Cara de posesión cerámica 5
También surge en 3d pertenencia a la definición con etiqueta “caras”. Guardo con interrogante sobre posibilidad de logo futuro. Atañe a “cerámicas 5” dentro de la entrada “posesión cerámica”.
Retrato de un gato para mi hija
Entras a en donde mi mesa de trabajo, (de reposo), y, ante, mi “qué te parece”, tu silencio atento y tu “pero… ¿qué significa?”.
Titubeas como quien intenta ganar tiempo. Lo repites con asombro discreto, como quien acaba de descubrir otra opción, (una alternativa), …. “igual, si entendiese qué está haciendo…”.
Y te pregunto que qué querrías que te dibujase y ya, acorralada, (liberada), me dices: “un gato”.
El gato negro, (sentado al tiempo que erguido), observa atento con su, (de igual color al cuerpo), rabo largo y sinuoso, a veces reposado en el suelo, a ratos en el aire apoyado, (suspendido).Presencia a la hija de la golondrina y el cuervo, llevarse volando, de alguien, la cruz.
A su izquierda, (la del gato negro con su rabo), quien hubiera podido ser un tipo recostado, todo apelotonado, (sin que puedas distinguirle pies, ni ropa, ni miembros ni… del tronco que es), con nariz triangular y puntiaguda como su frente alargada y bebiendo con su boquita pequeñita (que, poniendo atención, podrás percibir sin lupa), lo que le ha caído del cielo, lo que, del aire, arranca el viento. Haciendo, al tiempo, malabares para poder conservar, sobre su cabeza, una aceituna gigante sin que le aplaste.
A su izquierda, (la del felino con rabo y cuerpo de igual color), quien quizás sea algo más, mas es árbol , de marrón de tronco y más verde aceituna no macerada que hoja perenne y de otoño.
A su derecha, (de la cola y su minino), un rayo hecho de tendón orgánico, (hueso del esqueleto de la tormenta), atraviesa a una nube que, del dolor, (y la sorpresa), llora pero que, tan coqueta, (!y tan digna!), como es, se adorna, con las lágrimas, las orejas.
Tras dejar atrás el músculo del relámpago, (la piel del trueno), su toma de tierra, (su freno), un nombre.
Y luego el sol y sus rayos cubriendo sus falanges.
Hay que mirarle, (al minino), de frente, para descubrir de sus ojos el color, de sus bigotes si sobre el labio o ambos lados de la cabeza, de su mirada, tu reflejo. Si te lo permite. A no ser que sea él quien gire a verte, sin consentirte mirarle.
Colgando de una protuberancia de la cabeza del ave, una falda plisada y negra , (favorita de una niña), de colegiala que puede por si misma caminar a su aire, (sin pies, pero con piernas semejantes a unos dedos índice y corazón con mallas).
A su derecha, (del felino), quien hubiera podido ser un caballo (sentado, y erguido aunque algo encorvado), eso sí, con tupé cortito y encrespado y hocico más bien de gorrino. Sus dos patas inferiores, una, terminada en gancho, (para poder colgarse de cualquier lugar, anclarse en cualquier sitio), la otra, de estar sin calzado, (sin el zapato favorito de una niña) como no está, ¿en punta, para apuntar al futuro, (al pasado)?. Y comiendo, no por el morro como parece por estar ahora mismo de perfil , sino por la boquita chiquita, (tanto que, como no te acerques a mirar con lupa, ni la ves) sita y medio en vertical, a mitad en horizontal, a su derecha y a su lado. Masticando despacito, con paciencia, forraje seco que no es lo único que mastica sino lo, para él en concreto, más necesario en este momento.
Del gato atento, (alerta), se aleja, por la espalda, el hijo de la golondrina y el cuervo llevando cruz, (carga), por ajena, (de a qué miembro de tu vida pertenece), propia.
Equipajes que son cruces en cada espalda, no desaparecen, se van, por el aire a otro lugar.
Rompecorazones
.Rompecorazones.
Quien así te rompe el corazón tiene mango de goma dura y negra a la que puño cerrado y prieto se ase.
Parecerá, compacto, fuerte, limpio, nítido, pulido, bruñido, brillante, y en parte, (una parte y la otra que muestra), lo será.
Cuando su resplandor te halla deslumbrado hasta cegarte, se girará.
No verás, en principio, su hoja afilada cual cuchilla de afeitar, sus bordes distintos, cada cual, capaz de causar un destrozo propio, diferente: machacar aquí, despiezar allá, desgarrar en, punzar….
No anticiparás su embestida potente y posible en cualquier momento, con cualquier, (sin razón), razón, con ninguna, (toda), excusa. Notarás los tajos, las cicatrices, la fractura, la brecha, la quiebra, ¿definitiva?, solamente cuando tranquila, y … , de nuevo confiada, (equivocada), te gires.
Sólo el corazón roto sabe, (con tiempo), a posteriori, de dónde, (de qué), debiera de haber, (a tiempo), huido.
Tendrías que haber dado tantos giros antes para ver, en la cara oculta del brillo, la calavera, el niño asustado, el animal con su hocico, el toro, la boca abierta nunca capaz de herir lo suficiente.
Fantasmas, recuerdos, vivencias, imaginaciones, furias.
Golpes, cortes, puñaladas…
Solamente mandíbula desencajada incapaz de cerrarse jamás, condenada a vomitar (sin descanso), basura color de goma negra y dura.
Con filo que, de cerrarse, se cortaría, (se corta), así mismo.
Vete, toma tanta distancia como puedas y ,de poder, (mantenla).
Llama a la cordura y, con paciencia y dedicación , escúchala.
Y si un día, otra pátina, presencias… eso será otro día.
Quien te rompió el corazón tuvo puño implacable en mango de goma negra y , (¿recuerdas lo suave que mostraba su tacto?), dura.
Labicha, Elbicho, Tragón, y Cobra.
Si bien lo del girar la página lo asociaré como posterior y con los de 2 dimensiones, ahora ( que he de volver atrás para encontrar manera de organizar archivos que no nacieron para el propósito de este blog), diría que, su versión en 3 d comienza aquí.
No lo estoy girando yo todavía y es rotación solamente en plano horizontal. Guardo en vídeo y, al verlo, surgen figuras, (como Cobra), que no anticipé. También es primera vez que añado opción recortable.
Se te dispara la cabeza una primera vez con “gallo Andrés” y no sabrás hasta dónde llegará el tiro. que, tienes la sensación fue en el pie.
Iba a ser una “serpiente sedienta” y fue lo que fue.
La serpiente sedienta buscará el agua y su lengua viperina la encontrará. Quizás es simplemente previsora, (o no y glotona), y, por si acaso en adelante no encuentra, ahora beberá.
Convive, (en el otro extremo de sí misma y con ella), con un gusano feliz que no necesita ojo para ver o que para comer también lo usa (no te sé, igual está oculto bajo eso que, entonces, serian pestañas bien puntiagudas). A él, sin embargo, que siempre anda a su aire, el agua misma caminará en su busca.
Mirando al revés sólo sería una boca enorme y abierta dispuesta a tragarse la fuente completa, a engullirla sin dejar rastro, (ni resto) para nadie. No es bestia que expulsa fuego: arrasa tragando todo lo que a su paso, o a su voluntad, (pues, de no querer, no se mueve), encuentre.
Se llaman, respectivamente: Labicha, Elbicho y Tragón.
Tú no eres ellos. A ellos enfrentarás y al peligro de la paciencia y la perseverancia juntas subiendo piedra resbaladiza para encontrar el agua. Si se separa en regueros ante ti para evitarte, continúa el ascenso. No seas agua, búscala.
Cuando camine el agua en sus dos piernas, le pesarán y parecerá imposible que muslos tan delgados porten losas de semejante tamaño. Cada hueco, de cada piedra portada por cada uno de los dos miembros, coincidirá perfecto con el sólido de su opuesto. Encajando y procurando con movimiento en donde habrá de caminar primero la pantorrilla, muslo después y, luego ya, como impulsado, el cuerpo.
La serpiente, por la tierra, reptará, El bicho, grácil, se dejará llevar por ese esfuerzo como si le llevase el viento aunque le lleve el cuerpo y el que no expulsa fuego, volará.
No seas (eres) agua, ni aire, ni tierra, ni fuego. No todavía. No seas (eres) ingerida, consumida, pisoteada, reducida a cenizas. Aún no. Asciende, cual peldaños, por esos cantos rodador y dorados a la fuente de la vida. Te llevarán a ese lugar (de ti), en el que nunca, (al que jamás debieras haber renunciado) has estado. Continúa, aunque oscurezca, esos escalones luminiscentes más de luz de pez abisal que de luciérnaga. Ojos pintados que lo son , no con pintura adornados, de ella creados. Creerás que has de bucear un abismo oscuro, en realidad, esa será la luz que ilumine tu camino.
Si todo se desbaratase y pudieses permitirte recomponerlo de nuevo, seguirían, tus piezas , en el mismo orden, y siendo las mismas.
Asciende a la fuente de la vida y, en su cima, verás a la cobra esa de cuerpo grande, cuello ancho, y cabeza diminuta. Se cobra lo que le pertenece de tu vida.
Hoz de hoja de cobre con mango metálico
Lo vio en vídeo con giro completo y me dice:
-”te vas a reir pero yo veo ahí un feto como bien protegido en el útero y todo”.
No era comentario con intención conceptual ni simbólica y, sin embargo, qué afortunada habrá sido Sinequi si cuidada y protegida cuando embrión, si capaz de cuidarse (de protegerse), cuando nacida.
La hoz de cobre con mango metálico brilla y pierde, más que virutas, puntas de flecha; con las que se afila.
Corta, (si no hay más remedio), cabezas de las bestias que no saben hacer más que daño. En seco, sin emponzoñar el escenario ni en lo más mínimo.
También siega y, en caso de necesidad, dispone, (parece que fuera un rabo), de un garfio de reemplazo, (también metálico), aunque sin cobre, y bruñido.
El mango de cobre de la hoz está pulido. Lo empuña un embrión mínimamente desarrollado para poder hacerlo y que está protegido en cubierta en donde, cual pieza de puzle, encaja. Ahí podrá ir formándose ,(no deformándose).
No será, la hoja curva, perfecta pero incluso pedazos suyos que podrían echarse a perder se pintan y, para otros, fines, (hasta calzados para tareas especiales), se usan.
La hoz de cobre con mango metálico, brilla haciendo brillar los recuerdos que la crían.
Abrelatas
Es práctica de pincel de garabato 3d con contorno afilado. No le tengo mayor afinidad. Lo habría tirado pero veo, más adelante aquí, (que es más atrás en el tiempo), el motivo para conservarlo.
Abrirás la lata, cualquiera.
Sea con él que las abre (latas) todas, o bien hablando amablemente a las que prefieren abrirse solas, quizás, subiéndote al lugar más alto que encuentres y lanzándolas para que, el golpe, las…
Qué encontrarás dentro, (fuera) de ellas. Qué habrá sobrevivido al saber, (poder), hacer; a la palabra; al precipicio.
Tu vida envenenada ahí, último miembro de familia política agonizando aquí y tú, (todo lo que queda por hacer), abriendo latas.
Gallo Andrés
Un día mandas algo a una amiga y responde: “pero… ¿y esto?, no sabía que eras artista”.
Cómo podría saber lo que ni tú sabes todavía.
Mira que podría haber dicho, (callado), cosas , pero es amiga.
El gallo Andrés parece carroñero pero, ¿lo es?
El gallo carroñero está perdiendo un trozo de su propio cuerpo, quizás, (pese al brillo aterciopelado y esponjoso de su cuerpo), de lo que es, se alimenta. Tiene una sola, (y flotante y brillante), pata y, en vez de otra, el trozo desprendido de su cuerpo, que es dos triángulos de tamaño,( distinto e invertido uno respecto a otro), unidos por su vértice superior. De ahí, la línea que su pico excava en el cuerpo al que, después, despieza. Empezando, de nuevo, por triángulo diminuto (éste rectángulo, tumbado y alargado). y siguiendo cual costura de aguja en máquina de coser de las antiguas.
Hilo de sangre y marca.
El gallo tuvo dos patas una vez más no una al lado de la otra sino una al frente, la otra, detrás. Hoy, en donde debiera estar la delantera es de donde caen los globos triangulares como cortados con tijera, así, despedazados y aún por un hilo solamente, unidos. Y tiene cola de pluma verde aunque parezca de hoja.
Hilo de rastro de sangre.
Todo levita, flota, (inmóvil), sólo el pico avanza tan rápido como imperceptible cada puntada, no sabrás decir, no escucharás, pero verás….
el hilo, (el rastro).
El alimento tuvo un solo ojo azul piedra de blanco centro situado en la misma corona de su cabeza. Ahora cae, en caída libre, cuando en su lugar, más parecía un gorrito y, ahora, ¿qué parece?. El ojo no flota, no levita, cae, cae, (al lleno, al vacío).
El alimento del gallo está en reposo. Su postura no lo deja ver pero tiene dientes afilados que ya no pueden protegerle, (ni ayudarle a), de nada. Una pata prolongación de sus glúteos, la otra, un muslo trenzado, retorcido y fino y una conexión directa con un níspero erguido sobre pata partida, (como la de un centollo en una cena de mariscos). Bajo la hoja, verde de pluma, (de la cola del gallo), la fruta.
Parte del cuerpo del alimento, más bien la pata no retorcida, reposa sobre un tres pies raros con seis senos glandulares de ubre atravesado, (unido), sujetos, por negro y palo. ¿De qué color sería la leche producida por esos senos que, además, permanecen en horizontal, que no cuelgan, que no caen?.
Y el ojo, que continúa cayendo, en caída presa de un ¿destino?.
Siguiendo hacia abajo y de izquierda a derecha, las psicodélicas, (dos). Tal parece que la verde oscura, (no de hoja, ni de pluma), arrastra, a través de las mamas, al conjunto, y que la rosa la sigue de cerca fingiendo que se aleja.
El gallo Andrés parece carroñero pero igual es… Está en atmósfera:
Suave.
El ojo como de piedra pulida por agua del río del tiempo. su blanco de dulce de nubecita. De lana el alimento, De terciopelo el gallo, De su propia piel el níspero. Y, de la suya, la ubre. De papel la cola verde. De metal pulido la psicodélica y verde y, de madera, la rosa.
Suave
De pelo la pestaña, la cresta y el ojo negro, (no temas acariciarle, no causará dolor, sólo consuelo). Suave de corteza de cerezo de picota madura, (a punto de caer al suelo pero en rama todavía) el rabo de la fruta anaranjada. Suave de globo inflado al máximo y de aceite cubierto, los pies del tres pies que, si girase, no sé si eso sería o protuberancias del alimento.
La firma no se sabe si es o no suave. No se toca, ni se roza siquiera, ni el gallo Andrés osaría hacer cosa semejante.
P.S: viene un ‘ gallo ‘ y enciende algo que estaba tan apagado en tu mente que ni existía. Y no ves, (de ese don careces) pero ‘sabes ‘ que todas esas piezas se desplazan, y las unen poleas y ruedas e hilos invisibles que las suspenden y las mueven sin que, entre sí, se interrumpan. Y el gallo que encendió, no dejó tras de si instrucciones sobre cómo apagar esa luz en tu cabeza.
Criatura
Tiene, la criatura, ojos pequeños tan limpios como borrosos. Pero ve. Muy claro: con la nitidez que la observación y la atención brinden.
La criatura tiene una columna vertebral como tú, (o yo), aunque a ella le atraviesa el rosto por completo hasta muy arriba.
Dos fosas nasales enormes, por sienes un par de puntos y despellejada, (en carne viva), vive.
Debería de ser aterradora, (y lo es), se llama Ternura.
Punto de inflexión
Punto de inflexión lo es por, (diccionario R.A.E.L.): “señal de dimensiones pequeñas… perceptible en una superficie” y por “elevación que se hace con la voz… pasando de un tono a otro”.
¿Es “y en el principio” también una silueta de ojo como tema principal?.
Entonces mirando hacia la izquierda, hoy, hacia la derecha.
¿Advertencia?, ¿señal, como el punto, de lo que se fue ya?
¿Recuerdas la sensación de esa primera vez en la que pronunciaste tu, (aunque en presencia de nadie), nombre?, sí, ese que ni tú, habías vocalizado.
Le añadirás las vocales porque cargo, (sin ellas), sí te habías hecho de tus actos.
En vez de pronunciarlo lo escribirás, chiquito, como si así te estuvieras llamando sin hacerlo, para que, en realidad, halla que tanto buscarlo que no será visto. Mostrar sin sobreexponer.
Temblarás.
Cuando te atrevas a terminar por incluirlo sin esconderlo, (protegerlo), habrás de volver al principio y, (¿manteniendo historia como fue escrita?), añadirle la que, sin embargo, es, hoy, tu firma.
Te paralizará el temor a que compartirlo, (así sea ante ti), será, (de nuevo), estropearlo. Como si fueses a añadir, una vez más, otra idea, creencia, ilusión, que, en la práctica, (con carente relación con el empeño invertido), no existen.
¿Recuerdas la primera vez que pronunciaste su nombre?
¿Qué ha sucedido desde entonces?.
Trucha de río
Tirarás tantos y, sin embargo, otros , como éste, ignorando el motivo, los conservarás.
La trucha, (te preguntas porqué, no te respondes), has de, por el momento, guardarla.
¿A cuánto conservas en tu vida que… para qué?
Regresarás, pon por caso, un martes de noviembre. Tras toda obligación, responsabilidad, apremio, (tras ningún ocio, entretenimiento, aplazamiento gratuito, fingido), que aplacen tus…
No dedicarás más tiempo, (si fuese por no deber lo continuarías haciendo, no podrás), del imprescindible, a la tarea.
Pero habrás, hasta que hayas dejado de hacerlo, regresado. No abandonaste ni a la primera, ni a la segunda, ni a la centésima., ni a la…
Tendrás la misma cabeza, (que habrás de corregir, de perfilar, de mejorar, de rematar, de…. aceptar.).
Sin acudir al, (sin olvidar), ni el primer trazo, (ni el segundo, ni el tercero, ni el…), ni comienzo. Comenzando, cada vez, de nuevo.
Y no te castigarás por ello. Sólo cabeza asomando desde cualquier lugar. Sólo, de la cabeza, un trozo al menos. Suficiente. Bastante. Y pedazo de aleta caudal de recuerdo, (de olvido del cuerpo desvaneciéndose).
Ya no hay trucha bajo ese puente de piedra y arco. Ni agua que mueva la rueda de molido que no sea infecta, turbia. Ni el ventanuco ese desde el que comprar la harina molida al kilo de tu cabeza.
Habrás comenzado, por fin, buscando manera de relacionarte contigo misma y así es como te relacionarás con el
Puente colgante
Tendrás que cruzar un puente y será colgante sobre acantilado cuyo fondo no alcanzarías a ver si lo quisieras.
Salvo que te decidas a dejar de caminar erguida tú y a alzar el suelo mismo que pisas: descubrirás que sobre tu cabeza, (de ti partiendo), solamente estaba … quien eras.
¿Y esto qué es?, ¿quiénes?; que una cara, y otra, y una edad, (y otra), y otra especie, (y una), y esta voz, y aquel…
¿Qué es?; ¿Quiénes?, que mirando con esa expectación ¿hacia qué?, qué dicen, qué camino, hacia dónde, ilumina su atención, su espalda…
¿Están, acaso, a la espera de quien les descubra las sombras que les definen, que los muestren?.
Cómo es que ignoran que a quien miran necesitará qué rayo que le transforme antes de caer y caminar ese puente colgante, que lleva, ¿a dónde?.
Retrato de una familia (ala) luna
Hay una historia en Japón sobre el hilo rojo invisible que une a quienes están destinados a encontrarse.
De ese tronco procedieron.
A un extremo de una rama la unión, a través de un hilo rojo , (y por leyenda). Hebra conformada, sin embargo, como atril robusto que mantenga, en su postura, a quienes les esperan. Aves más de día la una, de noche, (la otra), juntas solamente si sol y luna a un tiempo apareciesen, si una, (otra), al día, (a la noche), renuncia. Contemplando, supervisando, observando al sol y a la luna unidas por hilo rojo de leyenda.
De esa rama proceden.
Caminando su camino juntos y, cada uno, el suyo, a espaldas de la basura, la oscuridad, el peligro y la amenaza que reptando silenciosas y venenosas intentarán, persistentemente, destruir el árbol. Existencia que devora, de un solo bocado, todo ese montón de obstáculos, retos, lecciones e imposibles previniendo que existieran.
De ese árbol procederán.
Uno el sol, a quien todo el que el camine a la luz del día, ve. La luna la otra, a quien habrá que estar despierto, cuando la mayoría dormiría, para presenciar qué ilumina. Sol con ojo de luna, luna con cabeza de sol.
Que albergue, hoy, la esquina de ese cuerpo de madera, esa ave solamente, con sólo un ala, un pico o una pata muy sola, es otro asunto.
El nido que fue, ( lo que albergó en su día), no cambió, (no varía).
Hormiga
Consiente que así sea en lugar en dónde sólo la verás, tú, (ella, otro nombre de hija), permanezca.
El único del que, por primera vez, y con su franqueza considerada dirá, (aunque su mirada exprese, “ya que he de elegir, elijo el que menos me disgusta”), ,”prefiero éste”.
No dirá “me gusta”. No mentirá. No herirá
El pincel escoba se da, (así mismo), coba, (aire, respiro) y sabe bien qué es estar del derecho y del revés y de odal y de lado.
Más que pintar a brochazos, atraviesa cualquier superficie que encuentra hasta que la pinta y la repinta y la tira y busca otra. Su mejor amigo es un tubo de óleo abierto y con buena cantidad de (¿cómo se llama lo que no es chorro?) pintura saliendo, desparramada, de su boca desbordada, (ahora mismo roja, en un rato, de color…).
La paleta de no pintor flota cuando se deja llevar por el pincel escoba aunque podría caminar, perfectamente, y sola. ¡Qué música no crearía el choque de su movimiento con sus sonajas metálicas de pandereta de mano?.
El oso hormiguero de ocho patas camina, frente a él, la hormiga.
Cara de perro
Aunque esto, (que surjan caras en los dibujos que guardo aparte), no sucede hasta dentro de un par de años, al intentar organizar material para la web me surge ésta que guardo.
Procede del retrato de “Perro con bisagras” y es uno de los casos en los que borro alguna línea o añado otra.
Perro con bisagras
El perchero con cara de perro es una puerta secreta.
Al abrirla no te parece nada más que un armario empotrado.
Si te adentras, llegarás a la habitación de la cara de perro.
Verás lo que él ve,
olerás lo que a su hocico se acerca.
Saborearás lo que su lengua escapando de sus, (pocos y podridos), dientes.
¿Qué oirás tras el ruido de la puerta del perchero cerrándose?.
Nada tocarás.
De ti quedará solamente la huella de la almohadilla de un perro suspendida en el aire cual araña que bajó al lugar, ¿equivocado? colgando del hilo de su seda.
.Perro con bisagras.
El perro tiene cara, aunque sea en el cuerpo.
Unyo
De los pocos casos, en los que , en dos dimensiones, permanece firma Seg y no Sinequi.
.Unyo.
Unyo no es uno sino, al menos, tres:
¿Cuántas facetas tenemos, unas al lado de otras, sin por ello ser otras caras, (y sin haber contado las de al frente y a la espalda y….)?
Unyo tiene muy poco que contar, de sí mismo, (¿cuánta soberbia, qué tipo de yo, se necesitaría para semejante cosa hacer!), no habla.
Y después, (antes), está…
La bola negra de billar es la última que un jugador debe embocar para ganar la partida, de hacerlo antes de haber terminado con todas las bolas de su grupo, perderá.
¿Qué ganarías, (perderías), si,
además de entrada,
hubiese, para la bola negra,
(aun habiendo sido por de nombre cambiar), salida?
¿Es, el nombre, la garantía de partida?
Cabeza de carnero
El carnero tiene cabeza,
(solamente eso).
En ella conviven, pensamientos y sentimientos.
Nada más.
Alimañas la devoran, (lo consiguen unas, lo intentan otras),
pero el carnero, (cuyo cuerpo fue consumido ya) ,
tiene cabeza, una, (sola).
Todo lo que le queda:
eso, (esa).
.Cabeza de carnero.
Quizás haya llegado el momento.
No lo supe,
lo sé no.
Surge a posteriori, haciendo lo que, nada que ver con lo anterior.
Vas, al mismo lugar, (intento), de nuevo.
Y permites suceder lo que no pretendías.
Aparecer lo no buscado.
Y, quizás así, se te aparece el momento, la oportunidad.
Abandonar el plan,
el empeño,
el proyecto,
el esfuerzo.
Quizás, de todo después, nos vaya a unir nada que palabra lleve.
¿Qué sucedería entonces?
No lo supe.
No lo sé.
Nada.
Definitivo nada.
Nada que remediar se hubiera podido.
Quizás, de nada después, vayamos a tener en común nada.
¿Qué pasaría entonces?
¿Qué tendría, (de todo aparte), que sucedido haber?
Aceptar que el acierto haya sido, en realidad, estar tan tremendamente equivocada.
Y aprender a entendernos sin esas palabras.
Cerería
¿Y si cambiases algo de lugar, (de estado, horario, de…), por insignificante y natural que pareciese, qué cambiaría, qué puerta abrirías?
.Cerería a puerta cerrada.
De pequeña, (cuando oscuro),
la niña veía las figuras nacidas de la luz de los cirios.
La madre, (en las sombras escondida), la aleccionaba, (todo el día),
para confundirlas con la luz;
pero la noche era suya, (de la niña), y entonces, en su cabeza, se encendía un cirio.
La silueta de la vela le contaba historias, (como la que sigue a veces, otras, otras), que no oía:
“Hasta cuándo
hasta cuánto
encendida.
Hasta cuando
me consuma
hasta cuando
decidas que has de apagarme tú.
¿Y si cerrases los ojos?
Enterrada, apagada, oscura, encendida.
No me toques
no soy tuya,
no soy suya
no soy.
Sólo sombra si con luz a oscuras”.
Esto sucedía estando, (la niña), rendida.
Hasta que un día, (y una noche, y otra, y otro), escuchó.
.Cerería a puerta abierta,
La cerería está abierta siempre que tenga existencias, independientemente de si su puerta está cerrada o abierta.
Usa, como timbre, una soga manual de la que habrá que tirar para que un cascabel suene.
Sirve, mayormente, para emergencias en caso de que requieras comprar fuera de horarios habituales, pues los dueños, viven en la tienda misma.
El matacandelas del comercio, sin embargo, es autosuficiente e inteligente y, él solito, va caminando, sobre sus dos piececitos, y decidiendo si, alguna vela, ha de dejar encendida o apagar.
Sea adentro, o afuera, (en cuyo caso, le protegerá una vidriera algo obsoletamente modernista).
Solamente hay, en el negocio ese, una llama perpetua que no podrás extinguir:
una cerilla chiquita, que, en el escaparate, si te fijas, verás en pie, (según le apetezca, igual, suspendida), que, en el interior, ¿qué tamaño muestra?.
Siempre hay una.
Siempre (nunca).
La cerería la lleva una mujer que aparenta más edad de la que tiene .
De su media melena las ondas, parece que fueran escalones.
Tiene un gesto muy característico según el cual, ante la pregunta más sencilla de, por ejemplo, “¿qué es lo más baratito?”, muestra los nudillos de su mano derecha, (con dedos estirados, como su cabello, en peldaños), al tiempo que apoya su pulgar, (larguísimo y desuñado), en su barbilla;
es en señal de respeto, como si la venta más modesta tuviera la relevancia, (complejidad, importancia), de la más soberbia.
Si anda, (por algún motivo que ha de estar muy bien justificado), por ahí, porta, también una soga, de forma que, quien la necesita, puede estirarla y hacerle saber, (ver), que, en la tienda, la necesitan.
También se lleva una vela, por si, el camino oscuro se pone, para ver.
La acompaña, (en el interior de la cerería), alguien que de madre no tener, podría haber sido su hijo., (que lo es).
Un muchacho de flequillo color cera algo revenida, con, en la nariz, su anillo parecido a una manilla, y un ojo de una cerradura.
La cerería tiene escaleras por dentro y por fuera pues fue construida aprovechando una pared de piedra, (inclinada y natural), en una cuesta. Justo el lugar al que nadie quiso ir a vivir pero, de visita, y de compras, sí que irían.
Verás, en su fachada, algunos cirios:
en un candil al norte, en un boquete en la piedra al sur, en un candelabro de un solo brazo al este, en un gancho boca abajo el del ojo de la mujer…
…y un grifo, por si un incendio se produjera.
Sin cubo porque, el, (no) hijo, dice que, en caso de haberlo, hinchará con agua globos y los estrellará contra el fuego y porque, la (no) madre, no cree que, con esas cuatro… nada vaya a arder.
La madre, se cansó de llevar calderos de agua cuando, nacido un niño, y pequeño, no la tenía, (como la luz), en la casa.
También hay, (en la cerería esa), una escalera, siempre a mano, de mano.
Para lo que, por si acaso, falta hiciera y para lo que falta hace, (siendo ambos comerciantes bajitos como son), que es para alcanzar, de los altillos, la mercancía.
La cerería, deja, incluso con la puerta de par en par abierta, un ojo y una manilla de cerradura a la vista.
Elecornio y Munante
Elecornio es criatura en donde Elefante y Unicornio están unidos por un corazón invertido y enorme.
Él decide, (el corazón), si camina, (Elecornio), hacia atrás o hacia adelante y así no hay discusión, aunque, en realidad, siempre uno, siendo contrarios como son, va de frente.
Cuando se guían por su razón, caminan de costado y, aunque pudiera parecerlo a quien no esté acostumbrado, no es nada complicado.
.Elecornio.
Munante es una mujer a quien, sentada en el suelo con pierna estirada, (y haciendo malabares con manzana en forma de corazón), se le acerca una cabeza caminante.
La una, (mujer), aunque hay quien piensa que lleva un pendiente alargado, (o un tocado), llora lágrima con forma de cola de elefante y cinturón con, de unicornio, el cuerno.
La otra, (cabeza), camina con pies directamente, (carece de piernas).
Ambas miran no sé si al corazón o a Sinequi.
.Munante.
P.S:
Primera vez que aparecen dos firmas, Significa lectura de imagen en ambas posiciones. Visto en otros trabajos no es código que va a ser consistente en el tiempo.
Primera vez que me consiento, (no sin resistencia), copiarme, (ojo y pie) y pegar, (como si no hacer que todo trazo sea único, fuese un fraude).