.Mar Blanco.
De no ser blanco, su color marearía.
.Mar blanco de noche.
El mar blanco es, de noche, sereno y con igual color que de día.
Su profundidad, entonces, clara, limpia, nítida.
Verás, en su superficie rayada, lo negro, pero serán las olas (mostrando qué sucede cuando en él rompen y no quién es).
El gigante que lo habita mira a un mecanismo en el cielo oscuro sujetando toda una vida pendiente de un solo hilo.
Y eso contempla al tiempo que su lacrimal produce forma salada de mar…
(¿es llorar que mane, de los ojos, gota de líquido mudo?)
Hay un rostro de mar bajo el mar que está completo, (vacío).
Miran, todos, (el mar encima cayéndoles), al mismo lugar:
el blanco, (con ojo de lágrima derramándose, con baba de su boca brotando), y el animal de melena larga y canosa y patas seis, y el rostro, y…
como cuando algo, (sin que nada andes buscando ni creas poder encontrar), por en tu horizonte de la nada aparecer, hayas de contemplar.
.
Es, el mar, siempre blanco, aunque, de día, bajo él la oscuridad de la noche aguarde al atardecer del que emerger.
Hay en él un guarda que, con tan solo de frente mirarle, le guarda porque eso ha de suceder: mantenerse, a flote, así sea de hilo pendiente y bajo el agua.
Camina, (intentado el mar partir en vertical), el día, sobre la noche a pasos.
Más que besarla la ingiere.
Noche de donde procede, en donde los dedos de su mano están enraizados, (enmarañados), unidos por línea recta, firme y fina a la estancia en que reside.
De donde procede, (a donde se dirige).
.Cara de lluvia de tinta.
.Cara escondida en la lluvia de tinta.
La mujer de senos caídos y generosos, (y boina irlandesa), tiene un problema de piel.
En forma de península le baja por la frente, sobre los labios le sube, y en la nuca, y en los codos, (y en partes que solamente el espejo, cuando se hace las curas, ve).
A la mujer da forma, a su piel tersura, la tinta de lluvia.
.De manecilla negra de reloj, cara.
Llaman los maullidos al tiempo, siendo, sus labios, manecillas, de la boca sobresaliendo, al hacerlo.
Se ofrecen, (ellas), a sostener, del paso, su peso, siendo patas con que, (¿de desearlo él?), continúen en movimiento.
Creen, en su cima clavadas, conquistado haberlo por aparecer hincadas como una bandera señala un dominio.
Y terminan por ser, de gato, bigotes, a su cuello, caídos.
Son, las manecillas, negras, de un reloj y señalan, (con cada movimiento), un tiempo hallado, (perdido).
.Caras de la caverna.
Es el muchacho, de pelo color del limón la cáscara, feliz.
A su manera, (que abriendo por completo la boca es), ríe, aunque poco se le note con la tela que, en desorden, su rostro venda.
Un tipo con turbante cubriendo su cabeza, chilla del dolor que le produce el enorme colmillo que le está saliendo.
Tanto abre la boca para que el quejido salga, que está casi, en dos partiéndose, su cara.
Sólo ella, (ese es su secreto, su tesoro), la reconoce.
Como pudo, (cuando cabeza, y su otra mano, tenía), la pintó, pues no quería olvidar a la rubia de rostro celeste que un día conoció en el agua.
Viven, ni se sabe cuántas formas las acompañan, en la caverna.
.Cara de Frank en Stein.
.Cara de Frank en Stein.
Esta cara la cueva de Frank custodiaba.
Solamente, al regresar él cada día, de buscar lo que no encontraba, le miraba.
Nada nunca le contaba salvo, a diario, una sola vez y la misma siempre, una cifra:
“uno… uno… uno… uno…”
Y Frank, así, a otro día más, (uno), paso daba.
Hasta que a Stein encontró.
¿Qué diría, ahora, la cara, si te le acercaras?
.Musita.
Musita tiene esposo y está aquí.
.Musita, de Samurái la mujer.
La mujer de Samurái cubre su cabeza con pañuelo de color rostro del hombre.
La piel aceitunada de su cara es tan fina que cualquier brisa la mueve y la saca de sus bordes.
Sus ojos negros más que cuencas parecen ser lentes (todo lo que ve filtran liberándola de lo que ya pasó que ver no quiere).
Sujeta, su cabeza, (como si pincho de pelo hubiese sido siempre), la catana que a Samurai le une.
Su boca siempre entreabierta, antes que hablar, (como el viento que partes de su cara estira), musita.
De ahí procede su nombre, y de ser musa, (esa que la catana en pincho convierte), de la única persona, (hombre), que lo pronuncia.
Favoritos
Dicen aquello de que las madres no podrían confesar nunca, por muy cierto que fuera, (especialmente si mentira no es) que tiene hijos favoritos. Afortunadamente para mí, mis entradas de blog, (por muy mías que sean), hijos no me son. Y aún así, es como si tuviera que mencionar que no es que, a las otras no reconozcas, ni quieras; es que las que hay que, (sea por significado, por tu gusto, por su aspecto …), gozan más de tu…. favor, (ese que hicieron, por tí, en su momento, ellas).
Otros
A medida que avanzo revisando e intentado organizar archivos veo que debería de seguir añadiendo subdivisiones.
A falta de reorganización final, agrego esta ‘otra‘ subcategoría a “retratos” hasta que tenga una visión más de conjunto cuando la descarga esté completa.
De ser sastre, le habría llamado cajón, y sería mío.
.Cara de hierba.
Nació, de la hierba, el hombre
y en la nariz la conservó
y en la nuca
y en la mirada
y, en el pensamiento, con un par de hojas afiladas.
¿Qué piensa una cabeza de hombre de tierra y de hierba?
Qué piensas.
.Cara de “hierba”.
Hombre rumiante
Que carece de incisivos para despedazar dobles sentidos, de muelas para desmenuzar pasivas agresividades, y de mente que, con una sola pasada, digiera los pensamientos que, de esa condición, emanen.
.Hombre rumiante.
Es, (tras su frontal de rumiante), de rostro plácido, sereno, modestamente sonriente incluso, el hombre.
Ingiere palabras, (dichas, y calladas), sin pasarlas por filtro, o censura previa de ningún tipo.
Se las traga, sin masticarlas siquiera, almacenándolas.
Hasta que pasa rato reposando, (tanto que quienes no son él ni lo recordarían), el cuento que se haya contado.
Y, ahí, lo que debiera de ser un simple moño chiquitito, (de la cabeza en la punta, de la persona), resulta ser, del animal rabo, intentando los moscones intrusivos ahuyentar, sin conseguirlo.
A continuación, ya saben lo que de, bajo cola de esa especie, mana.
Las deyecciones, convenientemente compactadas, darán paso a pezuñas sobre las que dar paso, (pasos).
Pero permanecerán filamentos, que hasta la coronilla del hombre las unan pasando por su cabeza detrás, siempre y cuando, quien es, continúe siendo.
P.S: iba a ser serie pues historias aparecen en sus horizontales y verticales, pero, en principio, (a falta de rumiación futura, por algo hay que empezar), se queda en hombre.
.Hielo.
Envejecí: mi rostro derritiéndose, (con mirada de, a oscuras, reloj de sol, y boca de salto a, del vacío, la temperatura),
recuerda, a veces, tus ojos traslúcidos iluminando, de los riscos más puntiagudos, las cimas.
.Hielo.
Hielo.
Que en mis manos se derrite,
que sólo ellas con el mapa que revela, el agua pura que, de hielo no ser, eras.
Tus ojos, (como con todo por absorber, esponjosos, por ver, atentos), colgando de tu flequillo, (más helado que cortado), me muestran lo que, tras lo que ocultan, eres.
No se detuvieron, mis manos, a examinarte con detalle suficiente para aprobarte,
¿cómo podrían no haber compartido su calor presenciando frío semejante?
Te entregaron, así, sin saberlo,
de sus dedos, las yemas.
De su nombre las letras, (dígitos), única huella que conocía para identificarme.
Sin ellas quedaron,
las preserva tu frío congeladas, dispersas, (no es a la vez ni en un momento que pierdes, de tu identidad, los rastros).
Tú, con tus luces pastel azulado silencio, y tus sombras de las que te escondes.
Tú, con tu mirada protegida tras las estalactitas de tu flequillo,
¿cuándo empezaron a moverse las agujas de aquel reloj que hasta este momento nos trajo?
¿no fue de sol, (que hielo borra), acaso?
¿no fuimos escalar un glaciar sin tan siquiera crampones,
un deseo suspendido, (a él resistiendo), del aire gélido,
un carámbano en acantilado desierto antes de, a la temperatura del vacío, saltar?
Tú,
hielo capaz de, en su interior, proteger de la mayor de las inclemencias del invierno,
y yo,
(!cómo es que no tengo, con ello, suficiente?),
calor necesitando.
Somos deseo cumplido que, en el hielo, (en el calor), se congeló, (se deshizo).
P.S: hay “mapa” para guiar, en el dibujo, en dónde se encuentra cada frase, pero, no me nace, ahora mismo, colgarlo.
¿Será que algo más me queda por encontrar, si a mirarte vuelvo o que ya nada que explicar busco?
.Una cara del arlequín de dos caras.
De entre todas las de la escena, que son tantas que contigo se sobrepasan, (que, sobre la dedicación que cada una requeriría pasan), apartas, (como si, con ello, a todas dejases representadas), del arlequín, una cara.
.Una de las caras que apartar de la imagen de “el arlequín tiene dos caras”.
No sé si tristeza (permanente), o desaliento, (de donde se recupera).
Piensa, (¿es, el pensamiento una forma de anhelo?).
Quisiera que no se le escapasen, (entrasen), las ideas así:
la cabeza, sin dolor abriéndole, con esa turbación, (desconcierto), dejándola.
Quisiera volver a tener a quien le susurrase historias inaudibles en el cuello.
y no precisar tanto, la boca, abrir, para respirar tan poco,
y no llevar siempre en un pañuelo, (así sea de estirado así), la nariz, de esa forma distorsionando los aromas que en su vida pudieran intervenir,
y…
Ignoro si aflicción, (aquel gozo de antaño), o desánimo, (en donde ánimo buscar).
.Caras del Jarrón roto.
Pensabas que sucesos como la “posesión”, o los “arrebatamientos” atacaban en exclusiva a los 3d y resulta que no.
Hoy aprendes que, quizás, ahí estén en todo momento, que solamente cambia si son ellos, (o tú), quien controla el proceso.
Salen, del Jarrón roto, más caras.
Me (¿porqué, para qué?), detengo (paso a una pieza nueva)
Greta
.Greta.
Greta se negó a ser una simple hendidura en cualquier muro y ha ido cuarteando, en todo lugar que pudo, extendiéndose con … ¡estilo!,
(que viene a ser saliendo en vertical, más o menos, torcida, (retorcida nunca), fuera de los muros que habita).
Ella se sale de las superficies porque dice que mucho más mérito tiene, agrietar el aire (aunque luego mucho no la pueda sujetar), que hacer a un sólido resquebrajarse.
No es mal lugar, en que residir, una Greta.
Tiene, a su alrededor, (según esté en techo, paredes, o suelo):
niña feliz, rostro cansado y serio, cara atenta con melena, pájaro casi más que emplumado vestido, recovecos…
el problema será como quieras, (tengas que), salir, (y volver a entrar en) de ella.
Greta es, (en tu cabeza dando vueltas), una grieta.