna con gracia, (y paralela al suelo), hacia atrás.
Su cráneo está decidiendo si será animal o humano,
lo que sea, será danzando.
Desechó, (los ha directamente tirado), proteger con huesos sus sesos que, dice, al aire llevará, (y en el suelo), pues, después de todo, (desde el comienzo), pensar no es más que andarte pisando una y otra vez, (con qué cuidado, y tacto es otro tema), el cerebro.
Aunque, por la pinta, parecería que fuera a ser bicho, ha decidido ser humano.
Está muy cerca de colocarse el cráneo correspondiente y de dejar el otro en el suelo tirado.
Una de sus piernas trepa como queriendo acercarse a lametazo al punto medio del cuerpo. Está a nada de conseguirlo, cuando así sea, quedará definitivamente, el ser, formado.
Los letos queletos pueden elegir ser ambos. La dualidad en distinto lugar estará albergada: si humano bestia en el alma, si animal, la mejor alma de humano.
Letos Veletos
Los letos Veletos, dan consistencia a la vida, siendo, (cambiando un poco como la veleta por el viento movida y, sin embargo en su puesto), su soplo.
Uno es la avanzadilla que en nave improvisada, (de su propia estructura parte), explora en qué lugares se dan las condiciones para que su tipo de vida medre. Tiene un compañero caracol volador por no andar solo y porque esos moluscos no siempre fueron lo que son hoy.
Otro ha visto por ahí volando, (así le guían), lo que considera que es un par de labios marrones tan apetecibles que va y los sigue desesperándose, ‘des esporándose‘ (dejando esporas por todas partes).
Algunos son más de trabajo de campo y en equipo.
Ahora mismo intentan ensamblar un cangrejo verde pistacho supervisados, por insecto que porta la última pieza que encaje el trabajo. Juntos consiguen una inmensidad de cosas, no pocas veces, por casualidades escapadas de sus tallos.
Letos Gresos
El letos Gresos, de si hay regresos, (no regreses, a no ser que sea estrictamente inevitable), camina sobre sus propios pies.
Cara de amigos no querer hacer muestra, (no sé si es cansancio, enfermedad, experiencia, que la rabia se casca o … bueno, ¡no sé!).
Es, a su vez, el otro pie, (bota), de otro Letos con cuerpo larva, en vías de conformarse (terminar de darse la forma, con ella darse por satisfecho, ya se verá si sucede).
No ha de ser peso fácil de llevar para el primero, para el segundo, todavía no sé.
No sé qué irán camino de ser, sí que no será lo que fueron.
El único trazo de los Letos
El único trazo de los Letos mira con atención a Seq que le devuelve una sonrisa algo forzada, (incómodo pues quería su trazo más fino y no ha habido forma de conseguirlo)
NOTAS: hasta el momento Series (3d), si de un trazo, era pintarlo y girarlo a distintas posiciones. El duplicar el trazo sobre sí mismo sucedió en “El rosal y Lasor” (que no es serie sino criatura).
Sulejman
Los nombres podrán ser, regalos, encargos, entretenimientos, pruebas, homenajes… resultar de varios intentos, distintas figuras, (o una).
Y deudas.
Favor que se te hizo sin nada pedir a cambio nunca.
Sulejman es bastón en el que apoyarse, con causa, (con motivos, de bajezas, por encima), cuando ¿en dónde la ayuda?. Sin dobleces, ni trucos, ni deudas contraídas.
Y es vara que sacudirá cualquier árbol en donde vea fruta madura que, a su creer, aún así, no cae a donde le corresponde.
Es de un lugar que ya no existe, ¿dejas, acaso, en ese caso incluso, de proceder de donde viniste?.
De un color, en un lugar, al que hay quienes le presuponen religión sin acertar.
De un origen con destino discutido.
De un alfabeto que…. ¿es, el de tus predecesores, el tuyo?
Sulejman es báculo: no símbolo de pastor privativo de pueblo específico de una creencia ; prueba viva de que hay gente con ciertos principios, ciertos porque los practica.
Y luego sigue, hasta la causa siguiente, (igual de modesta, de grandiosa, siempre la misma).
Ahora ve tú, (con tus maldad, suspicacia, recelo y malicia), y, si es que llega el día, (que tanto ansías), en que abandone… olvida su vida entera y hazle un reproche, (confirma , que porque murió, no vivió nunca; que lo que tu jamás hiciste cuando él lo hacía, en realidad, cualquiera lo hace).
Hay nombres que serán varias figuras, otros, son una, aparezca lo que surja cuando la giras.
Margarita
Margarita es tres en una y, de ellas, cada una, un mínimo de dos,
(según mires a la derecha o a la izquierda),
y otras dos si abajo pico, (boca).
Ya con eso queda este cometido,
(nunca hay manera de dar ninguno por terminado),
comenzado.
Mar se fuma, (así directamente sin cigarro ni pipa ni nada), un sorbo de mar.
No cualquiera, el más transparente, el más nítido en el que pueda leer cualquier palabra que sobre sus aguas se haya, llevándola el aire, dicho.
Confunde la luz, (y en donde se coloca), al color, mas, igualito es al de línea en la malla de su pierna, (¿pata?).
Inhala así, con su boca de piquito prácticamente cerrada,
de la misma forma exhala.
Si la boca abre es por el aire,
para que entre, y salga,
y… ¡y cómo!
¡canta!.
Ga tiene un pelo muy cortito, uniformemente denso y tan suave que en él quieren quedarse tu rostro, tus manos, (tu confianza).
Tiene una visión amplia, de conjunto, y que, además, siempre contrasta con sus lentes especiales antes de confirmarla.
Salta, vuela, (sin alas porque de ella careciendo, ¡algo tuvo que hacer!),
y no nada, bucea.
Si su mitad, e izquierda,
es sosiego, paz, y
alimento de lo que le alimenta.
¡Ay Rita la malditaaaaa!,
con su lengua tan larga siempre bien recogidita, escondidita.
No sé ni cómo la guarda, (esa pericia le admiro), y no se asfixia:
Algo por seguro puedes dar:
si con la boca abierta será para profazar, (según sopese la fortaleza del rival), a veces también de frente, a la espalda siempre.
De su derecha no tengo mayor dato.
Es hermética y parece una pieza
(sin huella de soldadura visible) y ¿metálica?
Mira muy fijamente, (desde su cabeza, y sus entrañas),
a su ¿hacedor?
P.S: etiqueto al completo como favorito aunque me refiera a Ga. No me veo con capacidad de poner, en toda la bitácora, una entrada independiente por imagen e ir vinculando por unidad.
Supertoro
El superhéroe, (éste), camina en marcha atlética:
mantiene contacto con el suelo en todo momento,
(o, cuanto menos, sin, de vuelo visible, fase),
y guarda la pierna de apoyo recta desde su primer contacto con el suelo hasta alcanzar la verticalidad.
¿Qué te parece el ritmo que le da, mientras tanto, a sus caderas… y a su hombro de hombre?
No dobles, al marchar, la rodilla: no serás este superhéroe que…
sin salida, sin línea blanca de 50 metros en la pista.
El superhéroe éste está siempre saliendo, (no llegando, entrando recta final que será comienzo, seguir marchando).
Lleva cabeza cubierta al completo con antifaz que tal parece ser casco.
Le aporta la autoridad de un anonimato que le enfrenta al juicio de sus resultados y no de lo que, por su aspecto, los esperadores profesionales, (en el mundo superhéroe, no hay árbitros), esperan.
Su robustez y fortaleza bovinas, (ese cuerpo ¡serrano!),
fueron ganadas, (ganado),
meneándose a ese son en la sierra en que nació en donde a cara descubierta mostrarse,
no le reportó,
digamos,
mayor satisfacción.
El supertoro se conduce con casco sin pitones y de material sedimentado,
(es tierra tan compacta como flexible).
Tiene un solo labio, (superior y que, en humano, sería grande),
que en alguna embestida, (por emboscada),
le quedó completamente aplastado.
Le divirtió usar algún zapato de tacón muy fino, (pero cortito, nada exagerado),
con suela, a trozos dentada, e imitar, (de otra forma no sabría), el movimiento de caderas, (y de hombro de toro),
del maratón en donde no debía.
Carecía, digamos, para tal evento, (en los superactos no hay jueces, sólo juzgados), de autorización.
Entre la mandíbula y su mechón de pelo cano, la serranía.
El supertoro surca el cielo dirección Este con fase de vuelo visible y moviendo, por el aire, (¡con qué brío, con cuanta satisfacción!), sus caderas.
Luego, caminando, regresa, (a veces con tacones, otras sin ellos),
al lugar de donde procede que es de donde nunca se marcha,
a donde siempre llega.
Cosido para roto
¿Va a tener algo que pintar, en esta bitácora, el refranero popular también!
De verdad que nunca sé qué va a faltar…
Nunca falta un roto para un descosido:
Algo que mirar si alguien mira,
una ardilla, si árbol,
un ladrón, si un robado,
si columna, una zapata
si suelo, zapato con que pisarlo
camino si ofidio reptando
si carnívoro, animal que sacrificar
si…
Nunca, (muevan la imagen 180 grados), un descosido, de roto carecerá:
para el criminal un crimen,
bilis para la furia,
para el dolor ruidoso alarido
(silencio para el sigiloso),
calma para el sosiego,
para el paseo paso,
para la cabeza sombrero, (pensamiento)
para…
Siempre faltan, para descosidos, rotos
o los hay y no se hallan
o se encuentran con…
Busquen, al roto si rotos,
si descosidos al descosido,
a ellos cósanse con hilván que, aún uniendo, no sea definitivo
o arriesgarán acabar complementándose con quien les rompa, les descosa,
con…
P.S: de ser hoy, (y de conservarlo), este dibujo iría en vertical, el verde hacia arriba, la mitad inferior desechada o rehecha y el resto sería… ¿historia de ostra saliendo de la concha con gafas color espinaca?.
No es, para este descosido, ese roto.
Perro muy cansado
El perro está muy cansado.
Soporta, su cabeza, (tan alargada), el peso de una humareda toda.
No, no le sale, de las orejas, el humo: desborda, (sustituye), a su parietal bifurcándolo.
Llenando un globo ballena a un lado, atravesando, al otro, (como en dos partido, como en un partido a dos), un humero.
La fumarada llega a un tipo de lentes, (verde claro brillante y algo neón), que la bebe con su boquita de pajarita.
Tiene, el muchacho, cabello rubio sol que acicala, (pegándole más que peinándolo), con una fusta de goma dura y color perro exhausto.
La porta entre el pelo y la frente para mostrarla, (cual tatuaje), y por tenerla, (!nunca se sabe!), siempre a mano (y al frente).
Las lentes llevan aparatos electrónicos por patillas que ven, (escuchan, aspiran), lo que, de otra manera, sólo chucho siendo.
El can agotado todo lo lleva en la cabeza, (de ella sale, en ella entra…todo ese peso etéreo que te hurta el aliento).
Sabe que la columna, (que al joven vertebra), termina en un pie de puerta cerrada y en otro de ave por zapato de tacón, (uno pisa, sella, el otro vuela);
y qué tipo de camiseta, (con, en su manga izquierda bolsillo), lleva en su cuerpo diminuto;
y que alienta el globo (de humo de ballena),
y que…
Al tuso rendido se le ha ido estirando la cabeza hasta hacer llegar, su mandíbula, al suelo.
Es cuadrúpedo:
patas muy finas y dos, y otras tantas más gruesas, (una de humarazo rebosando que la estira hasta llegar al cuerpo),
y una cola larga y plana con tiro de chimenea, (claro, limpio y vacío), en ella.
Hay
una puerta, (pie), y cerrada, en el suelo ,
un bolsillo a rebosar de humo de secretos,
y un tiro, (camino, canino), en…
El cansado está muy perro.
El rosal y Lasor
El rosal, (infecto), no da rosas, sino sarpullido, pústulas muy cuquis, (también cucas), que, al exterior supuran muy poquito, y muy pálido, y muy rosa (como si brotes sanos fueran aunque no lo son).
Sabe disimular, así, (despertando lástima, a su paso, y de paso apariencia de floración), lo peligroso de sus espinas que sus uñas son.
Es, su tronco, copia exacta de sí mismo: mitad superior idéntica a la inferior si invertida y a la izquierda girada.
El rosal es invertido, retorcido, incurable y letal.
Lasor aprendió, (quedar en dos partido le costó), que florecer era caminar, al margen de la infestación irresoluble.
Hubo de replicar el tronco que le quedaba para construirse un cuerpo al que añadió un ojo, (no a su alrededor sino a todo lo que no es su blanco), y una pata, ambos, como los brotes de donde surgió, rosados.
Arrancó, de sus raíces, de aquella tierra la enferma, y todo sacrificio, ‘leñal’ ,(de su persona, hay veces que no sabrás la palabra, otras, no la habrá), dedicó para asegurar que su cuerpo, tan curvado como torcido, pasos, que a ciegas no fuese, intentaría dar.
Se desplazó girando solo, (sin precedente ni ayuda a la que injertarse, al destierro avocado y abocado), despacio, (¡qué descomunal, de cada zancada, el esfuerzo!), sobre eje, de sí mismo, vertical.
Sus palabras fueron los dos pies de sus raíces leñosas, (aquel con el que nació y, el otro, que en forma de nombre propio, se talló).
Y caminó, con sus jorobas más o menos pronunciadas, erguido.
Ignoro si al que, una vez, flores, (como sus pies dos), diera, se le puede llamar que floreció.
El único trazo de “El rosal y Lasor
P.S: El único trazo del que está hecho, (por repetición), “El rosal y Lasor” es la parte superior de “Magua”