.Frank en Stein.
.Frank en Stein.
Está, Frank, en Stein ¡y cómo lo goza!
Tantos tumbos había dado, (de tumbado, de boca arriba, de abajo, de lado…), que no esperaba ya, (ni desesperaba), sitio alguno encontrar en el que, su presencia ninguna reacción ocasionase.
Pero se topó, con él, con uno (dando un paso le alcanzó).
El lugar ese en donde no importa qué forma, ni qué apariencia tienes ni, si de ella careces siquiera (siempre que el corazón, en lugar debido, guardes).
Disfruta de la vista poniéndose los dedos en los labios como si estuviese quitando, de las pipas del girasol la cáscara sin necesidad de mostrar los dientes, y sabiendo que, (lo que nunca tuvo), una mano, en cuya lengua, (mirada, sentimiento), se entiende, reposa sobre la parte superior de su frente.
Todas sus posesiones, (pensamientos), las guarda, hasta nueva orden, en la caverna que habitó junto con esa cara enorme de la que solamente ahora, viene a entender el mensaje.
.Los drenantes de caballos.
Le consideran una rareza, de monigote una especie con quien no comparten ojos ni cabeza, que por ahí anda, como levitando, (eso todo lo que no sea seguir, de ellos, los pasos, es), por vericuetos que a ningún lugar autorizado, (respetable), puedan, (por mucho que los hechos confirmen lo contrario), llevarle.
Y eso les autoriza, (como uno actúan, dos son), a perpetuidad, a drenarle, (obligándole a él, en aplicación de la ley esa, a consentirlo).
.El caballo drenado.
Está, el caballo, en constante diálogo entre su frente y su hocico.
Sabe, la una, que la están vaciando de contenido, de significado; tiene, el otro, dudas, o explicaciones para aceptarlo.
Acaba, el uno, por asumir que carece de final, (con fin), el proceso, (será insuficiente el vaciado completo, continuará con convertir, el vacío, en mentidero); ignora, la otra, cómo zanjarlo.
Y mientras, un mismo tronco, con entradas y salidas dos, le atraviesan.
A costa de su alimento, (para hambrientos continuar, succionando con labios que dicen lo contrario estar haciendo), se alimentan.
.Ladrón drenante.
Actúa, el ladrón drenante, con antifaz, (ocultación) y sonrisa, (burla y satisfacción).
Ni un solo pelo de tonto tiene.
Disfrazado como de perrito dulce y bueno, por ello, se conduce, naturalmente, despatarrado con las gónadas así, ¡como de ser ha!, al aire.
Dice ser uno y carecer de plan alguno, pero alimenta a un mismo tronco, del que dos forman parte .
Tiene, el caballo, cabeza, no hay lugar del que salir no se pueda de conseguir mantenerla, a ella, en su sitio.
.Samurái con barbilla puntiaguda.
Samurai tiene esposa, y aquí está su cara
.Samurái de barbilla puntiaguda.
Samurái tiene nariz tan chata que como cortada; ojo de un planeta rasgado en vertical; y barbilla alargada y puntiaguda tanto que, con sólo rozarla, te hace sangrar.
Carga en la boca lo que, siendo catana, podría parecer, (¿de pelo pincho?), alguna otra cosa.
Parte superior de la cabeza rasurada, como ha de ser, y a punto de recogerse en un moño el pelo sobrante.
Nuez prominente que no se sabe si ha sido incrustada desde afuera o surgido, como su deber es, desde el interior de la parte frontal del cuello.
Su voz no sé.
Es hombre que, de con mujer hablar, será sólo con la suya y con nadie más habiendo presente.
De andar dando por ahí, alrededor, vueltas, se encontraría figuras, apariciones, seres… que enfrentó, (o enfrenta), y le definen.
Más no se mueve.
Ahora espera a que la batalla, de haberla, le encuentre.
Tiene hoy, sin ir más lejos, (más cerca), a un ninja cara a cara que piensa que, tan camuflado está, que no le ve.
Pero Samurai, a estas alturas, ya sólo atacará si es para defenderse, no por a quién ve o no ve de tan cerca.
El samurái se llama Samurái pues hay veces en que tu profesión, (ocupación, oficio, …), es tu nombre.
El otro, (suyo), solamente lo pronunciará la mujer suya y cuando nadie esté presente.
.La mula y la alforja.
Para lo que anotas, cuatro posiciones de la imagen debieras poner.
Una, y sola, dejas.
Tiempo, y alentar, a la otra parte, (del lado al otro), a ello hacer.
.La mula y la alforja.
Descansa, la mula, dejando caer sus alforjas mientras reposa, en pie, empujando su cara alargada sobre cualquier árbol que se lo permita.
Le da vueltas la testa, así le sucede siempre que, por asalto, sin permiso, recuerda todo lo que, con el morral, ha, más que hecho, sido.
La fuerza de qué corriente guiaba a las árguenas, por todo medio, a cualquier sitio.
Todo lo que erguidas, juntas, caminaron como si, de todo baile, fueran pareja, (como si no hubiera habido evento que, en fiesta, no hubieran convertido).
Cuando despatarrada, pretendía que los bolsillos de la talega eran un gran sujetador de otro tipo de hembra.
Y…
Su alforja, (única compañía), compañera y ella; y la marea, (el mareo), de lo que fueron, al suelo vacío cayendo.
.Atnafele y Elefanta.
Atnafele es, al revés, Elefanta.
Aunque sólo a ellos te presente, en realidad, a quien más miraré, es a la noche que, (no sólo, pero también si tumbados), les rodea.
Es gracias a ella, y a como se conduce, que ellos pueden aparecer.
.Atnafele.
Es, Atnafele, un Dios con sombrero negro de ala ancha a donde, a través de sendos agujeros, lleva, a sus ojos, a asomar.
De carecer de otro cuerpo se diría que su cuello repta hasta, en el tocado, encontrar ese lugar adecuado en el que colocar su mirar.
Pero torso, sí que tiene, con en su medio un pico de ave acicalando una única pluma alba, y con sus hombros cubiertos por solapas grises de, a la medida hecha, chaqueta.
A sus ambos lados, dos columnas le limitan, (¿le sujetan?), y sus rostros no se sabe si con complicidad se miran o, en realidad, se enfrentan.
.Elefanta.
Alcanza, Elefanta, el mundo de otros vivos, (de otras vidas), en vez de volando, (reptando), poniéndose boca abajo y dejándose caer a cuerpo muerto, muy vivo, con planeo planeado desde el principio que alguna vez rotará y alguna hará algún giro (algún otro rostro mostrará).
La elefanta sin colmillos y con ojos cándidos, (que le consienten ver lo que ve y no lo que mira), tiene trompa larga, aplastada y más sinuosa que retorcida que deja reposando como si el descanso fuese, de alguna manera, en sí mismo, un camino.
Tiene, Elefanta, cabeza y trompa solamente y, ya con eso, le basta y le sobra para la tarea que de frente, (en su interior), tiene.
.Metot.
No preguntarás.
No están aquí para responderte sino para, (cuando quieren, cuando puedes), lo que muestren, mostrar.
Aunque ‘de sobra’ lo sabes, ‘de falta’, a veces, preguntarás.
.Metot.
Dime, Metot,
¿a qué objeto, animal o planta representas?
¿estás tallado en qué?,
¿eres, con ese aspecto, madera, o tela, o materia viva, (porque piedra dura no, ni…)?
¿a qué clan he de encontrar en tu camino para que sola yo, (ni eso a veces), vengas a protegerme, a revelar mi linaje, a mi identidad garantizar?
Dime, Metot:
¿cómo es que estás suspendido y no en tierra firme?
¿aguardas, acaso, mi llegada para ir a buscarme y ahí anclarte, (anclarme)?
¿qué ven tus ojos, a los pies del equilibrio inestable en reposo balanceándose, conectados?
¿qué lleva el hatillo de tela sucia colgado del pico de tu pata?
¿vas hacia dónde, vienes de qué?
Dime Metot, ¿podrás?:
Así, mirándome de frente como lo haces,
sin que ninguno de los chillidos de tus colores me despiste,
¿qué he de hacer para que cuando en, (sin), vela, me veles?
¿qué consonante pronunciar en, del paladar, el velo?
¿qué luz apagar para que la película ésta no se vele?
.Gusano rosa y feliz.
El gusano, abandonado un día, es, hoy, rosa y feliz.
De su lado más oscuro emana, perfectamente ordenado y transportado por hilo (de no seda, de pelo negro), luz (tenue, tranquila, serena).
.Gusano rosa y feliz.
El gusano rosa y feliz vive en un zapato que tiene por punta una nariz.
De él salió, y sale, aunque, en él, nunca haya entrado.
No sabe cómo es que apareció allí o quién en semejante lugar le dejó abandonado antes de que recuerdos tuviera, memoria, y de que su cuello saliese con tanta fortaleza sujetando una boca bien abierta que se confunde con su cabeza hasta parecer que la devora.
Se desprenden, de su cuerpo, algunos hilos negros, muy pocos, es que es gusano de pelo, no de seda.
.Perro de oreja roja.
Es perro de oreja roja y boca negra, de cuerpo fino, y pata muy gruesa con dedo, solamente uno, sin uña.
Cabeza con cabeza con un ser de ojo de rosa difuminado y casco de visera negra, o con habitación oscura y luz tenue y mate.
Y muslo parlanchín con boca en la entrepierna.
Se vuelve, las lombrices de tierras, completamente locas por él.
.Aspirante aspirador.
Es tipo con tal cabeza que mirar al frente y atrás, al tiempo, le consiente.
A algún lugar llegar aspira, (y lo consigue), mientras la base de su cuerpo, aspirando va, los desechos que, para alcanzarlo genere, asegurándose de que, como huella, sólo la de las plantas de negros pies deje.
.Ave faraón.
Es ave faraón malhumorada cuya cola le señala, (mareando a la parte posterior de su cabeza que a discutirle se pone), directamente, ruta que seguir exactamente contraria a la que lleva.
.Sol pastel.
Y un día, que hoy es, te visitará más que la quietud, la parálisis, (y la confusión, y el desconcierto, y…), dejándote, (ese, a la suerte, abandono), sin herramientas con que comprender qué está sucediendo.
Porque estará aconteciendo nada, o, de los habituales acaecimientos, (los cimientos esos), ninguno.
Esta vez, no es que no sabes, todavía, (que tiempo has de concederle), qué quiere decirte él.
Es que quiere, que no le escuches.
Es que algo tiene que pedirte:
que le mires solamente, a él, desde sus ángulos todos, y a de sus caras, (que más habrá de las que conserves), así, sin más, (te inspire, (expire), lo que fuere).
Y eso haces.
Como, de los niños, el que cree que su madre, de ese desconocido asunto, mucho más sabe que él, y, pese a toda duda, la obedece.
Aunque ignores cómo se puede solamente contemplar sin añadir al pensamiento, (a las emociones, a las reacciones), palabras que le, (las), acompañe, (acompañen), que no le, (las), deje, (dejen), abandonado, (abandonadas), tan a su suerte, tan, a solas solo completamente.
.Sol pastel.
.Pajita, boina, maniquí y calavera.
Amenazan sombras con oscurecer recuerdos, alimañas con devorarlos, y sólo consiguen ocupar, entre ellos, huecos.
.Hombre con camisa y boina negras.
Decía el abuelo, (no es el recuerdo proporcional a, de palabras, el número, de momentos compartidos la cantidad), que lo que quita el calor, el frío quita.
Aquel señor sin estudios, ni luz (eléctrica), ni agua (corriente), sabía que, (leyendo hoy, yo, de la gorra la publicidad), esa “lana con forro interior de raso y badana en piel sintética, ofrece aislamiento tanto de frío como de calor y es transpirable”.
Aquel hombre del campo del entonces aquel, de vela de cera, de río, (nada corriente, nada, contra corriente), sabía que no has de fiarte de la apariencia de contradicción sino aprender pese a ella.
Sí, él lo dijo de su chaqueta de pana, llevando al burro Morito a pastar, y no así, pero, como tener, también tuvo boina que, pudiendo haber sido de otros lugares, lo fue, de donde él lo era.
Hoy lleva, (parte derecha), un tipo, chaqueta y boina negras. Cruza, de lado a lado su cara, una línea gruesa de vida entera.
Una niña, (con, a ambos lados de la cabeza, coletas, sin abuelo), disfruta bebiendo, de copa pequeña, con una pajita grande, negra, y de papel. Al terminar, la lava; soplando con suavidad y paciencia la seca; y la guarda, pues, segura está de que así, lo próximo que con ella tome, le gustará de igual manera.
Una mujer de parte superior del pecho y pelo negros, está dándose cabezazos con una calavera, que es como, así misma, propinárselos: algo le sucedió, corriente y no eléctrico, (de lo que conserva solamente una fina cicatriz cruzando su rostro de lado a lado), que a punto estuvo de convertirla en llamada Cala, y Vera apellidada.
Un maniquí de costura, (torso estilizado), en palo tan largo como la pajita que a los labios se lleva la niña que la seca, ahí está quieto, esperando a que alguien, que sobre él la vista pose, le vista de cera de vela.
.Becerro de no oro.
Nadie fundió sus joyas para crearlo, ni le idolatró, (ni a posteriori, como castigo a sus hacedores, le destruyó).
Sólo, el lugar en que surgió, le fulminó, y a su regreso, (porque reapareció), ya era uno, y no dos.
Ya compacto, (fundido), con otra textura y matiz en el color distintos, no iba a poder contar lo que el rostro, del cuerpo separado, (aparte de lo que de parte es), iba a contar.
Este riesgo se corre cuando aplazas conversación para cuando más tiempo puedas dedicarle dependiendo, además, de que, lugar, (de tu pensamiento aparte) haya, en donde lo inmutable guardar hasta a él regresar.
.Becerro de no oro.
Los perdidos no es tanto que lo estén ellos, (que quizás algunos lo están, aunque, seguramente, en otro lugar se encuentran), es que, para ti, así aparecen: extraviados, inaccesibles.
Un buen, (mal), día, abrirás esa ventana desde a donde a todos ellos accedías, y, con incredulidad que de tu memoria, (de la realidad esa parte), te hará dudar, presenciarás un espacio solo y vacío.
Encontrarás remedio puntual, parcial, pero las desapariciones no cesarán.
Aprenderás a, en adelante, conservar copia distinta, de lo que a través de la ventana esa veas, de otra manera, y en otro lugar.
No será todo, ni siempre, ni podrás, a lo que quedó, acceder para continuar como el original habría sido.
Pero un día, (ni malo, ni bueno), querrás honrar a lo que estuvo y ya no está, a lo que pudo haber sido y no será y hasta a lo que en el futuro sucederá de nuevo, y algo, (un resto), en otro lugar, almacenarás.
Será lo que queda del, (no de oro y perdido), becerro.
.Los dos trazos del becerro de no oro.
P.S: también es perder, (que desparezcan), trabajos, (hechos, y por hacer), Sinequi.
.Leonas.
¿Temerás a las leonas?
. Leonas.
LE es… ¡tan feliz!
Con su rostro de tan serio que casi amenazante,
su boca enorme con más una línea recta que labios,
y rostro de proporciones que la envejecen,
(que la hacen aparentar mucha más edad de la que tiene).
Pero, a ella, estos asuntos, no la perturban:
camina que más parece gacela que leona,
dice tener cuerpo de ave que en cualquier momento volando la puede llevar a cualquier lugar y,
si te mira, y, con las pezuñas, se limpia los dientes, es que le gustas.
Ya a eso, (no necesita que tú la correspondas), le llama felicidad.
LEO es león que perdió su melena.
Imposta la voz, (en las cuerdas vocales la fija para emitirla en plenitud que no vacile ni tiemble), y pone cara como de fiera para que nadie vaya a equivocarse y pensar que es hembra.
ONA viene de otra zona,
no se sabe si es animal o persona,
si está llegando o yéndose
si…o…
Pero, es que, a su parecer, son (ambas), una misma cosa:
uno ha de, de algún lugar irse, para a otro llegar, y, ¿no son, acaso, animales las personas?
No es nipona, ni llorona, ni anfitriona, ni cuarentona, sólo viene de otro lugar, (de otra zona).
.Los dos trazos de las leonas.
.El camello que anda.
.El camello que anda.
El camello descansa, (no podría ser en cualquier lugar, él no es cualquier cosa, ¡anda ya!), sobre arena blanca.
Sonríe pues disfruta de nada hacer mucho más que, de por ahí, cualquier cosa (a cualquiera) andar llevando.
Lleva puesta una silla de montar que nunca se quita pues le molesta el tener que, una y otra vez, nada andar ajustando.
El viento se está llevando, de la silla, la capota, pero no le importa porque, (eso dice, sonrisa dibujándose), su camellero, siempre anda con otra.
Anda algo jorobado porque le dicen que, en realidad no es camello sino dromedario y eso, le joroba.
Está tumbado el camello que sólo sueña despierto pues, si dormido, ve a criaturas y a escenas, que no comprende y le espantan y el considera pesadillas más dañinas que de tormenta de arena no blanca:
figuras que conversan pretendiendo comprenderse y con desconfianza y al acecho, se miran; y bestias que le atacan, y a él mismo en otras posturas, intentando, por ejemplo, atrapar un sobrero al vuelo que por ahí, (¿para qué lo necesitaría?), anda, y…
Está, el camello, tumbado,
así anda.
Ceras, cuadros escoceses y…
.Ceras, cuadros escoceses, y…
Me dice que es tartán a cuadros perteneciente a ningún clan salvo si, una época, semejante cosa fuese.
Y lápices (pinturas) Alpino que siempre muy afilados tener,
y colores a la cera “Manley” (los de dedos manchados y hasta por ellos perfumados).
Y gusto por mirar a través de la maleza, (tras cortina en patrón a listas, apartando nada) y encontrar, (de ella protegerse), la luz del día.
Y nombre, apenas visible, (con él mezclado), entre del tejido, (de la pintura), el color.
Que tal parece que estuviera contenida por tela de malla metálica amarronada, pero son tallos, cañas, vida meciéndose al compás de la brisa.
Y que así, sin nada más ser que Sinequi, la deje.
O me hablará, (bien sabe que del tiempo, (sinónimo, hoy, de entereza), para escucharla carezco), del sabor que las conversaciones pasando frente a ella dejan en, en formación todavía, las palmas, (tronco leñoso, penacho de, en la cima, hojas), de sus manos.
P.S: De verdad que el experimento éste que ya conversando con …
no sé a dónde me lleve.
Pero la dejo.
.Vaca, funambulista y rostros.
La vaca de ojos negros, boca abierta, y cola pequeña, está tumbada.
Algo, (una sombra a su espalda), la increpa.
A su frente, otra la reta estirándose para tocarla, pero ella, ahí continúa, (sin otros asuntos interesarle), sin inmutarse.
El rostro de pelo corto y flequillo irregular se corta el cabello así mismo y le pone, por nombre, (todo lo nombra, a nadie llama), “capa de murciélago con trabilla”.
Se tapa la boca con la mano con los dedos pulgar, corazón e índice plegados y otro estirado y así anda siempre,
como si para una foto estuviese posando,
haciéndose el interesante.
La funambulista es aleccionada por una figura cuya autoridad se adivina de la sombra de su uniforme de abrigo hasta los pies, y gorra y como con el dedo, (el arma), apunta.
Pero a ella ni esto, ni, a su otro lado ese tipo, esa mano, alargándose para despistarla, la perturba.
Guarda, (en él encuentra), su equilibrio en el aire.
Ninguna otra cosa, despierta su interés.
El rostro te mira, tras un antifaz, a los ojos directamente.
Tiene una camiseta por pelo y se dejó una especie de bigote y barba baja pues quiere fingir que de boca carece así ocultándola.
De hablar, sin embargo, (le veas o no los labios mover), no para
como si lo que cuenta que interesarte tuviera.
.Secreto.
.Secreto, (te cuento).
¿Te cuento un secreto, así,
en susurro cómplice mi mano acercada a mi rostro,
tu cuerpo al mío
tanto como para que la intimidad no te intimide,
que la cercanía no te consienta ver la verdad en, de mis lentes, el reflejo?
Hay confesiones que sólo una espalda, (sola y sin remedio), merece
¿acudiría yo, a dónde más, a confesar mis secretos?
Tengo un secreto, tapando mi boca ni a mí misma me lo cuento.
Nos (yo a él, él a mí), pertenecemos.
.Secreto (mujer partida).
¿Te cuento un secreto?
Secreto es una mujer partida en dos por una línea mitad cortante (recta), mitad sinuosa (obscura).
Cuando diestra, segura, (con razón), de que puede confiarte sus confidencias,
cuando siniestra, contando, sin preguntarte siguiera,
lo que imagina (sin cierto ser) es tu secreto.
Para en seco, (o en mojado de lágrimas de pena si el caso fuera),
sea quien esa mujer sea,
a quien, primero, imagina, (sin acierto), tus secretos y, a continuación, los cuenta.
.Secreto (perro).
Secreto es una raza de perro algo barbudo, gafotas, y con oreja erecta que todo escucha (ve).
Con nadie hablará nunca.
No podría,
(lo intentó en su momento y le convirtieron en perro).
No se habla con los vivos, los problemas, se padecen, (y se acallan), no se resuelven.
No contará sus secretos.
No se habla de los vivos,
no se cuentan ni verdades, ni sus mentiras,
eso está mal.
No se habla, (ni con una sola persona siquiera), de qué hicieron los muertos (eso es hablar mal).
Eso es maldad.
Secreto es un can,
lleva una vida de perros.
.Secreto (silueta).
Es silueta imperceptible el secreto, salvo que, dedicándole a partes iguales atención e imaginación,
encuentres, (en su cuerpo blanco), su boca abierta y su ojo negro.
Le delimita línea muy fina que, además, de tu propio contorno (límite) es la misma.
De apariencia inofensiva, insignificante, trivial, infantil incluso.
Susurra constantemente a tu oído, a tu cabeza, a tu nuca…
(si durmiendo, si en vigilia…)
asegurando,
de la tuya a costa,
la supervivencia suya.
.Balcón de palacio encantado.
.Balcón de palacio encantado.
El balcón del palacio encantado está en sala enorme de techos altos y abovedados en construcción aún.
Sus cortinas son telas rojizas,
espesas y pesadas que tal parecerían ser ropajes cayendo,
por su propio peso,
desde un cuerpo reposando,
(quizás posado),
en el dintel del hueco arqueado de la ventana.
En su medio una columna de madera a vetas alargadas.
El tipo que se tumba,
que reposa,
(que se posa en la parte superior del balcón a la calle, de un palacio encantado),
tiene los pies y el rostro rosados y una sola mano,
gigante,
que por ahí anda, ella sola, a su, (de la ventana), aire.
Un hombre rosa,
de rojo vestido,
construye a mano,
él solito, (acaba prácticamente de empezarlo)
un palacio encantando.
Está muy cansado.
.Hierba.
Sin partes leñosas permanentes.
Color renovación, crecimiento, armonía, y esperanza.
Talle estrecho, talla larga, tallo hoja.
Muerte al final de la estación de su vida.
Es hierba,
vive,
(con la soledad, la compañía que le…),
mientras,
(en donde), habita.
.Hierba.
Tiene, la hierba, otra cara al menos.
.Hex.
Hex me enseñó que su color es 253 de rojo, 236 de verde, y 166 de azul en escala hexadecimal, (lo que viene a ser fdeca6 en, (su), realidad).
.Hex.
¿Cómo podría no haber registrado su hilo?
Aunque sea uno solamente y tan fino y colgado (aprobado, suspendido).
Crees que recordarás a quien te enseñó, más, por si acaso,
anota, quién te mostró, (y lo aprendido).
No lo abandones,
(honrar al maestro, y a lo conocido, apartar a quien, por contraposición, sabrás que no te ilustró a ti y sólo se exhibía a sí mismo),
a la memoria.
Tendrá mucha tarea a la que su esfuerzo dedicar,
mucho amasijo,
madeja que fuera, (dentro), de ella, desenmarañar, (hilar).
Cada vez más, que será menos porque ya no seguirás el hilo.
Ábrete, entre los deshechos de hebras, paso
encuéntrate, al final del, del color ese, hilo.
.Caballero como del siglo XVI.
Hay veces en que, por mucho que procedan de los mismos trazos, (o te empeñes tú), las formas no acaban de cuadrarte en la escena, (ni en el relato), como a las que conservas, suele sucederles.
Sin eliminarlas, (pues no encajar, no pertenecer no significa),
una emerge, de todas las voces apropiándose, y reclama, en sus alrededores con quienes su historia no están contando, convivir.
.Caballero como del siglo XVI.
Es, como del siglo XVI, el caballero.
Tiene mirada de poeta romántico que ¡tanto!, (de lo malo), ha visto,
(de lo bueno añora ver).
De niño inocente que apenas nada, (ni malo, ni bueno), ha notado.
Así gira, su mente, en torno a ella misma una y otra vez para siempre regresar, (partir del), al mismo punto:
lo que ha experimentado, lo que le experimenta a él.
Su cara, a trozos, carece de cicatrices.
Sí, le han arrancado pedazos los duelos, (con floretes y sin ellos) pero, de alguna manera, se mantiene, se sostiene (con costurones de espacio vacío)
en su puesto.
Girado es perfil de …
con acolchado en la nuca, y boca cortada,
sobre cabeza de…
Lleva al pecho una medalla nunca ganada que es broche de no corbata, (no existen, todavía, en el XVI).
Su cuerpo fibroso,
(atlético, tonificado y vestido con malla ajustada),
que mantiene un equilibrio perfecto entre la masa muscular y el bajo porcentaje de grasa,
atravesó proceso, al de su rostro, igual.
De piernas carece.
Su nombre,
(entre metálico y látex que girado es gafa y florete y pluma, y pata y…),
le sostiene.
Hay quienes, por ello, creen que no es más que un maniquí, y a su antojo le visten, (le desnudan), o solamente le hace dar vueltas, (como si juguete fuera), que todo le desbarata, que lanza, por todas partes despedidas, a sus partes:
se convierten en muñeco muy corto de vista, dando la espalda a lo que no le apetece ver
(con su nombre por lentes, que así usa, porque el niño, (y lo que no ha notado todavía), necesita juguete que vea por él);
o en broche, cabeza y cuerpo en florete, boceto y peana, (tintero), tornan,
o en, de barro, figura su camino con desenfado, (sin con él estar enfadada tampoco), buscando;
y en escribiente con pincel metálico en pizarrón en posición de, ¿senrei, futsurei…?, escribiendo, pues,
el escritor atormentado,
habrá de saludar con el merecido respeto antes de atacar
(a él enfrentarse)
al vocablo.
Están equivocados,
es caballero,
(como del siglo XVI).
. Los dos trazos del “caballero como del siglo XVI”.
Si en dos estuviese partido, intentaría, hoy, devorar, (con pico, en formación, deformado; con labios de, en cuerpo en generación generándose), a su propio nombre, (gusano tranquilamente paseando ajeno al peligro que corre).
Corre, el peligro, tanto, que en cualquier momento puede alcanzarte, que no te pille partido, (o ignorante).
.Los Egros.
Egros son negros que lo son, y no lo son.
¿Les has visto en otro fondo, con distinta iluminación?
.De los Egros, Gero.
Anda siempre con la lengua afuera, Gero,
pero literalmente,
no como un decir,
tanto que, tal parece, en cualquier momento podría, así, fuera de su boca descolgada, perderla.
Siempre atareadísimo, con su sombrero de copa diminutísimo.
Eso cuenta.
Es porque no quiere aceptar, (ante nadie, incluyéndose a sí mismo), que le cuesta mucho esfuerzo caminar,
que le cansa esa pata, tan distinta de su otra pata, que le ha tocado llevar.
.De los Egros, Greo.
Tiene un caminar magnético Greo que se diría, no toca siquiera, el suelo.
Dicen que, por un mal viaje,
de esos caminares suyos,
en los que el magnetismo perdió,
tal bofetada se dio,
(contra ese suelo que nunca había tocado primero)
que la cara se le quedó destrozada por el medio.
Pero se te acerca,
(él recuerda quién es, no su cara),
directamente con su mirada,
y su andar
y su mueca magnéticos y,
como le veas la sonrisa,
estás (te va a dar a igual, de su cara, la otra mitad) completamente perdida.
.De los Egros, Egro.
Respira profundo y sereno Egro.
Ve,
lo que en frente tiene,
tranquilo.
La pesca,
al final de su ciclo vital,
le visita
y
a su pico llama para convertirse en su alimento (destino).
Con mesura siempre, sin gula, la ingiere.
Podría,
de necesitarlo,
volar a cualquier otro lugar pero
está a gusto,
(solo, sólo),
en donde está.
Fueron, los primeros Egros, los últimos: tres, de dos trazos cada uno, individuales, y grupo .
.Los dos trazos de los Egros.