Aves
Carecerás de cualquier vínculo particular, (interés incluso), con los pájaros. Eso no les prevendrá de continuar viniendo a visitarte. Conservarás alguno hoy como evidencia de su presencia. Aunque no les comprendas, dejarás de eludir su existencia.
Lo harás por ellos, ignorando, todavía, lo que, por ti, ellos harán.
Qué te sucede con las aves, dime. Y… ¿desde cuándo? que jamás, en ningún momento, ni en un instante solamente, me hiciste el más mínimo comentario, (me enviaste, respecto a ellas, la menor de las señales).
Y ahora, (¿de repente?), vienen, las rechazas, las ignoras, de ellas te deshaces, no te interesan y…, sin embargo, se quedan, (como si, tras con sus obligaciones cumplir, al hogar, regresasen). Como si alimento fuesen, (o buscasen).
No lo sabrás, lo ignorarás, ni lo sospecharás siquiera, ni lo habrás notado jamás y, sin embargo, te habrán sobrevolado… aves.
Constante, incesantemente,
(en ataque coordinado y ordenado en bandadas de distintas especies),
cuando su momento llega.
Ahora que, para tu asombro, (y… ¿es eso incomodidad?), lo has descubierto.
Ahora que ya sabes que, por ahora, nada más que aves, (pájaros), tienes en la cabeza,
¿Las dejarás salir y que tomen, (contemplándolas), su propio vuelo?
Dina
Dina es, además de muy lista, malabarista, sobre todo, (aunque no sólo), con la punta de su alargada nariz jugando con su sombrero de copa.
Le encantan los caramelos de bola con forma globo aerostático visto en el horizonte y con cuerda negra como lastre en vez de palo. El sabor en sí no importa, es tal el disfrute de ver como se va acercando a su boca que ningún gusto le arrebata ese goce.
Hay quien, al cruzársela, la encuentra lisiada pero, en realidad, simplemente, tiene, (como todas las dinas), 3 patas en vez de…(¿son 4 las que tendrían los tipos con esa facha?). Con la frontal, (más de tamaño mano), se emplea a hacer cosas de humanos, y, con las otras dos, de animal.
Fuego
De fuego sus ojos.
Los tres: el que muestra, (cálido, inocuo), y los dos…
!mágicos!
Ese par que sólo si abre su boca, (su sentimiento), surge.
Que calcinan cualquier oportunidad de ser.
Que destruyen lo construido mientras su boca cerrada, (contenida su rabia).
Que sólo consienten sobrevivir, (reptando), a su condición envenenada.
Y, sobre su obra, convenientemente envuelto, (ocultado), atado, (¡que, ni muerto, vaya y se expanda a su criterio!), el cadáver que dejará, su boca, (su naturaleza), si abierta.
No es su disfraz falaz, (de autenticidad, candidez, empatía, y…), lo que te habrá consumido, habrá sido, descubrirla primero, y luego,(respeto se llamaba), no haberla, ni una sola vez, desenmascarado.
Ogeuf camina mirando hacia arriba, y a distancia.
Su lengua cuelga fuera de su boca cerrada, como la del perro que intenta regular su temperatura, (su furia, su rabia).
Está hinchada y, en su centro, con úlcera negra, (como su alma desperdiciada).
Su par de ojos mirando hacia atrás, (siempre guardándose la espalda), mientras, hasta el último momento, intentar impedir partir a, de su fuego, los restos.
Nave con orza por la que el veneno no reptará.
Con vela de cuerpo amortajado, (con esa forma disfrazado como única escapatoria),
y atado, (asegurando, así, que no cambiará de opinión en el último momento, que se irá).
Con una bandera improvisada, (condición indispensable para viajar).
Y con mástil color, que la cara del fuego, tuvo.
La rosa y Asor
He abandonado, (eso espero….), cultivo de vida que requiere esfuerzo constante resultando en desarrollar raíces a costa de tus cimientos invadirte, en espinas de ataques preventivos, en dedicarte casi en exclusiva, a contentar a quien mostrará su delicadeza, (¿no es, ella, de belleza un sinónimo?), tan fugaz, que toda tu atención requerirás dedicarle para notarlo, (nada más, a su lado, criarás).
Aunque he de estar alerta para tenerlo presente, no la crío, (no ya).
Pero a ésta, que en su lugar nace, (y allí volverá), me complace que de visita, (fugaz), venga.
Rosa, (de paloma blanca, algodón dulce, nube en cielo despejado), y Rosa.
De raíz invadiendo, (creando), a su alrededor, el espacio.
Sustento del pájaro blanco de los rosales que, de otra forma, carecería de alimento.
Rosa, del color de su nombre, del aspecto de un rostro entre inofensivo e inquietante.
Con tallos alimentando nombres que llevan a orígenes de igual color que la rosa.
Y Asor quien, en pie, la monta.
Asor, quien se lleva el grueso de las raíces de Rosa.
Con sus ojos de niña, (rosa), brillante y diminuta, (por huecos obturadores),
y su cuerpo deforme formado de una (blanca, y rosa), Rosa.
P.S: si existiesen ‘ sub-etiquetas‘ , (que pudieran extraer de un lugar un solo personaje), tiene Asor algo que, quizás, encuentro “favorito”.
Pájaro renato que no es pato
Sigo sin saber si las figuras que surgen de la principal debieran ser consideradas series y así ser tratadas ,(como categoría y como entrada a parte). La incluyo aquí hasta descubrirlo.
Y sigo enfrentando conflicto entre si quedarme en una entrada y continuar alimentando la ‘serie‘ ,(desarrollando, además, cada pieza), o si frenarme y a otra figura nueva, dar paso. Siempre tengo que, para continuar, frenarme.
Me pregunto qué les sucederá a ustedes.
El pájaro Renato quiere ser pato.
Volar recorriendo grandes distancias.
Graznar.
Vivir unos diez años. (¿Para qué querría, un pato, vivir más?).
Nadar a velocidades de ensueño, (él, que, de vértigo, carece), con membranas de piel entre sus dedos.
Agarrarse, con sus garras, a cualquier lugar que se le antoje (rechazar el que le desagrade).
Tener pico ancho y corto con el que buscar alimento sin andarse enganchando ni chocando ,con todo, siempre.
Cuerpo compacto que nade y hasta bucee.
Y ese cuello tan corto con su giro completo hacia atrás que le permite limpiar las plumas del lomo.
Y hasta elegir a qué familia pertenece escogiendo, de la pluma, los colores.
La glándula del acicalamiento la tiene y segrega un aceite tan rico en grasas y en ceras que no habría plumaje más resplandeciente e impermeabilizado que el suyo, (¡que no veas cómo te quedarías tú si lo ingirieses!).
Su pico largo y acuñado esparciría el aceite y ¡qué pluma seca y esponjosa, y qué temperatura corporal regulada no tendría.!
No la usa “sólo los ánades eso merecen”.
Renato, queriendo ser pato, usa su cuello no corto si no largo y tortuoso y, en varios puntos, acodado, para girar su cabeza 180 grados forzándola a huir del lugar ese al que, la especie que es, se dirige, pertenece.
Se lo retorcerá ese parpar de fondo, ese graznido de frente, (que no deja de escuchar), según el cuál , es pato, pato, pato…
Huye de donde viene, (nido, reposo de su cabeza solamente, sin espacio para el cuerpo), a donde no ha de llegar pues el viento, (el aire, cualquier brisa, todo aliento), le mantiene en ‘su‘ lugar.
Sus alas mugrosas, (a las que se les niega el aseo), arrastran un peso muerto siempre (vivo), propio (del otro) ¿cómo dejarlo atrás sin arrancarse, de las plumas, el vuelo?.
Dos, dos pesos muertos (vivos) propios (de los otros).
¡Ay Renato, que no es tu ala de pájaro, ni de pato, sino de ángel!
Serie del pájaro Renato no pato
Señal de nada
Por su aspecto, no mostrarías la imagen, pero, (por ser quien te consintió poner alguna palabra a un pensamiento impronunciable), lo haces.
Me mandas señales de humo.
Así es como hemos terminado por comunicarnos (no).
Vienen acompañadas de polvo de estrellas:
contaminante deslumbrante que no podría, del humo, desentrañarse.
Atravesando una puerta a un pasado que, en el presente, no sobrevivió, vienen pretendiendo abrir la oportunidad al futuro.
¿Cuántas veces te dije lo que estaba presenciando suceder y te supliqué encontrar remedio conjunto antes de que fuese tarde?:
la respuesta fue polvo de humo, señales de estrellas.
Y, ahora que ya no hay remedio,
la criatura ésta de morro alargado cuyas quijadas somo tú y yo,
espalda con espalda, (una solamente por suturadas con, de estrellas, el polvo),
y contorno de humo,
de qué es señal,
(señala a qué).
Caminante de barro rojo, cocido y quemado.
El caminante de barro rojo, (cocido y quemado), camina.
Se dirige hacia una fiesta de disfraces, hacia quien disfraz de fiesta es y que, sobre máscara de dos caretas opuestas, se yergue.
Nada que les una.
Pasará de largo.
Continuará, (sin dejar de mirar al frente), esquivando la duda de si debiera a aquel lugar visitar, (de allí quedarse con algo).
No lo hará.
No esta vez.
Nunca.
Camina.
Cambiando, a su paso, la forma de la niebla que pisa, ese humo cuyo olor húmedo traspasará su calzado.
Caminó, hacia su nombre, una vez,
y pasó de largo.
Los caminantes de barro, a partes enrojecidos, (a trozos, quemados), caminan sin cuerpo.
Salta, el uno, (pasando más tiempo en el aire que en el firme del que impulso coge),
como pollo con una sola pata y
rescata un cuerpo,
(!qué suavidad si su vaivén acariciases!),
como si, con una caña, lo pescase.
Le inyecta tinta que, cayendo, dibujará su siguiente contorno,
y eso,
será salvarle.
Camina el otro.
Escalón a escalón sobre superficie mojada,
que no traspasará su calzado,
(resbaladiza, que no alterará su paso).
Derramando, de su rótula, la tinta que dibujará, cada vez,
la pierna requerida para continuar caminando.
Caminaron una vez,
no se supo si hacia su nombre o desde él ,
( si de él son parte o a parte suya se mueven),
si son condenados, o condena, o nada que ver.
Calavera
Ostenta, la mirada, un código ajeno a la distancia que la edad señala. ¿Te has fijado en esos ojos que en cara arrugada, desdibujada, ajada y, sin embargo, tan vívidos?, ¿notaste esos que pese a piel tersa, menos años… y… qué muestran?
Tiene la mirada un poder adivinatorio que ignora: sabe, antes del cuerpo, de la edad, de… cuando se, (va) apaga.
Toma distancia suficiente para diferenciar sus facciones, para distinguirlas del amasijo de borrones, de vacíos.
¿Ves la boca con mueca desencajada esforzándose más por respirar que por gritar cualquier verdad, (mentira cualquiera, mentir a…)?
¿Los ojos, sus cuencas negras como cuevas, (como pozos secos) y esa luz diminuta al fondo de la que no podría decirse si apareciendo a lo lejos, si desapareciendo?,
¿y los surcos bajo la nariz deshaciéndose, (derritiéndose), a la que ya un solo orificio le queda?,
ni un diente siquiera con el que algo masticar, (aunque la angustia fuera).
Me, (te), preguntas si es un calavera.
Es lo que un día, (y otro, y otro, y otro), tú fuiste.
De donde te fuiste para llegar aquí.
Caminante de cabeza grande
A medida que avanzo, cada figura de las series se me va mostrado más como entidad independiente. Si bien en este blog ahora, (que estoy haciendo una primera criba), las recojo, cada vez, juntas, empiezo a pensar que son láminas individuales.
Caminante de cabeza grande. Hecho a dos trazos, (cada un de un color)
Camina con su cabeza enorme conformando figura casi rectangular junto con sus mandíbulas.
Cráneo color madera, (más amasada que pulida), y barnizada en mate.
De su torso, salvo el cuerpo vertebral, no queda nada.
Sus miembros inferiores a fuego implacable sobrevivieron carbonizándose.
Esas cenizas compactadas se mueven que más pareciera que, arrastrándose, esquían
y es su cuerpo quien va saltando de la una a la otra, (más bajita), en equilibrio perfecto; de la otra a la una, (más alta, con mayor esfuerzo).
A su paso definiendo una línea recta y, a ella paralela, otra.
El caminante no tiene enorme la cabeza, es que, prácticamente, es casi lo último que le queda.
Hecho con dos trazos, (cada uno de un color). Serie “caminante de cabeza grande”
Gacela con corbatín verde serpiente
¿Sigues estando, de un solo trazo compuesta, si lo único añadido a parte, es el rabo y las astas?
La gacela con corbatín verde serpiente, (hierba, tela…), salta.
Sin motivo, sin razón.
Porque quiere, porque puede, (porque, de ninguna otra manera, podría hacerlo).
A pesar de su pezuña desfigurada, de la cicatriz y hueco dejados en su pata, de su cuello largo, (troceado casi, por tantos ataques de tantas zarpas, tantos encontronazos).
Su corbata, más que colgada, (lazada a), de su cuello, ... (lazos: los que te cuelgan, los que te cuelgas, los que te ahorcarán, los que…), la acompaña.
La gacela con corbatín verde, (hierba, tela…) pincha, con sus cascos, la sabana y, ésta, la arroja, a su salto siguiente, con, a su vera, su serpiente.
Mago
Ser imaginable cuyas acciones muestran resultados contrarios a las leyes naturales.
Mago
El hombre de los botines de caña ancha es mago (todos hemos de ser, somos, algo, incluso quienes no son esto, ni aquello).
No extrae, de su chistera, aves, ni conejos, ni… .
Es él el pájaro, la rama, el lagarto, el fruto, el gusano.
El mago es hombre entero y alborotado, desbaratado, descompuesto:
Se torna en aves, reptiles, larvas… y sombrero de copa alta aplastado.
Teme entretener pues sabe lo que sucede después, (antes de ser..)
pero lo hace pues no encuentra,
(por mucho que haya rebuscado en toda prenda que la cabeza cubre, y en sus copas, y en sus alas), otro remedio.
Serie de Mago
Sigue acaparando mi atención el número de trazos de la pieza principal, (especialmente si es 1 o 2). Hoy comencé a guardarlo como imagen a parte aunque aún no comprendo a dónde conduce.
Los dos trazos de el Mago
La bestia y tú
La bestia se alimenta devorándose así misma, (sin ensañamiento, sin encono). A hebras como las que quedan de un metal que hubiese sido trefilado. Avanza erguida, decidida, dispuesta… dejando a su espalda, como huellas, los restos de lo que sus ojos, (en donde los ollares alberga) , resoplan y que al suelo caen.
La bestia arremete dominante, vestida a tiras que más que cubrir el cuerpo, lo sujeta a partes. Lleva, a su espalda, cicatrices sólo cuando incandescentes visibles, en cuyo caso, en hierro de marcar se convierten. Serás, a su vera, res. Será látigo en su brazo terminado de esquirlas de metal despuntadas. Tras ella los restos de los bufidos de sus ojos que ennegrecen a medida que caen.
La bestia y, sólo tú, (un duelo entre bestias presenciando).
Farolero y Oreloraf
Seq vuela: ignoro si es cigueña rosa portando dos nacimientos, o flamenco de ‘pata negra‘ con luces, (dos), para faroles.
Como fuere sea, si volando, alumbramiento, si en pie, luz.
Seq gestándose.
Camino llevaba de ser vano y ostentoso, de logros, (capacidades, posibilidades…) imaginadas, pero no.
A pecho descubierto camina, independientemente de que por ello tenga algo que mostrar, (ocultar), solamente porque aprendió que sólo así podrá, lo que hace, hacer.
Quizás por ello sepa crear, (forzada y medidamente), pueda mostrar y, (con inmensa dificultad, deseando pudiera delegar esa tarea), vender lo que crea.
Creer, crear.
Podría haber sido, (de no ser él), cualquier cosa lo que su figura atlética portase, (que incluso su propio cuerpo exhibiese). Fueron luces con sus formas, tamaños, pesos, (pesares), … y sombras.
Camina, (cuando se expone), con negro y apretado pantalón, su torso desnudo y fibroso, y ese ombligo puntiagudo en su punta negruzco y peligroso, (tanto le costó cercenar el cordón umbilical que así le quedó, castigando, a su pesar, a quien se le acerque demasiado, con un corte).
Cabeza y mano cubiertos, reforzados, para soportar el peso que han de acarrear a diario y porque, ¿para qué necesitaría mostrar un rostro quien a pecho descubierto va?
EL farolero, de cualquier material, (metal, piedra, su propia pierna, planta…), crea, (eso cree al menos, y yo le creo), faroles. Después, en su cuerpo, los acarrea. Nada dice, sólo muestra lo que para ofrecer tiene.
Oreloraf despierta gran interés.
Es por el misterio: no se sabe qué pinta tiene, (ni qué carácter, ni qué tipo, ni si es tipa, ni…). Si sale, es todo cubierto, para no mostrar, (para esconder).
Diseña, (con faroles), robots, que solos se mueven, de ser necesario se despiezan, y así mismos se venden.
Ellos, unoS a otros acompañándose, por ahí andan sin esfuerzo, voceando eslóganes que van cambiando para que ningún oído se acostumbre a escucharles y, con ello, dejen de atenderles.
Solamente de latón creen que se pueden hacer, (se crean).
La música que tararean, hoy, los vende faroles.
El robot así la ve (luz, resplandor, en un espacio vacío, oscuro y metálico).
No la oye, ni nada le conmueve su sonido pero sí las saben traducir en sonido. En las barras y los puntos ve otros mensajes, (¿ estará relacionados estos mensajes aparecidos con “apariciones” ?) que sí son son suyos y tú, no puedes leer.
Tela a cuadros
La tela sigue un patrón a cuadros.
Viste cuerpos y cabellos.
Vive en una nave, (que navega aire en vez de mar), algo parecida a una tabla de surf, (blanca, con rayas entre sí perpendiculares negras), cuyo patrón tiene tela que cortar y nunca deja de hacerlo:
Llega, ordena, y se va y ahí deja, todos los cortes hechos.
Hasta que no estén cosidos, (bajo la forma que tengan), no regresa.
Y , entonces, vuelta a empezar.
Raíz de jengibre
¿Tiene, acaso, (del jengibre la raíz), nombre?, ¿se la conoce de otra manera que no sea parte, (la soterrada, el sustento), de lo que sí, de alguna forma, se llama?
Preguntas te harás cuyas respuestas no te responderán, (irán a su aire).
El reno se alimenta, única y exclusivamente, de Sinequio, (árbol que enraíza en la niebla y sostiene ramas horizontales, verdes y circulares, solamente dos), de cada una de las cuales surge un fruto que mira inquisitivamente. Así discierne a quien devorará, y a quien consentirá devorarle.
Sigue, (el animal), en vez de arrastrarlo, (sin látigo, con mirada solamente le arrea), a un trineo verde y rojo Navidad, que de él escapa.
Bajo ellos, de igual época, el duende y Edneud (quien a todos los duendes de Pascua enseña).
¿Y en medio?::
el pájaro hormiguero, (en su rama muy solo y quieto), y el reptil que, pese a serlo, en dos patas camina, (dejando forma de corazón entre sus miembros al hacerlo), con compañía.
¿Y en su medio?::
mariposa de invierno con alas de las que sólo el contorno conserva, dejándose, a veces, llevar por el viento que la atraviesa, a veces en su contra yendo. Firma que con cada golpe, (de viento), mutará.
Verás, de frente mirándola, de jengibre una raíz, y ya escuchando, nítidamente, (sin el mínimo resto de tierra), su historia en tu cabeza, decidirá ella, (la raíz, el origen), qué te cuenta.
A su aire, en su medio.
De la raíz de jengibre, serie.
Caramelo de fresa con palo y relleno de chicle
Hoy, (conversar contigo… ¡el camino ese!), llegué a un lugar del que no guardaba memoria significativa alguna.
Se mostró como globo ocular en un rostro apareciendo, (desapareciendo), en las nubes de distintos tiempos, (y como cinta de sudar el palo, caramelo el cierre, en frente de cúmulo amarillento, y como…).
La fascinación de aquella niña al ver,( ¡lo que nunca primero!), ese, intacto, me fue entregado, (regresar a un momento feliz, al que solamente tuyo siendo, no habrías, de otra manera, alcanzado).
No está en tu mano, (de la mía hablo), recordar lo que alguien más evocará independientemente de su intención buena, (a este tipo de persona me refiero aquí, a las otras no), en tu mente, en tu sentimiento y hasta en tu cuerpo.
¿Qué palabra, (sonido, gesto…), te llevará allí de donde no te habías vuelto a acordar, ni relevante en absoluto, (esta clase de memoria traigo aquí, no otras), lo consideras?
Encontrar el recuerdo será como rebuscar apariciones, con otras mezclándose, sin confundirte confundiéndose, (de estas hablo, las confusas son otras), entre nubes a cámara rápida, (desenfrenada), y borrosa. Desenfocado y mezclado con los demás de toda la vida, (sin orden ordenados). Reconocerle y ser capaz de congelar, en el momento preciso, la imagen que lo contiene.
Entre memorias, (olvidos), que no lo serán hasta décadas después y en un conjunto que, hoy, reinterpretarías, (si eso fuese lo que pretendieses, consintieses, que no lo es), de una manera diferente. Conjunto que pinta, (manteniendo el escenario original), una escena, (varias incluso), bien, (mal), distinta.
Pero le dejas llegar como está, (sin que nadie más lo haya vuelto a visitar pues sola lo descubriste, lo presenciaste), decidiendo, (así de generosa te encuentra), que así se quede.
Necesitarás gafas con lupa, (como usa el relojero para construir lo que el tiempo medirá), en color pez payaso, y, bajo ellas, siendo el palo boca recta, a su izquierda, encontrarás aquel caramelo de chicle relleno.
Hoy sé, (apartando alguna otra cosa más), que nunca fue, aquel dulce, de sabor a fresa, (¡el primero, de su especie, en aquel lugar!), más que un recuerdo de chicle pues, (¡palabra de fabricante!), sabía a cereza.
Evocación, (acompañando y acompañada), de lo más diminuto, (lo más grande): ¿conoces fresa, (cereza), con sabor que se le pueda asemejar?
PS: el tipo de “frente de cúmulo amarillento” del primer párrafo de esta entrada es esta última foto girada 180 grados.
Botín de hilo
Deja aparecer lo que aparezca y, tras ello, hazte cargo de que de ti no viene sino a ti, (que a ti llega), para guardarlo, desecharlo, o para irse a otro lugar que no seas tú, que, (ojalá que, tras el número de apariciones consentidas que requiera), ya no serás quien eras.
El botín de hilo, de verdad, lo es.
Y lleva una flor, (de mentira), también, (como de ‘pega‘ ,de verdad, como esa muerte que me comentas).
Y ese hilo que le sale del escote, (que senos no requiere), ¿a qué más allá se dirige?
No lo cortas, ni lo estiras, ni lo recoges, ni de él tiras. Le dejas que adorne, que cuelgue, que…, con el destino de los hilos, cumpla: llevarte a algún lugar, solamente, si les sigues.
El botín de hilo es de tacón alto.
Hazte, de esa carga, cargo.
En ocasiones vendrá a calzarte, a pisarte en otras, la mayoría no pasará ni por tu lado. Me dices que, del dolor, te mató su taconazo pero bien sabes, que, sin estar mintiendo, verdad no dices.
Hilaste un botín de verdad, (mentira), de hilo, de tacón alto, y fino.
Pizarra
No escribas de no ser en superficie de pizarra de la que puedas eliminar por completo tus palabras de tiza. Con borrador que convierta en polvo definitivo el sulfato de calcio hidratado. Antes de hablar, piensa en alto viendo tu pensamiento escrito en pizarrón y, una vez así observado, descubre si es reflexión o vómito de polvo de yeso.
Sinequi es pizarra desgastada por el uso, (y el tiempo, y sus inclemencias, y su paso). Garabateada hoy, escrita, (ayer), mañana. Marco de un rayo de tiza atravesando, (con fuerza, a veces para ser relámpago, invisible a ratos), un cielo nocturno y nublado de tormenta. Aspadera de hilo de yeso desmadejado.
Tres letras, siete, ninguna, nada.
Nada.
Pizarrón de los de antaño tras haber, de su superficie, borrado, (del todo nunca), el rastro blanco. En donde anotar frases para olvidar, (que recuerda).
La impotencia, la tristeza, la rabia, (la belleza) …: garabatos en un encerado de antaño.
Trazos que trazas.
Traza, (y rastro).
Restos de lo que otros en ella trazaron, (aunque los haya borrado).
Teja para tejar, pavimento que pisar, ornamento…
¿La has llegado a tocar?,
¿notado la delicadez de su grano?,
¿su textura opaca y tenaz, que, si a trozos, en láminas?
¿Acudiste al lugar aquel del río de aguas plomizas de donde procede?
Ve y contempla qué le acabó por hacer a, (para qué la preparó),
aquella pizarra.
Caballero mata dragones
Escena del “caballero mata dragones”
Cubre su faz.
Siempre había ido a visitar, a estos dos dragones, a rostro descubierto.
Años, y años, y años, tantos, como los dragones, en su vida, vivieron.
Pero no hoy.
Ocultación no, protección indispensable.
Que la golpearán lo sabe.
Estas bestias encuentran en los pasos de frente y conciliadores, no confianza, sino amenaza, (provocación violenta). Es, a traición, como comprenden que, el mundo, se comporta. No importa, lo que se muestre, (durante años, y años, y años, todos los que los dragones viven), así son hasta su muerte, (a la que llegarán, inexorablemente, matando).
Y monta caballo ‘ bipático‘, (que, de haber tenido pies habría sido bípedo y, además, es simpático), con una cola larga que bien podría servir, (si fuera, él, otro), de látigo.
Enfrenta, a dragones, dos.
Y lanza, (ya que palabras enteras no sirven), letras, al menos partes diminutas de invitación a la conversación.
El monstruo negro las transformará, de inmediato, en alaridos, (gritos de guerra y dolor para los demás, y para él mismo).
El verde las regurgitará, hirientes y retorcidas, sin apenas ruido.
¡Malditos los tres!, ¡malditos!
Trata como hermanos, (humanos), a los animales, y asume, (acéptalo), que procederán de acuerdo a su naturaleza y no a tus años, y años, y años.
Serie del dragón verde del “Caballero mata dragones”
El caballero mata dragones lleva una coleta, (sobresaliendo de la malla que cubre su rostro), roja como, de su zapato, la suela. Como sus ojos.
Como su único ojo, en dos, (por el medio), partido.
Los pintó como regalo, (para estos dos dragones), de despedida, (mostrarse, por una vez, para lo que tendrá que disfrazarse, como ellos la miran).
Cabalga un equino casi, (pues de algo blanco en su cola, o en sus crines, carece), palomino.
Lanza con apenas fuerza, y al trote, su arma, (única y exclusivamente hecha de materiales nobles), que, según avanza, es:
pluma (lanza palabras), dardo, (para poder alcanzar el objetivo), o Shuriken, (aquellas estrellas arrojadizas de los ninjas a los que, con su disfraz, el caballero, algo se asemeja).
Estrellas, perdiendo luz, camino de estrellarse.
Ha de lanzar tinta roja como rojas las miradas de los dragones y del caballo (cuyos ojos, de este último, son espejos que reflejan las vistas de esas bestias que no son él).
Sabe que a oscuras todos desaparecen, (animales y humanos), y sólo se verán los ojos, (incluso si cerrados), del daño, (de los dragones, y del metal si como arma usado).
Pero va, incluso así vestida, a las claras.
La alimaña verde puede desplegar su rostro del contorno de su cabeza y atacarla en un instante permaneciendo, a ojos de quien no la tenga en frente y cerca, (su cabeza), en calma. Allí regresa tras cada uno de sus ataques preventivos, (perversos siempre), siempre. A su cobijo inestable, su mutable fortaleza.
Al hacerlo, se repliega: rostro en cabeza, en cuerpo testa y se convierte en…
dependerá de la vez.
La fiera negra atemoriza más a quien la imagina, (la piensa), que a quien la ve, pues con cada paso que da, se funde, se deshace rápidamente. Por eso no abandona nunca su cueva en donde, atemorizando, (atemorizada), ruge.
No apareciendo, desaparecer, previene.
A no ser que vaya tras la alimaña verde, en cuyo caso, permanece.
El caballero mata dragones, a nadie, (a nada), mató, su crimen salir de esa cueva y sus alrededores.