Trucha de río
Hoy habrá sido una trucha de río que, si bien la miras, ni lo es.
Déjate, déjala (ser).
.Trucha de río.
Regresarás, pon por caso, de noviembre un martes.
Sin acudir al, (sin olvidar), primer trazo, (ni al segundo, ni al tercero, ni al…), ni al comienzo.
Comenzando, cada vez, algo viejo, de nuevo.
Y no te castigarás por ello.
Sólo cabeza asomando desde….
Sólo, de ella, un trozo al menos. Suficiente. Bastante.
Y, de aleta caudal, un pedazo (el cuerpo retrato de, al respecto de los momentos esos, desvaneciéndose).
Ya no hay trucha bajo ese puente de piedra y arco.
Ni agua, a otra altura de la corriente misma, moviendo rueda de molino (ni en él ventanuco desde el que comprar la harina, de tu recuerdo molido).
Pero hubo y, por añadidura, en otro río (en otra época) me llevó él a presenciar con red su pesca, y en otro más, me contó cómo a mano, a su barriga acercándote, se captura.
La mía desde distancia seca la vi, la comí, y la suya, (de él), me la regaló a mí.
Y quieres tú, (seas quien seas, yo misma incluso), venirme a quitar, por lo que ya no hay, lo que hubo…
No me rio.
Habrá, (mía, de él), trucha.
Puente colgante
Tendrás que cruzar un puente y será colgante sobre acantilado cuyo fin no alcanzarías a ver si lo quisieras. Del que no llegarías, al fondo, aunque en él cayeras.
Salvo que te decidas a dejar de caminar erguida tú, (alces el suelo mismo que pisas), no descubrirás que, sobre tu cabeza, (de ti partiendo), solamente estaba … quien eras.
.Puente colgante.
¿Y esto qué es?, ¿quiénes?; que una cara, y otra, y una edad, (y otra), y otra especie, (y una), y esta voz, y aquel…
¿Qué es?; ¿Quiénes?, que mirando con esa expectación ¿hacia qué?, qué dicen, qué camino, hacia dónde, ilumina su atención, su espalda…
¿Están, acaso, a la espera de quien les descubra las sombras que les definen, que los muestren?
Cómo es que ignoran que a quien miran necesitará qué rayo que le transforme antes de caer y caminar ese puente colgante, que lleva, ¿a dónde?
P.S: reposa, en, del puente colgante, un extremo, Pugante, y tiene rostro.
Retrato de una familia (ala) luna
Hay un relato en Japón sobre el hilo rojo invisible que une a quienes están destinados a encontrarse.
. Retrato de familia (ala) luna.
De ese tronco procedieron.
A un extremo de una rama la unión, a través de un hilo rojo, (y por leyenda). Hebra conformada, sin embargo, como atril robusto que mantenga, en su postura, a quienes les esperan. Aves más de día la una, de noche, (la otra), juntas solamente si sol y luna a un tiempo apareciesen, si una, (otra), al día, (a la noche), renuncia. Contemplando, supervisando, observando al sol y a la luna unidas por hilo rojo de fábula.
De esa rama proceden.
Caminando, cada uno el suyo, un camino juntos a espaldas de la basura, la oscuridad, el peligro y la amenaza que reptando silenciosas y venenosas intentarán, persistentemente, destruir el árbol. Existencia que devora, de un solo bocado, todo ese montón de obstáculos, retos, lecciones e imposibles previniendo que existieran.
De ese árbol procederán.
Uno el sol, a quien todo el que el camine a la luz del día, ve. La luna la otra, a quien habrá que estar despierto, cuando la mayoría dormiría, para presenciar cómo ilumina. Sol con ojo de luna, luna con cabeza de sol.
Que de visita venga o que albergue, hoy, la esquina de ese cuerpo de madera, esa ave solamente, con sólo un ala, un pico o una pata muy sola, es asunto de otro nido, el tallo suyo, (de ellos), no cambió.
Perro con bisagras
El perchero con cuerpo de perro es una entrada secreta.
De su cuello cuelga la llave, (última medalla identificativa de mi perro), que abrirá esa puerta.
Al abrirla no te parecerá nada más que otro armario empotrado cualquiera.
Si en él te adentras, llegarás, de la cara de perro, al cuarto trasero.
Verás lo que vio él.
Olerás lo que de su hocico, alguna vez, cerca.
Saborearás lo que su lengua escapando de sus, (pocos y podridos), dientes, hubiera.
¿Qué oirás tras el ruido de la puerta del perchero cerrándose?
Nada tocarás.
De ti quedará solamente la huella de la almohadilla de un perro suspendida en el aire cual araña que bajó al lugar, ¿equivocado?, colgando del hilo de su seda.
.Perro con bisagras.
Tiene, el perro, cara; le sale del cuerpo.
Unyo
De los pocos casos, en los que , en dos dimensiones, permanece firma Seg y no Sinequi.
.Unyo.
Unyo no es uno sino, al menos, tres:
¿Cuántas facetas tenemos, unas al lado de otras, sin por ello ser otras caras, (y sin haber contado las de al frente y a la espalda y…)?
Unyo tiene muy poco que contar, de sí mismo, (¿cuánta soberbia, qué tipo de yo, se necesitaría para semejante cosa hacer!), no habla.
Y después, (antes), está…
La bola negra de billar es la última que un jugador debe embocar para ganar la partida, de hacerlo antes de haber terminado con todas las bolas de su grupo, perderá.
¿Qué ganarías, (perderías), si,
además de entrada,
hubiese, para la bola negra,
(aun habiendo sido por de nombre cambiar), salida?
¿Es, el nombre, la garantía de partida?
Cabeza de carnero
El carnero tiene cabeza,
(solamente eso).
En ella conviven, pensamientos y sentimientos.
Nada más.
Alimañas la devoran, (lo consiguen unas, lo intentan otras),
pero el carnero, (cuyo cuerpo fue consumido ya) ,
tiene cabeza, una, (sola).
Todo lo que le queda:
eso, (esa).
.Cabeza de carnero.
Quizás haya llegado el momento.
No lo supe,
lo sé no.
Surge a posteriori, haciendo lo que, nada que ver con lo anterior.
Vas, al mismo lugar, (intento), de nuevo.
Y permites suceder lo que no pretendías.
Aparecer lo no buscado.
Y, quizás así, se te aparece el momento, la oportunidad.
Abandonar el plan,
el empeño,
el proyecto,
el esfuerzo.
Quizás, de todo después, nos vaya a unir nada que palabra lleve.
¿Qué sucedería entonces?
No lo supe.
No lo sé.
Nada.
Definitivo nada.
Nada que remediar se hubiera podido.
Quizás, de nada después, vayamos a tener en común nada.
¿Qué pasaría entonces?
¿Qué tendría, (de todo aparte), que sucedido haber?
Aceptar que el acierto haya sido, en realidad, estar tan tremendamente equivocada.
Y aprender a entendernos sin esas palabras.
Cerería
¿Y si cambiases algo de lugar, (de estado, horario, de…), por insignificante y natural que pareciese, qué cambiaría, qué puerta abrirías?
.Cerería a puerta cerrada.
De pequeña, (cuando oscuro),
la niña veía las figuras nacidas de la luz de los cirios.
La madre, (en las sombras escondida), la aleccionaba, (todo el día),
para confundirlas con la luz;
pero la noche era suya, (de la niña), y entonces, en su cabeza, se encendía un cirio.
La silueta de la vela le contaba historias, (como la que sigue a veces, otras, otras), que no oía:
“Hasta cuándo
hasta cuánto
encendida.
Hasta cuando
me consuma
hasta cuando
decidas que has de apagarme tú.
¿Y si cerrases los ojos?
Enterrada, apagada, oscura, encendida.
No me toques
no soy tuya,
no soy suya
no soy.
Sólo sombra si con luz a oscuras”.
Esto sucedía estando, (la niña), rendida.
Hasta que un día, (y una noche, y otra, y otro), escuchó.
.Cerería a puerta abierta,
La cerería está abierta siempre que tenga existencias, independientemente de si su puerta está cerrada o abierta.
Usa, como timbre, una soga manual de la que habrá que tirar para que un cascabel suene.
Sirve, mayormente, para emergencias en caso de que requieras comprar fuera de horarios habituales, pues los dueños, viven en la tienda misma.
El matacandelas del comercio, sin embargo, es autosuficiente e inteligente y, él solito, va caminando, sobre sus dos piececitos, y decidiendo si, alguna vela, ha de dejar encendida o apagar.
Sea adentro, o afuera, (en cuyo caso, le protegerá una vidriera algo obsoletamente modernista).
Solamente hay, en el negocio ese, una llama perpetua que no podrás extinguir:
una cerilla chiquita, que, en el escaparate, si te fijas, verás en pie, (según le apetezca, igual, suspendida), que, en el interior, ¿qué tamaño muestra?.
Siempre hay una.
Siempre (nunca).
La cerería la lleva una mujer que aparenta más edad de la que tiene .
De su media melena las ondas, parece que fueran escalones.
Tiene un gesto muy característico según el cual, ante la pregunta más sencilla de, por ejemplo, “¿qué es lo más baratito?”, muestra los nudillos de su mano derecha, (con dedos estirados, como su cabello, en peldaños), al tiempo que apoya su pulgar, (larguísimo y desuñado), en su barbilla;
es en señal de respeto, como si la venta más modesta tuviera la relevancia, (complejidad, importancia), de la más soberbia.
Si anda, (por algún motivo que ha de estar muy bien justificado), por ahí, porta, también una soga, de forma que, quien la necesita, puede estirarla y hacerle saber, (ver), que, en la tienda, la necesitan.
También se lleva una vela, por si, el camino oscuro se pone, para ver.
La acompaña, (en el interior de la cerería), alguien que de madre no tener, podría haber sido su hijo, (que lo es).
Un muchacho de flequillo color cera algo revenida, con, en la nariz, su anillo parecido a una manilla, y un ojo de una cerradura.
La cerería tiene escaleras por dentro y por fuera pues fue construida aprovechando una pared de piedra, (inclinada y natural), en una cuesta. Justo el lugar al que nadie quiso ir a vivir pero, de visita, y de compras, sí que irían.
Verás, en su fachada, algunos cirios:
en un candil al norte, en un boquete en la piedra al sur, en un candelabro de un solo brazo al este, en un gancho boca abajo el del ojo de la mujer…
…y un grifo, por si un incendio se produjera.
Sin cubo porque, el, (no) hijo, dice que, en caso de haberlo, hinchará con agua globos y los estrellará contra el fuego y porque, la (no) madre, no cree que, con esas cuatro… nada vaya a arder.
La madre, se cansó de llevar calderos de agua cuando, nacido un niño, y pequeño, no la tenía, (como la luz), en la casa.
También hay, (en la cerería esa), una escalera, siempre a mano, de mano.
Para lo que, por si acaso, falta hiciera y para lo que falta hace, (siendo ambos comerciantes bajitos como son), que es para alcanzar, de los altillos, la mercancía.
La cerería, deja, incluso con la puerta de par en par abierta, un ojo y una manilla de cerradura a la vista.
Elecornio y Munante
Elecornio es criatura en donde Elefante y Unicornio están unidos por un corazón invertido y enorme.
Él decide, (el corazón), si camina, (Elecornio), hacia atrás o hacia adelante y así no hay discusión, aunque, en realidad, siempre uno, siendo contrarios como son, va de frente.
Cuando se guían por su razón, caminan de costado y, aunque pudiera parecerlo a quien no esté acostumbrado, no es nada complicado.
.Elecornio.
Munante es una mujer a quien, sentada en el suelo con pierna estirada, (y haciendo malabares con manzana en forma de corazón), se le acerca una cabeza caminante.
La una, (mujer), aunque hay quien piensa que lleva un pendiente alargado, (o un tocado), llora lágrima con forma de cola de elefante y cinturón con, de unicornio, el cuerno.
La otra, (cabeza), camina con pies directamente, (carece de piernas).
Ambas miran no sé si al corazón o a Sinequi.
.Munante. (¿Mejor Mubeza de mujer con cabeza?
P.S:
Primera vez que aparecen dos firmas, Significa lectura de imagen en ambas posiciones. Visto en otros trabajos no es código que va a ser consistente en el tiempo.
Primera vez que me consiento, (no sin resistencia), copiarme, (ojo y pie) y pegar, (como si no hacer que todo trazo sea único, fuese un fraude).
Habitación de la esquina de la izquierda al fondo
Serán momentos, habrá sido etapa, y es retrato para colgar en la pared de a donde nunca regresar aunque, ¿te vas del todo del lugar ese en el que estuviste, o permanece, de ti, en una esquina, al fondo y a la izquierda?
. Habitación de la esquina de la izquierda al fondo.
La única luz en la oscuridad en la que vive, la de gas, (ese que reprocha, culpa, proyecta, humilla, desprecia, oculta, finge y, siempre, saciándose nunca, vence), y escondida, recóndita, tenebrosa, (familiar, familiar, familiar).
Luz que sale a la luz jamás.
¿Habría algo que objetar a que se consienta encendida la única iluminación disponible?
La única
Allí a lo lejos y arriba, tras ese desfiladero escarpado de piedra pizarrosa, creyó, (¿cuántas veces?), divisar otra.
Y fue, (¡cuántas oportunidades no se dio!).
¿Has caminado descalza alguna vez, tras la tormenta furiosa, cuesta de pizarra?
La desearás rota, para disponer de lugar, (tan desgarrador como fuese), al que agarrarte en la caída, (que impida, al comienzo, retorno).
¿Sabes lo que te sucederá una y otra vez y otra y otra y…?
Luz, (abajo), de gas, (arriba), de esperanza rota.
Verdad mentirosa.
En su rincón, (en su lugar), en la esquina de la izquierda al fondo…su oportunidad:
una puerta, al fin, entreabierta.
Brazos extendidos:
acercándole las manos uno, (fingiendo ofrecerlas), a punto de acariciar su cabeza, (sin nunca hacerlo), el otro …anticipándole lo que podría , (el interior de la habitación de la esquina, al fondo), brindar.
El único hogar que conoció abriéndole, de nuevo, la puerta:
¿no son las únicas dos manos disponibles, (que mantendrán a las demás lejos), que se aproximan, asegurándose de tocarte nunca, respeto la una y, la otra, ternura?
Sí, es cierto, un brazo rebelde procedente de un costado de su espalda,
(quizás de su espina dorsal por ello paralizada),
intenta alcanzar la luz de arriba, de a lo lejos.
Tendrá que ir sólo, sin cabeza, sin corazón, sin cuerpo y atravesar todas las luces (de gas):
el bisturí afilado, los reflejos de rostros ajenos (propios), los torbellinos de pensamientos, (de recuerdos), amenazantes, (aniquilantes), el desfiladero empinado de pizarra filosa, (despedazante), y rota…
¿por qué se empeña en intentar semejante aventura ajena, (propia), de nuevo?
Salir de un costado, (sin cabeza, ni corazón, ni cuerpo), para alcanzar luz natural, ¿cierta?
Dejar todo lo demás sentado, con piernas dobladas sujetas por su otro brazo, arrinconado en la esquina de al fondo y a la izquierda.
Sin saber si alguna vez podrá llegar.
Y, después regresar, a rescatar sus restos.
Y hacerlo.
Ameba cerebrófaga
Ameba según el diccionario de la R.A.E.L:
Del lat. cient. amoeba, y este del gr. ἀμοιβή amoibḗ 'cambio'.
f. Zool. Protozoo rizópodo cuyo cuerpo carece de cutícula y emite seudópodos incapaces de anastomosarse entre sí. Se conocen numerosas especies, de las que unas son parásitas de animales, otras viven en las aguas dulces o marinas y algunas en la tierra húmeda. U. t. en pl. como taxón.
Sin.:
amiba, amibo, protozoo
Sí, a veces, comprender el significado de una palabra requerirá que sepas el de otras…. ¿seis?.
Si a las unas evitas, no comprenderás a la otra, (lo que te sucede, ¿qué te pasa?).
. Ameba cerebrófaga.
Un ser inmenso y oscuro une ambos brazos a la altura de sus muñecas y sobre mi.
Sólo eso veo de él:
En cada mano seis dedos, (pulgar ninguno), sujetan mi única oportunidad de salir a la luz, a la esperanza, (al claro). Lo hace como quien sujeta un bocadillo, sin necesidad de decidir si lo devorará, (o qué le hará), sabiéndolo, (¿por qué otro motivo, sino, lo continuaría reteniendo?)
Veo, a través de los vacíos que sus dedos, (llenos de oscuridad), dejan, la oportunidad ajena, la vida mía que no lo será.
Y me alejo. Me acerco a lo que la ameba me hará.
Sí, quizás, trepando de nuevo sería ésta la vez en que no me escurriese, ni resbalase y fuese capaz de asomarme por algún hueco y … ¿contemplar lo que pudiera, no siéndolo, ser? La dejo, consiento que devore un aliento que no es suyo, (ni mío ya).
Déjame.
Sí: sé que hay, por ahí afuera, (arriba), luz.
Promesa perpetua de lo inalcanzable.
Déjale a él que triture con esos dientes, (en cada maxilar tantos como dedos en cada una de sus manos sin pulgares) ese…
Déjanos.
Sí, (no) podríamos haber sido diferentes, (ni lo seremos).
Ya no le verá él, con esos ojos asediados por sus seis pestañas en cada uno de sus párpados (invadiendo, sin pulgares, sus ojos, como si los agarrase para tragárselos).
Déjame.
No quedo sola: estamos dolor, enfermedad, cansancio, abandono, yo, y el monstruo.
Somos seis.
Bajo el mar, bajo el cielo, o bajo tierra. Sin uñas, para qué arañar, (ese sinónimo de suplicar), lo que te consentiste, (no hay diferencia en que fuese porque evitarlo no pudieras), arrebatar.
Y al séptimo día, de la noche séptima, (¿cuánto duró cada una?),
¿descansarás?
Hoja
Y viene, y tras mirar su trazo de a ciegas, decide que, moviendo un ojo de lugar, que si “ilusión óptica abstracta” y que si… así: como si, en donde yo ignoro, ella conociera.
Mientras el cuello, (silbando una hoja), pretende disimular de dónde procede, su mirada hacia quien es, se dirige.
La presencian presencias que ella desconoce.
Llegará (llegarás) , si se, (te), lo permites, Sinequi, (quien te habite), y será, (de la mano que usa en contra), ambidiestra.
.Hoja.
Y caminarás, lo seguirás haciendo, (este día más al menos),
con el paso de la hoja que quiere llevarse un viento,
(con la fortaleza para a otras arrastrar, pero no a ésta),
atada aún, (así sea en el aire), a un trozo de tierra.
Parecerá, la espalda, encorvada de agotamiento.
No podrían apreciarse, (a la distancia ésta), enfermedad, edad…
Dejará su paso una estela indicando de dónde viene a dónde, de momento, no va.
Y vendrá el viento, y, hoy, no te arrastrará.
Caerás, empujada.
Tropiezo propio no, intención ajena.
Te reprocharán, (te reprocharás), que evites volver a ese viento, aunque lo continuarás haciendo.
Hasta que dejes de hacerlo.
Te dolerá.
El contacto con la brisa menos hiriente, por comparación, te herirá.
Hasta que deje de herirte, hasta que el dolor deje de impedirte caminar.
Y lo harás, con la espalda encorvada por el peso de la repetición y el cansancio,
(y por la edad, y por la enfermedad, y por…)
Caminarás,
a partir del momento en que dejaste hacerlo y dejando el rastro,
(de la hoja atada, en el aire, a tierra),
de donde vienes, a donde…
no vas.
Retrato de mujer
Me dicen que no la ven.
Den un segundo vistazo que obvie, un óvulo fertilizándose, o una escafandra con su tubo al exterior, o …
y vayan a la nariz respingona más abajo
(aparte de, lo que vean, véanla).
.Retrato de mujer.
Ojos cerrados, (o abiertos).
Mirando directamente al pensamiento.
Para no ver.
Ojos cerrados, (o abiertos).
Mujer.
Escafandra con la que adentrarte en el espacio fértil, (estéril) del futuro del que, la mujer, será pasado, (esa otra manera de denominar al origen, de invocarlo).
La madre muerta
Prueba, (con tanto titubeo como lo que nunca has hecho requiera), a lanzar, alguna vez, palabras tuyas al viento.
Aunque hayas de arrancarte la garganta, y abandonarla a su suerte de aire, para hacerlo.
Cada obstáculo que crucen te las devolverá como un reflejo.
Las oirás.
Hasta que se desvanezcan sus ondas y dejen de golpear.
Hasta que se apague el eco.
Prueba,
(eso sí, intenta elegir, arriesgando no acertar, el viento),
o el silencio te devorará.
. La madre muerta.
Sólo luz en la tierra que ¡por fin en paz! la alberga.
Y llega.
Con idéntica presión en el pecho que siempre le impidió acceder, (desde ella), a ella.
Esa presión, (opresión), en el pecho.
Esa.
La mirará a través de un cristal (de esa cuchilla transparente que refleja trozos tuyos, suyos).
Juzgada por el silencio de las palabras dichas solamente a la espalda.
La madre pájara, en vida, siempre con la pata oprimiendo el pecho de la rama misma,
el suelo, (tumba de sus polluelos), que la enaltece, que la eleva, en el que habita, (que deshabita por completo).
Tanto mayor la opresión del pecho a quien más, (no ofreciendo resistencia alguna), resista.
Beneficiando, de su prole, a nadie, perjudicando más a quien menos se le oponga, más anteponga sus necesidades , insaciables, a las propias.
Siempre mostrando estar bajo una roca pesada, (peligrosa), en equilibrio inestable, siempre a punto de abandonarse a su peso y causar… ¿qué destrozo añadido?
Siempre pendiendo, (bajo su aire), ese cristal impoluto, perfectamente transparente del que no podrías ver los bordes cortantes ni a tu mismo lado, del que no sabrás todavía qué sajó, hasta donde está hendido, que,
sI sucio,
debiera mostrar siempre limpio el pecho oprimido.
De no haberlo podido hacer antes, no te culpes, o cúlpate si eso requieres, pero enmárcala, (delimítala).
Se irá por sorpresa y, sin embargo, habiéndose minuciosamente encargado de dejar tras de sí la paz que la acompañó en vida: ninguna.
Confrontación únicamente, dobles verdades, (triples…) y múltiples mentiras.
Retorcidas, como las ramas del árbol en que habitó.
Irás.
Sin ojos a la espalda no verás, todavía, a qué te enfrentarás,
con quién tienes en común la paz que la pájara deje al irse: ninguna, la nada.
Detrás el vínculo, el abismo oscuro e inmenso en el que, confía, descansa el padre en paz,
(la luz de quien fue pájaro jamás, y es todavía compañía y guía).
Y, aún más atrás, el cuerpo de uno, tacón de la bota de otra en, (a), quién así, (no es pisoteo sino simbiosis), se apoya.
Irás, atravesando continentes, (o sin nada atravesar), con sayo que cubra tu dolor, tus responsabilidades guarde, (y tu cansancio y tus problemas),
y que usarás, ante el frío, de manta, ante el calor de tenderete y, ante el descanso, de almohada.
Descubrirás, (con tiempo y dolor suficientes), el tipo de garras que, bajo la pata de la pájara, se ocultaban.
.La madre muerta viva.
P.S: tienen, las aves, garras, (no esperes de humano mano). De acuerdo con sus almas te agarran.
Croqueto
Parte de la etiqueta “desechados” (a la que perteneció esta entrada) lo son prácticas de idioma, cuyo texto utilizas; pero la imagen no funciona.
Dejo este ejemplo.
Podrás hablar de deportes, juegos, literatura, (aparece en “Alicia en el país de las maravillas”, en “Mujercitas” en “el rayo verde”), geografía por cómo surge en Francia, si lo hay en España (Gijón), la fama en Reino Unido…
pero la imagen, el rostro ese retrato de…, no …
La explicación de cuál es el contorno de la cabeza de perfil, hizo reír a mi hijo.
De así no ser, estaría eliminado.
Ya saben: guarda, a la primera, el sentimiento lo que, la razón, ni a la última.
.Croqueto.
Es Croqueto, de convicciones, hombre. Certeza posee de que su cabeza es un campo de croquet.
Deja a la entrada de su cuello, (en caseta aún por construir), los mazos, (también llamados martillos), y la estaca, (o pica), pues,
por un lado,
podría ser peligroso, (considera), mal, utilizarlos, y,
por otro, a él, para jugar, le sobra y le basta, su vasta cabezota.
Tan obsesionado está que hasta cuando un refresco toma, ve, en las lengüetas de las latas, los aros, (arcos), del equipo para ese deporte que es también juego.
Le da igual que su piel no sea de césped, ni su visera, (o el cuello de su camisa), de hierba.
Él es Croqueto, y ¡vaya lo que en la cabeza tiene!
Es, Croqueto, nombre de un campo de croquet muy exclusivo y al que sólo podrás entrar por invitación del hombre de mismo nombre, si te gustan las croquetas, y si eres muy muy coqueto.
Dejarás, a la entrada,
(en donde debiera de haber una caseta aún no construida),
los mazos también llamados martillos, porque,
lo de tocar bolas, lo harás a cabezazos, a manazos, a… ¿pelotazos?, o,
de otras reglas a falta, y sin que falta sea, ¡lo que falta haga!
Te obsesionará tanto que, hasta cuando un refresco te estés tomando, pensarás que la lengüeta de la lata será, del croquet, aro, (arco).
Eso sí, nunca podrás decir nada al respecto, pues este club deportivo, Croqueto, es secreto.
Losa
Aunque tuvo nombre de mariposa, se reveló como bestia pues también eso puede ser una losa.
Podrás ir,
volver
y a su, (tu), pesar, lo harás.
No regresar tras haber tantas veces vuelto.
Sin buscar,
regreso a tu encuentro siempre.
Serán las mismas,
la misma.
¿Notas, su peso, todavía?
¿Su tacto?
¿su suavidad, capciosa, alevosa, nociva?
Tu espalda,
y su peso.
Tus piernas,
y su peso.
Tu vida,
y su pesar (a su pesar).
Tu sofoco,
su respiración.
Acompañada siempre,
siempre, a su lado, sola.
Sin lanzarla, (mostrarla, prestarla…).
La que te aplasta,
la losa.
Siempre, vayas a donde vayas, (por muy lejos que fuera, a tu vera).
La que te arrastra al fondo del océano del pensamiento,
la que te corta el vuelo,
la que te machaca.
La losa.
Y el amor,
o no lanzar a nadie, nunca, lo que a ti te lastra.
Retrato de familia (al sol).
La familia al sol cuando del pasado historia que no se replica, ni se revive, (eso, ni a la sombra).
. Retrato de familia al sol.
La traición permanente, esa forma elevada de destrucción, de devastación, que, (acéptalo, llegó el momento, abandonará su hábito nunca), es un disfraz de mariposa negra: exterior de belleza, elegancia, armonía, delicadeza…interior de inquina de mirada y azul tanto más imbatible cuando seis el número de los ojos de sus alas.
Abandonar, sus guerras., (tras como irresolubles en contra de tu corazón, de tu naturaleza, reconocerlas), en paz.
No te acerques a la mariposa negra con tres pares de ojos de diferentes azules.
No sin defensas, no sin ardides, no con…no nazcas criada bajo sus alas no la quieras, no la cuides, no la respetes a tus expensas, no la consientas,
no… la…
No, ni a la más pequeña o alejada, (como fuera), distancia.
No te confundas de nuevo, no insistas, (no te destruyas más),
Es antifaz con colmillos y aguijones venenosos por correas, por tiras que tiran y tiran y tiran sin descanso, sin piedad, sin…
Créelo, sin castigarte por el número de evidencias que has necesitado para concebirlo,
(por no haberte permitido admitirlo, por no haberte podido creer, lo presenciado):
sólo tenías, enfrente, ese pasamontañas (no de protección ante inclemencias, de ocultación de …) con hueco para esos ojos azules (tres y tres).
Erial de dolores, enfermedad, heridas abiertas y cicatrices.
Alimento de otros vuelos por ellos, a su vez, alimentada.
Y a un lado, el lugar a donde debieras, (¿podrás? ¿querrás?), ir:
el, (con tantos matices, accidentes y tormentas como en el cielo suceden), azul despejado, claro, nítido.
Eres de donde, (¿dónde?), vienes, de a donde, (¿dónde?), vas…
Y del erial,
del pedazo despejado que a la devastación sobreviva y apartado esté de lo de remedio imposible,
lo imposible, (el remedio), surge.
Que solamente de sí mismos sean y cada uno, a su lugar, se dirija,
con trazos de tiza que no se lleve el primer viento,
(ni la segunda ventisca, ni el tercer vendaval),
aunque a ellos expuestos.
Y a la luz del día.
Res despiezada
¿También lo que consientes te define, lo que permites eres, lo que no puedes impedir que te inflijan te cometes?
¿Eres, acaso, bestia tú?
Esta es una de las piezas de las que, en más de un año, sabré que, girándola, más personajes, (mensajes) esconde.
En los otros tres giros las bestias caminan, se mueven así les falte pedazo, o use, como apoyo el hachazo.
Sólo en la primera, de aquí debajo, la tortura inmoviliza.
Saben, tus garabatos, de asuntos que ignoras tú.
Como en su momento la vi la mantengo.
.Res despiezada.
Lo sentí,
(en la piel, en los músculos, en los huesos…)
el dolor del que nace tu crueldad despiadada, insaciable.
Con precisión quirúrgica, (invisible a ojos que no vean o que, lo que vean, no puedan creer), del bisturí ,(para sanar no, para herir).
El efecto de tus palabras de hacha.
Lo siento.
Ha de ser devastador, (imposible), vivir constantemente necesitando la mejor manera de destruir, sin conseguir, (por mayor que el logro sea), ver, (esa necesidad), nunca satisfecha.
Que no broten, (que, en mí, los conserve), los gritos, las lágrimas, la sangre que, de tus hachazos, la saña necesitaría conseguir.
Lo sentiré.
Pero hasta aquí llegué. De despiezarme, (y habré de hacerlo), seré yo quien el hacha use.
Para herir no, para sanar sí.
Habrías sido una asesina brillante, una carnicera espectacular, un… y, sin embargo, fuiste mi…
Playa
Encuentra:
1- Una avioneta ‘viejeta’, (obsoleta), que parece estar en caída libre pero aún podría hacer piruetas.
2- Un globo puesto en un sitio que parece que son tres porque no está solo pero sólo uno es.
3- Una silla plegable, de tela y madera, y de playa. Parece algo desvencijada, pero está perfectamente.
4- Una especie de cangrejo que, aunque no se nota, está hecho un lío porque no sabe si está en el mar o en el río.
5- Un pareo que se vio envuelto en un jaleo y acabó enganchado a un tronco de un árbol.
6- Un balón de playa (o, igual una pelota, pero grandota).
7- Una estrella de cielo anochecido y otra de mar y, ya, si quieres más, (de militar, de Sherif, de categoría de un hotel, de forma de cabeza de destornillador, de ídolo, de…) eso, ya, ¡para la próxima!
8- Un delfín algo saltarín.
9- Un globo aerostático que no se llama así, (mira en el diccionario como siempre que aparezca una palabra cuyo significado ignores y verás), por ser simpático.
10- Algo que, igual parece otra cosa, pero es estera de paja de la playa del Gurugú en Castellón para ponerla sobre la arena y bajo la toalla.
11- Una palmera que no es comestible, ni es peregrina en Tierra Santa, ni está en un tablao flamenco, ni ata hojas de palma para que no se pongan verdes, ni es natural de La Palma en el archipiélago canario.
12- Una cometa con dos pares de colores diferentes sin contar los lazos de su cola. No sé si anda perdida, o se está dando una vuelta, pero está sola y suelta.
13- Un cometa. No me cometa un error y lo meta en donde no le corresponda, no es la otra, ni un nueve de oros en un juego de naipes, sino… ¡excéntrico, y astro!
14- Un remo, así, sin más comentario.
15- Un polo de limón que, por cómo va goteando, en muy poco tiempo se habrá derretido.
16- Un flotador bicolor. De estos de ahora con tantas formas, tamaños y colores diferentes no. El sencillito: hinchable, de plástico, forma de aro y para que floten algo en el agua quienes aún no nadan nada de nada.
17- Un par de cocos, de los que no dan miedo, de los que son frutos del cocotero o… ¿serán frutas? !veremos!
18- Una barquita que no sabemos si está ahí a la deriva o anclada.
19- Un dispensador de bebidas que también las mantiene algo fresquitas. Lo usaba, ya en los años ochenta diría yo, “Viva Lola” (en el Santiago de la Ribera, de Murcia).!No es trola!.
20- Dos chanclas, (una para cada pie, no ambas para el mismo).Las usan mucho, y mucha gente pero éstas, (ahora ya no sé qué usa), la usó, en un agosto, al que le faltaba la última “o”, una mujer blanca..
21- Una caracola marina de las que ‘ven’ la vida de manera algo retorcida.
22- Unas gafas, que no son de sol ni de aumento, aunque sí protejan y ayuden a ver mejor en su contexto. Sí, de natación.
23- Un sombrero que, algunos, dicen es de piel, otros de cuero, a mí me parece de papel, pero, la verdad, ¡vete tú a saber de qué está hecho!
24- Una caña de pescar: con su mango, su carrete, sus argollas sujetando el sedal y el anzuelo ya esperando bajo el agua a ver qué pica…
25- Una medusa, tan transparente que sólo le notarás la silueta y, según le de la luz, ¡ni eso!
26- Algo para beber que no sé si es zumo, batido, néctar, jugo, refresco… pero… si es de hortaliza, es de zanahoria seguro y, de fruta, con ese color…
27- Un cigarro encendido y mayormente de adorno pues nadie está, en realidad, tragándose su humo.
28- Un calamar algo fuera de lugar y camuflado para que no le molesten y le dejen de lado.
29- Una tabla de surf con punta hacia arriba, cola hacia abajo, casco completamente blanco y tres aletas (o quillas), a la vista.
30- Una pajita que no es una paja chiquitita sino una de las de beber. Es bicolor, aunque sus colores sean como se llama a los del cine en sus comienzos que… ¿cómo se llamaba?
31- Un cubo para jugar con la arena en los años aquellos del dispensador de bebidas en un pueblo de Murcia.
32- Una gaviota ¡que lleva algo en su ‘bocota’!. Bueno, vale, que no tiene boca, en el pico…
33- Un rastrillo, y una pala de arena medio enterrados, o medio escondidos o partidos por la mitad.
34- Una ración de una fruta que, de haber sido triángulo, Isósceles se habría llamado.
35- Una sombrilla multicolor, que no es ninguna maravilla, pero sombra sí que da y, entonces, ¡qué mas da!.
36- Un cartel blanco, rojo y azul marino que significa “hielo” en japonés y añadiendo un par de trazos a su izquierda sería chino.
37- Un espiráculo. Para esto igual hace falta una pista, pues…a ver…: tú y yo respiramos por la boca y por la…. Sí. Muchos artrópodos terrestres y algunos vertebrados acuáticos, en vez de nariz, tienen “espiráculo”, el de la ballena, sin ir más lejos, ¿lo encuentras? ¡Ay que se me olvidó decirlo antes!, ¡tenías que haber encontrado una ballena primero!
38- Este un poco más de imaginar… ¿ves algo, que te recuerde, así como a un rostro oculto tras un pañuelo con expresión de querer hacer algo que no es bueno? Sí, así como con sonrisa y expresión de canalla.
Sin rostro, hombre.
El hombre sin rostro tiene una pierna mucho más larga que la otra, (como el doble como mínimo), y lleva, con forma de pata de elefante, el pantalón. Camina tomando impulso con la grande para, al bajarla, arrastrar hacia adelante el resto de su cuerpo por muy poquito que sea.
Así de despacio, con de su peso la parte más pesada como arranque, lleva el paso.
Vigila su espalda una criatura verde con sus ojos atentos y fuera, (por encima), de su cabeza, (del bicho).
Desde arriba, (del hombre vestido de amarillo), le observa con curiosidad y atención, en cabeza puntiaguda, un semblante.
El hombre sin cara ¿qué lleva atrapado, (¿protegido?), dentro de una jaula que le cuelga del extremo más frontal de su faz?
Observado, continúa.
No es, su color, (ni el sabor suyo), ácido, ni limón.
Buscan su rostro, del que carece, y se pierden su corazón.
. El hombre amarillo.
PS: se vio ella, en la cabeza sobre el hombre, así misma increpándole que se afeitase el bigote.
¿Qué verías, si te lo mostrase, tú?
Retrato de mujer de cuello largo
La posesión más preciada de la mujer de cuello largo es un camafeo de un ojo entre ámbar y dorado.
Réplica del humano y perfecto con, por cadena, una tira en forma de labios de persona finos y prietos,
(más enjutos que apretados),
pensando más que conteniendo un pensamiento, (un sentimiento).
Pero no lo lleva puesto, (ni quitado).
Su nariz, tan alargada, podría ser, en sí misma, un cuerpo entero, un alma misteriosa e intrigante con su mirada, (bajo la boca), en el cuello.
Pero es mujer de cuello largo, (y retrato).
Si cuerpo tuviera, caminaría despacio, levantando manos y pies a un tiempo.
Acompasados como si, en realidad, sólo uno fueran y, entonces, se detendría un instante imperceptible,
(por esa cadencia enmascarado),
para mirarte de soslayo.
Notarías, tú, (de hacerlo), fugazmente su perfil, más ella te vería, por entero, a ti.
Perfecta, imperfecta, e incorpórea.
No querrás, todavía, escuchar lo que ella ve si decidiera contártelo.
Pero, antes de poder, querer … (ver, entre ámbar y dorado del cuello, el largo).
. Retrato de mujer de cuello largo.
Alargó, esta mujer, la distancia con el boicot (esa voz crítica por el innecesario desperdicio de tinta, de papel, de tiempo…), y así, (aquí), Sinequi comenzó a imprimir sus garabatos.
Es dejar, (impreso, escrito, dicho …), dotar de una dignidad que el sabotaje continuará atacando.