Lluvia de tinta
.Lluvia de tinta.
Llueve tinta, y es como de estrellas fugaces diurnas.
Visible a plena luz, (bruma) del día, (sólo por, para, ello, oscura).
Tiene peso esta tinta de lluvia, idéntico en su origen y en su destino, en su trayectoria fino, recto, decidido.
Sólo ella sabe, desde el comienzo mismo, a dónde, y cómo llegará, (qué, del lugar en que se estrelle, revelará).
Y tú, sólo podrás, (y tendrá que pillarte, el horizonte contemplando), verla caer, (en horizontal, en vertical, en transversal), así en ti sea, recta, en su destino.
No te interpongas en los renglones que escribe la lluvia de tinta.
P.S: tiene, de todas las caras aquí escondidas, una, algo que decir.
De manecilla negra de reloj, cara
Llaman los maullidos al tiempo, siendo, sus labios, manecillas, de la boca sobresaliendo, al hacerlo.
Se ofrecen, (ellas), a sostener, del paso, su peso, siendo patas con que, (¿de desearlo él?), continúen en movimiento.
Creen, en su cima clavadas, conquistado haberlo por aparecer hincadas como una bandera señala un dominio.
Y terminan por ser, de gato, bigotes, a su cuello, caídos.
Son, las manecillas, negras, de un reloj y señalan, (con cada movimiento), un tiempo hallado, (perdido).
Manecilla negra de reloj
Tiene, también, en etiquetas, otra cara. Pero vea, ésta, primero.
La manecilla puntiaguda de reloj es negra.
Camina, ambulante, el vendedor que vende, (a su espalda acarreándolo y ni lo gana, ni lo pierde), tiempo que parece caminar de puntillas con delicadeza de bailarina de ballet, siendo, a la espalda, carga.
Ni de pared, ni de muñeca.
Señala la dirección sin hora, y él, a contra reloj camina, (y a pasos que marcan “tic, tac”), brazo izquierdo hacia atrás cuando hacia adelante la pierna derecha y viceversa, (como si algún lugar al que llegar tuviera, antes de que, de su tiempo, la cuerda se extinguiera).
Vuela el ave, con patas de manecilla, por manecillas dirigida hacia un adelante inexorable, en el que cualquier idea, pensamiento, que haya tenido, ha de quedar, abandonado, (¿suspendido?), en el tiempo de aire.
Es criatura de pico caído, negro y alargado, el tiempo; y está en pie.
Así quieto, (detenido), su espalda, que ya sabe lo que fue, no puede menos que sonreírse sabiendo a su presente así, con ese deseo expectante, mirando a lo que por venir esté, (sea cual sea la complejidad incomprensible de su apariencia), y sujetándolo con, de manecilla, su brazo.
Todo antes de saber, que no es ya tiempo de acercarlo o apartarle.
¿Has mirado, alguna vez, del tiempo, bajo su tablero?
¿indagado bajo de, de su mesa camilla, sus faldas?
¿qué dibuja su manecilla si doblas, del reloj, la esfera?
Es negra, del reloj, la manecilla.
Con ella, lo que a cada momento sucede, en su suelo, tirado queda.
Mariquitas
Comentan, de los recortables, el tener lengüetas, (lo que tú creías que eran pestañas son lenguas).
Ahí colocados, ¿eran, de no cortarlos, ojos sin mirada o bocas a punto de vaciarse de palabras?
Lo que un corte muestra, (demuestra)… y la cuchilla en tus manos…
.Mariquitas.
Empieza con jugar a convertir dibujos infantiles en personajes con sus vestimentas y en papel.
Continúa vistiendo a juguetes, (cualquiera), existentes.
Pero cuando ya la figura da el paso de ir a convertirse en pieza de 3d con entidad propia, llegó el momento, de aprender a cómo eso diseñar, y/o de llevarla a otra bitácora que no es ésta.
In memoriam de las mariquitas, (y demás actividades), de las infancias propia y ajenas que sólo sobrevivirán, (de eso suceder), en la memoria. Y, ya de paso, del significado, de la palabra, en el papel.
Criatura de su caverna saliendo
.Criatura de su caverna saliendo.
La criatura sin cabeza, y de un sólo un brazo, sale de su caverna.
Su piel parece una malla apretada, (con color copiado de la humedad de alguna, del lugar, piedra), que la sujeta entera convirtiéndola en silueta.
Aparentan, sus piernas juntas, ser parte inferior de un tronco que será, en su parte superior, mucho más robusto.
Pero sí que las tiene y con pies a pasos cortos y rápidos, se mueve.
Recoge agua de la charca cercana y, sobre ella del cielo, sol.
Les guarda, (en su piel y en su estómago), y retorna a su guarida.
A donde, para suya hacerla, a brazo, y cabeza, (ambos tajó), renuncia:
a él, por empeñado en dibujar los monigotes esos inútiles e irreconocibles por completo,
a ella, para que dejase de ver lo que a su brazo obligaría a, con ellos, el tiempo perder.
Y sale, y se guarda, del agua el dulce y del sol el calor y a su gruta regresa.
Allí, a donde, sin importar qué se haya hecho, sigue, lo que ve, (verá), viendo.
El mago anciano de cabello y barbas, (y bigotes), poblados, y largos, y dorados, habita, de la gruta, una pared, (dependiendo del momento su suelo, o el techo también) y su brazo, (con la manga de su sayo tan amplia) sujeta todo lo que la criatura llegará a ver, (a no ver), alguna vez.
La liebre, (tan veloz y despierta siempre ella), corre y, con ello, tal parece que sus orejas estén horizontales en vez de…lo hace sobre animal negro a rayas claras, con quien, (otro más aparece), compite en carrera que, a ambos, les encanta.
¡Cuánto mundo no recorrería de no ser, en realidad, parte de la cabeza de otro ser, (el de, en la pared, pintura)!
La bestia de la caverna, (con sus orejas enhiestas, su cornamenta al cuerpo paralela), mira a la pared, (en donde reflejo de sí misma encuentra), y la enfrenta berreando con su boca bien abierta.
Hay, en la caverna, más humanos, y tienen caras.
Caras de la caverna
Es el muchacho, de pelo color del limón la cáscara, feliz.
A su manera, (que abriendo por completo la boca es), ríe, aunque poco se le note con la tela que, en desorden, su rostro venda.
Un tipo con turbante cubriendo su cabeza, chilla del dolor que le produce el enorme colmillo que le está saliendo.
Tanto abre la boca para que el quejido salga, que está casi, en dos partiéndose, su cara.
Sólo ella, (ese es su secreto, su tesoro), la reconoce.
Como pudo, (cuando cabeza, y su otra mano, tenía), la pintó, pues no quería olvidar a la rubia de rostro celeste que un día conoció en el agua.
Viven, ni se sabe cuántas formas las acompañan, en la caverna.
Cara de Frank en Stein
.Cara de Frank en Stein.
Esta cara la cueva de Frank custodiaba.
Solamente, al regresar él cada día, de buscar lo que no encontraba, le miraba.
Nada nunca le contaba salvo, a diario, una sola vez y la misma siempre, una cifra:
“uno… uno… uno… uno…”
Y Frank, así, a otro día más, (uno), paso daba.
Hasta que a Stein encontró.
¿Qué diría, ahora, la cara, si te le acercaras?
Frank en Stein
.Frank en Stein.
Está, Frank, en Stein ¡y cómo lo goza!
Tantos tumbos había dado, (de tumbado, de boca arriba, de abajo, de lado…), que no esperaba ya, (ni desesperaba), sitio alguno encontrar en el que, su presencia ninguna reacción ocasionase.
Pero se topó, con él, con uno (dando un paso le alcanzó).
El lugar ese en donde no importa qué forma, ni qué apariencia tienes ni, si de ella careces siquiera (siempre que el corazón, en lugar debido, guardes).
Disfruta de la vista poniéndose los dedos en los labios como si estuviese quitando, de las pipas del girasol la cáscara sin necesidad de mostrar los dientes, y sabiendo que, (lo que nunca tuvo), una mano, en cuya lengua, (mirada, sentimiento), se entiende, reposa sobre la parte superior de su frente.
Todas sus posesiones, (pensamientos), las guarda, hasta nueva orden, en la caverna que habitó junto con esa cara enorme de la que solamente ahora, viene a entender el mensaje.
Los drenantes de caballos
Le consideran una rareza, de monigote una especie con quien no comparten ojos ni cabeza, que por ahí anda, como levitando, (eso todo lo que no sea seguir, de ellos, los pasos, es), por vericuetos que a ningún lugar autorizado, (respetable), puedan, (por mucho que los hechos confirmen lo contrario), llevarle.
Y eso les autoriza, (como uno actúan, dos son), a perpetuidad, a drenarle, (obligándole a él, en aplicación de la ley esa, a consentirlo).
.Los drenantes de caballos.
Está, el caballo, en constante diálogo entre su frente y su hocico.
Sabe, la una, que la están vaciando de contenido, de significado; tiene, el otro, dudas, o explicaciones para aceptarlo.
Acaba, el uno, por asumir que carece de final, (con fin), el proceso, (será insuficiente el vaciado completo, continuará con convertir, el vacío, en mentidero); ignora, la otra, cómo zanjarlo.
Y mientras, un mismo tronco, con entradas y salidas dos, le atraviesan.
A costa de su alimento, (para hambrientos continuar, succionando con labios que dicen lo contrario estar haciendo), se alimentan.
.Ladrón drenante.
Actúa, el ladrón drenante, con antifaz, (ocultación) y sonrisa, (burla y satisfacción).
Ni un solo pelo de tonto tiene.
Disfrazado como de perrito dulce y bueno, por ello, se conduce, naturalmente, despatarrado con las gónadas así, ¡como de ser ha!, al aire.
Dice ser uno y carecer de plan alguno, pero alimenta a un mismo tronco, del que dos forman parte .
P.S: tiene, el caballo, cabeza, no hay lugar del que salir no se pueda de conseguir mantenerla, a ella, en su sitio.
Musita
Musita tiene esposo y está aquí.
.Musita, de Samurái la mujer.
La mujer de Samurái cubre su cabeza con pañuelo de color rostro del hombre.
La piel aceitunada de su cara es tan fina que cualquier brisa la mueve y la saca de sus bordes.
Sus ojos negros más que cuencas parecen ser lentes (todo lo que ve filtran liberándola de lo que ya pasó que ver no quiere).
Sujeta, su cabeza, (como si pincho de pelo hubiese sido siempre), la catana que a Samurai le une.
Su boca siempre entreabierta, antes que hablar, (como el viento que partes de su cara estira), musita.
De ahí procede su nombre, y de ser musa, (esa que la catana en pincho convierte), de la única persona, (hombre), que lo pronuncia.
Samurái con barbilla puntiaguda
Samurai tiene esposa, y aquí está su cara
.Samurái de barbilla puntiaguda.
Samurái tiene nariz tan chata que como cortada; ojo de un planeta rasgado en vertical; y barbilla alargada y puntiaguda tanto que, con sólo rozarla, te hace sangrar.
Carga en la boca lo que, siendo catana, podría parecer, (¿de pelo pincho?), alguna otra cosa.
Parte superior de la cabeza rasurada, como ha de ser, y a punto de recogerse en un moño el pelo sobrante.
Nuez prominente que no se sabe si ha sido incrustada desde afuera o surgido, como su deber es, desde el interior de la parte frontal del cuello.
Su voz no sé.
Es hombre que, de con mujer hablar, será sólo con la suya y con nadie más habiendo presente.
De andar dando por ahí, alrededor, vueltas, se encontraría figuras, apariciones, seres… que enfrentó, (o enfrenta), y le definen.
Más no se mueve.
Ahora espera a que la batalla, de haberla, le encuentre.
Tiene hoy, sin ir más lejos, (más cerca), a un ninja cara a cara que piensa que, tan camuflado está, que no le ve.
Pero Samurai, a estas alturas, ya sólo atacará si es para defenderse, no por a quién ve o no ve de tan cerca.
El samurái se llama Samurái pues hay veces en que tu profesión, (ocupación, oficio, …), es tu nombre.
El otro, (suyo), solamente lo pronunciará la mujer suya y cuando nadie esté presente.
La mula y la alforja
Para lo que anotas, cuatro posiciones de la imagen debieras poner.
Una, y sola, dejas.
Tiempo, y alentar, a la otra parte, (del lado al otro), a ello hacer.
.La mula y la alforja.
Descansa, la mula, dejando caer sus alforjas mientras reposa, en pie, empujando su cara alargada sobre cualquier árbol que se lo permita.
Le da vueltas la testa, así le sucede siempre que, por asalto, sin permiso, recuerda todo lo que, con el morral, ha, más que hecho, sido.
La fuerza de qué corriente guiaba a las árguenas, por todo medio, a cualquier sitio.
Todo lo que erguidas, juntas, caminaron como si, de todo baile, fueran pareja, (como si no hubiera habido evento que, en fiesta, no hubieran convertido).
Cuando despatarrada, pretendía que los bolsillos de la talega eran un gran sujetador de otro tipo de hembra.
Y…
Su alforja, (única compañía), compañera y ella; y la marea, (el mareo), de lo que fueron, al suelo vacío cayendo.
Atnafele y Elefanta
Atnafele es, al revés, Elefanta.
Aunque sólo a ellos te presente, en realidad, a quien más miraré, es a la noche que, (no sólo, pero también si tumbados), les rodea.
Es gracias a ella, y a como se conduce, que ellos pueden aparecer.
Atnafele es un Dios con sombrero negro de ala ancha a donde, a través de sendos agujeros, lleva, a sus ojos, a asomar.
De carecer de otro cuerpo se diría que su cuello repta hasta, en el tocado, encontrar ese lugar adecuado en el que colocar su mirar.
Pero torso, sí que tiene, con en su medio un pico de ave acicalando una única pluma alba, y con sus hombros cubiertos por solapas grises de, a la medida hecha, chaqueta.
A sus ambos lados, dos columnas le limitan, (¿le sujetan?), y sus rostros no se sabe si con complicidad se miran o, en realidad, se enfrentan.
Elefanta alcanza el mundo de otros vivos, (de otras vidas), en vez de volando, (reptando), poniéndose boca abajo y dejándose caer a cuerpo muerto, muy vivo, con planeo planeado desde el principio que alguna vez rotará y alguna hará algún giro (algún otro rostro mostrará).
La elefanta sin colmillos y con ojos cándidos, (que le consienten ver lo que ve y no lo que mira), tiene trompa larga, aplastada y más sinuosa que retorcida que deja reposando como si el descanso fuese, de alguna manera, en sí mismo, un camino.
Tiene, Elefanta, cabeza y trompa solamente y, ya con eso, le basta y le sobra para la tarea que de frente, (en su interior), tiene.
Metot
No preguntarás.
No están aquí para responderte sino para, (cuando quieren, cuando puedes), lo que muestren, mostrar.
Aunque ‘de sobra’ lo sabes, ‘de falta’, a veces, preguntarás.
.Metot.
Dime, Metot,
¿a qué objeto, animal o planta representas?
¿estás tallado en qué?,
¿eres, con ese aspecto, madera, o tela, o materia viva, (porque piedra dura no, ni…)?
¿a qué clan he de encontrar en tu camino para que sola yo, (ni eso a veces), vengas a protegerme, a revelar mi linaje, a mi identidad garantizar?
Dime, Metot:
¿cómo es que estás suspendido y no en tierra firme?
¿aguardas, acaso, mi llegada para ir a buscarme y ahí anclarte, (anclarme)?
¿qué ven tus ojos, a los pies del equilibrio inestable en reposo balanceándose, conectados?
¿qué lleva el hatillo de tela sucia colgado del pico de tu pata?
¿vas hacia dónde, vienes de qué?
Dime Metot, ¿podrás?:
Así, mirándome de frente como lo haces,
sin que ninguno de los chillidos de tus colores me despiste,
¿qué he de hacer para que cuando en, (sin), vela, me veles?
¿qué consonante pronunciar en, del paladar, el velo?
¿qué luz apagar para que la película ésta no se vele?
Gusano rosa y feliz
El gusano, abandonado un día, es, hoy, rosa y feliz.
De su lado más oscuro emana, perfectamente ordenado y transportado por hilo (de no seda, de pelo negro), luz (tenue, tranquila, serena).
El gusano rosa y feliz vive en un zapato que tiene por punta una nariz.
De él salió, y sale, aunque, en él, nunca haya entrado.
No sabe cómo es que apareció allí o quién en semejante lugar le dejó abandonado antes de que recuerdos tuviera, memoria, y de que su cuello saliese con tanta fortaleza sujetando una boca bien abierta que se confunde con su cabeza hasta parecer que la devora.
Se desprenden, de su cuerpo, algunos hilos negros, muy pocos, es que es gusano de pelo, no de seda.
Es perro de oreja roja y boca negra, de cuerpo fino, y pata muy gruesa con dedo, solamente uno, sin uña.
Cabeza con cabeza con un ser de ojo de rosa difuminado y casco de visera negra, o con habitación oscura y luz tenue y mate.
Y muslo parlanchín con boca en la entrepierna.
De él, como puede, (será supervivencia), escapa cualquier gusano que se lo encuentre.
Es tipo con tal cabeza que mirar al frente y atrás, al tiempo, le consiente.
A algún lugar llegar aspira, (y lo consigue), mientras la base de su cuerpo, aspirando va, los desechos que, para alcanzarlo genere, asegurándose de que, como huella, sólo la de las plantas de negros pies deje.
Es ave faraón malhumorada cuya cola le señala, (mareando a la parte posterior de su cabeza que a discutirle se pone), directamente, ruta que seguir exactamente contraria a la que lleva.
Sol pastel
Y un día, que hoy es, te visitará más que la quietud, la parálisis, (y la confusión, y el desconcierto, y…), dejándote, (ese, a la suerte, abandono), sin herramientas con que comprender qué está sucediendo.
Porque estará aconteciendo nada, o, de los habituales acaecimientos, (los cimientos esos), ninguno.
Esta vez, no es que no sabes, todavía, (que tiempo has de concederle), qué quiere decirte él.
Es que quiere, que no le escuches.
Es que algo tiene que pedirte:
que le mires solamente, a él, desde su ángulos todos, y a de sus caras, (que más habrá de las que conserves), así, sin más, (te inspire, (expire), lo que te inspire).
Y eso haces.
Como, de los niños, el que cree que su madre, de ese desconocido asunto, mucho más sabe que él, y, pese a toda duda, la obedece.
Aunque ignores cómo se puede solamente contemplar sin añadir al pensamiento, (a las emociones, a las reacciones), palabras que le, (las), acompañe, (acompañen), que no le, (las), deje, (dejen), abandonado, (abandonadas), tan a su suerte, tan, a solas solo completamente.
.Sol pastel.
Ceras, cuadros escoceses y…
Ceras, cuadros escoceses, y…
Me dice que es tartán a cuadros perteneciente a ningún clan salvo si, una época, semejante cosa fuese.
Y lápices (pinturas) Alpino que siempre muy afilados tener,
y colores a la cera “Manley” (los de dedos manchados y hasta por ellos perfumados).
Y gusto por mirar a través de la maleza, (tras cortina en patrón a listas, apartando nada) y encontrar, (de ella protegerse), la luz del día.
Y nombre, apenas visible, (con él mezclado), entre del tejido, (de la pintura), el color.
Que tal parece que estuviera contenida por tela de malla metálica amarronada, pero son tallos, cañas, vida meciéndose al compás de la brisa.
Y que así, sin nada más ser que Sinequi, la deje.
O me hablará, (bien sabe que del tiempo, (sinónimo, hoy, de entereza), para escucharla carezco), del sabor que las conversaciones pasando frente a ella dejan en, en formación todavía, las palmas, (tronco leñoso, penacho de, en la cima, hojas), de sus manos.
P.S: De verdad que el experimento éste que ya conversando con …
no sé a dónde me lleve.
Pero la dejo.
Pajita, boina, maniquí y calavera.
Amenazan sombras con oscurecer recuerdos, alimañas con devorarlos, y sólo consiguen ocupar, entre ellos, huecos.
Hombre con camisa y boina negras
Decía el abuelo, (no es el recuerdo proporcional a, de palabras, el número, de momentos compartidos la cantidad), que lo que quita el calor, el frío quita.
Aquel señor sin estudios, ni luz (eléctrica), ni agua (corriente), sabía que, (leyendo hoy, yo, de la gorra la publicidad), esa “lana con forro interior de raso y badana en piel sintética, ofrece aislamiento tanto de frío como de calor y es transpirable”.
Aquel hombre del campo del entonces aquel, de vela de cera, de río, (nada corriente, nada, contra corriente), sabía que no has de fiarte de la apariencia de contradicción sino aprender pese a ella.
Sí, él lo dijo de su chaqueta de pana, llevando al burro Morito a pastar, y no así, pero, como tener, también tuvo boina que, pudiendo haber sido de otros lugares, lo fue, de donde él lo era.
Hoy lleva, (parte derecha), un tipo, chaqueta y boina negras. Cruza, de lado a lado su cara, una línea gruesa de vida entera.
Una niña, (con, a ambos lados de la cabeza, coletas, sin abuelo), disfruta bebiendo, de copa pequeña, con una pajita grande, negra, y de papel. Al terminar, la lava; soplando con suavidad y paciencia la seca; y la guarda, pues, segura está de que así, lo próximo que con ella tome, le gustará de igual manera.
Una mujer de parte superior del pecho y pelo negros, está dándose cabezazos con una calavera, que es como, así misma, propinárselos: algo le sucedió, corriente y no eléctrico, (de lo que conserva solamente una fina cicatriz cruzando su rostro de lado a lado), que a punto estuvo de convertirla en llamada Cala, y Vera apellidada.
Un maniquí de costura, (torso estilizado), en palo tan largo como la pajita que a los labios se lleva la niña que la seca, ahí está quieto, esperando a que alguien, que sobre él la vista pose, le vista de cera de vela.
Becerro de no oro
Nadie fundió sus joyas para crearlo, ni le idolatró, (ni a posteriori, como castigo a sus hacedores, le destruyó).
Sólo, el lugar en que surgió, le fulminó, y a su regreso, (porque reapareció), ya era uno, y no dos. Ya compacto, (fundido), con otra textura y matiz en el color distintos, no iba a poder contar lo que el rostro, del cuerpo separado, (aparte de lo que de parte es), iba a contar.
Este riesgo se corre cuando aplazas conversación para cuando más tiempo puedas dedicarle dependiendo, además, de que, lugar, (de tu pensamiento aparte) haya, en donde lo inmutable guardar hasta a él regresar.
.Becerro de no oro.
Los perdidos no es tanto que lo estén ellos, (que quizás algunos lo están aunque, seguramente, en otro lugar se encuentran), es que, para ti, así aparecen: extraviados, inaccesibles.
Un buen, (mal), día, abrirás esa ventana desde a donde a todos ellos accedías, y, con incredulidad que de tu memoria, (de la realidad esa parte), te hará dudar, presenciarás un espacio solo y vacío.
Encontrarás remedio puntual, parcial, pero las desapariciones no cesarán.
Aprenderás a, en adelante, conservar copia distinta, de lo que a través de la ventana esa veas, de otra manera, y en otro lugar.
No será todo, ni siempre, ni podrás, a lo que quedó, acceder para continuar como el original habría sido.
Pero un día, (ni malo, ni bueno), querrás honrar a lo que estuvo y ya no está, a lo que pudo haber sido y no será y hasta a lo que en el futuro sucederá de nuevo, y algo, (un resto), en otro lugar, almacenarás.
Será lo que queda del, (no de oro y perdido), becerro.
.Los dos trazos del becerro de no oro.
P.S: también es perder trabajos, (hechos, y por hacer), Sinequi.