Ele Fanta y Atnafele
Ele Fanta es algo coqueta y alguna cosa más.
Hace, con una liana, de su pie acolchado, una alpargata, (no cualquiera, ¡de tacón!), con su cinta de atar trepándole la pierna y todo.
Se la come, también es verdad, pero es que, con lo suyo, (y con lo de los demás siempre que puede), hace lo que en gana le viene.
Se alimenta, (ella, ¡cosas de esas como zampar, o engullir!, no practicará): en dos fases que mirándote directamente a los ojos discurrirán:
primero como que la comisura de la boca aprieta, (al tiempo que los labios abre de manera insinuante), para atrapar alimento; (segundo) mastica de lado poniendo su cabeza,pues fingir modestia, (lo justo), es coqueteo también.
Esa torsión, hace que parezca como que un colmillo hacia abajo tuviera y otro hacia arriba pero también ese golpe de efecto, (aunque no fuese buscado), le compensa.
Tiene nombre y apellido, porque decidió que solamente un apelativo era, para ella, demasiado vulgar.
Atnafele hubiera querido llamarse algo más sencillo, (menos enigmático), pero no fue él quien eligió su nombre y, por más señas, uno, su destino acepta.
Vive entre rocas pulidas y grandes en las que perfectamente, encaja, para esconderse, para no ser diferenciado del paisaje salvo que sea estrictamente necesario, (que casi casi sería en caso como de vida o muerte).
Si necesidad de alimentarse tiene, (será cuando llega al límite de la supervivencia), se estira, sobre sus tres patas triangulares, tanto como puede para atrapar cualquier alimento que a boca tenga. Con su cola de marfil, (y triangular, y puntiaguda), de un tajo la corta.
Luego se retira y, en silencio de roca pulida, la ingiere.
Bajo superficie
Todo parte de un hilo de brillo fosforescente; de energía inagotable; de origen, (inicio), inidentificable.
Pero siempre, (todo hilo luminiscente), tuvo, (¿en la oscuridad?), un inicio, un origen.
Todo pende de un hilo que reposa en tierra firme, mezclada con arena, en equilibrio que garantice drenaje, nutrientes.
Hilo.
No lo mires, no lo veas, no le sigas, no le indagues.
Todo lo que construyes, (destruyes), de un hilo pende.
A poco que lo más nimio incluso, y ajeno, (de tu alcance, voluntad, esfuerzo fuera),
todo se derrumbará, (sin romperse, quedando capa sobre capa como de un castillo de naipes),en tu presencia.
Mira cerrando los ojos.
¿A dónde lleva, el hilo, bajo superficie?.
¿Estás, acaso, por, de la superficie debajo, bajo tierra?,
¿no a caso que alimento rezume, lo que de silencio, de descanso, de serenidad, (ajeno al ruido, al espacio, a la necesidad ajenas), queda?
Emerge, florece, (de bajo), sobre la tierra.
Quedarás, en principio, (todo comienzo, un hilo tiene),
suspendido, (y en suspenso)
Mira, oscuridad aparte, a parte de qué drenaje hilas.
Los cinco trazos de bajo superficie
Naza
Naza es a quien, de su misma entraña, su mitad han arrancado.
Aún ignora si la misma es, si dos (pedacitos), si una, si reflejo, si…
Se reclama, (por si acaso y por ello), como dos distintas una siendo.
Y así, individualmente, se rubrica,
(se marca paso que, en su lugar, la mantiene).
Habiéndole sido, la tura, suprimida, ignora cuánto durará, si es flauta de caña en ceremonia ancestral en época de hacer del maíz cosecha, o niña corta de edad, o Señora o…
Carezca de lo que una vez dispuso, (la conformó), o no, algo es:
Naza.
Naza, la sabia, expulsa savia, la llora, la vomita, la ingiere, la…
Su digestión convierte los deshechos y el dolor, (la angustia), en brotes, (más o menos), verdes.
Alguien, (algo), la presencia desde las ramas, (escondida, camuflada), perenne.
Un par de ojos saltones en hojas lacerantes… algún bicho de cabeza triángulo cortante, (isósceles, estirado, y verdinoso),
o...
Siempre.
Ignora, (de tura carece), hasta cuando más, mas hasta el momento, incesantemente.
Naza metaboliza hechos (des).
Los dos trazos de Naza.
Magua
Hay maguas que son, de la lengua, brazo.
Podridas, (abyectas), vendrán a retorcer cualquier cuello, (atisbo), de diferencia, verdad y alma.
Atacarán constriñendo, primero, a la presa, que serás tú, (cualquiera que no sea ella), y, luego, tras replegarse, (cuando creas que ya estás a salvo de ataque), a velocidad casi inmediata de tan grande, inyectando su veneno.
No conseguirán, en venenosa convertirte, (no eres ellas), envenenarte, (enfermarte), sí.
No son esas, (de las que debes mantenerte lo más lejos posible, no dan tregua), de las que vengo a hablar aquí.
Alza la diestra con inclinación siniestra,
(hacia atrás, boca entre caída y abierta sería),
de la cabeza.
Suplica.
(Con sus uñas rotas, con la única afilada de su mano deformada).
Y se le dará.
O no.
O no lo que impetró.
Implora.
Alguien, (algo), en algún, (ningún), lugar, escuchará su voz,
(la tuya).
Pide.
Alza su brazo,
(la voz que, hasta el último momento, conserva).
Con de su mano empezando ya a aflorar su hueso igual que el cuerpo,
( entero),
el alma.
Ya en los huesos,
y ruega.
Los dos trazos de la Magua
Arrebatamiento
Habrá veces, (hasta la fecha solamente sucediendo en 3 dimensiones), en que te invadirá un arrebato: del que enajenamiento por impulso, ímpetu, furor… y despojo, (apropiación de la capacidad de decidir sobre tus actos).
Aprenderás a permitir, (tras un camino plagado de negaciones y de desechados), que eso suceda llevándote de la mano aunque no hayas acabado, todavía, de comprender, quién, (y hasta dónde, y hasta cuándo), lleva a quién.
Esto haces, siempre a ciegas, (simbólica y literalmente, con los ojos cerrados): trazas.
Luego miras, cierras línea y sabes, si has de dar una oportunidad al garabato (uno solamente esta vez, firmas a posterior y aparte) y si eso harás ahora o más adelante.
No ves, (no eres quien ve la realidad y la refleja), sabes que hay algo ahí que no has visto todavía pero facilitarás que aparezca.
Entonces, (en 3 dimensiones hablo, en dos funciona distinto el giro y no hay este arrebato), giras la forma desde el comienzo, antes de pintarla.
Ahí, alguna cosa, ya ves.
Más aparecerá pintando (y rotando).
Una, (sin dar por hecho que la encontrarás), buscas, y luego, llega acompañada de muchas más con sus historias que contar, y sus particularidades, cada cual.
De una forma que te resulta incomprensible te desbordan.
Como si ilícito fuese consentir que surjan cuantas fueren, las detienes, (te censuras).
Hay veces que, contra ti, (¿a tu favor?), un arrebatamiento arremete, y tú, antes de aprender a dejarle suceder, le enfrentarás (una y otra vez te resistirás como a cada bofetada de desprecio a lo que eras, dejando de serlo, resististe).
El arrebatamiento es un momento de lucidez en el que ves con precisión cómo te funciona la cabeza ,de otra manera, inhibida. Sí, sentirás el dolor de no haberla cuidado y el del recuerdo de porqué lo hiciste, (y no querrás sentirlo, ni soportarlo), pero, quédate a su lado.
A quienes la combaten y en ella buscan la basura que no alberga, no les da para más el corazón (la cabeza). No están, sean quienes sean, a,(de), tu lado.
Quédate con la compañía de,
(por muy modesto, irrelevante, nimio que sea, ¡ya veremos si algo con él hacemos o deshacemos!),
tu trazo.
Del mismo y un solo trazo:
1. Tipo llevado por el aire por dos aves con pico como de avión hipersónico. Sentado y con piernas en horizontal, salen a tal velocidad, que sus brazos van en arco hacia atrás por el impulso.
2. el hombre azul de nariz larga y puntiaguda, porta a una mujer que viste kimono color cara del hombre y agarrada, (casi atada de pies y manos), a su peinado de Samurai.
3. cámara con foco incluido y trípode que, además de sujetar, camina.
4. pterodáctilo abriendo membranas que le eviten ser devorado por una serpiente de lunares amarillos.
5. tórtola transportando, en su píleo y en botella, leche de buche.
6. gallo con situación, (quizás haya sido de pelea), que le arrebató el pico y le tiene con gran inflamación entre las patas.
7. muela sana con las raíces a su aire y con encía inflamada que no veas cuántas, (así, sin ser ella la enferma), enfermedades podrá ocasionar,
8. embrión de medusa mitológica sacando la lengua
9. elefante caminando sobre dos trozos de tierra acabada en punta.
10. barco de saurio con velas, (de tronco y piel de dino).
11. calavera que se niega a serlo y se conduce acompañada de máscara negra para irse tras ella ocultando cuando considera.
12. osito de peluche sin pelo, con prisa y atuendo, (botas altas incluidas), de pirata.
13. el pícaro, (un pájaro en toda regla), que se presenta como “Piñón”, jugando a algo que te distancie de su aspecto de champiñón y de… y encubra con gracia su…
14. … y paras… hoy no será cuando cuentas cada historia que, estos garabatos, te han contado.
P.S: otro arrebato conservado es la “posesión cerámica”
Ollabac y el caballo
Hubo, una vez, una bailarina que montó a un caballo.
Usaba zapatillas de ballet.
¿Le conoces?,
¿sabes, al menos, algo de él, zapatillas de ballet que le ves, aparte?,
¿tienes noticia de sus crines de color de las montañas de cenizas de volcán por las que cabalga?,
¿qué le alimenta, qué busca comer, (qué encuentra, su forrajeo, a su paso) ?,
¿quién, (qué), de alguien, (algo), hacerlo, , le monta?,
¿tiene tan sólo dos pies y es prótesis biónica que consiente a alguien más, (o a lo que fuere), moverse,
o tres,
(tercero de trozos hilvanados con aire y de carpo metálico)?,
¿hacia qué baile trota)?
Ollabac camina.
A algún lugar, según la determinación de su paso muestra, se dirige.
En apariencia, (¿mentira?), apresurado.
Sólo porque avanza erguido, y con piernas alargadas que marcando largos pasos, pareciera que galope.
En verdad, para su tamaño, se mueve despacio.
Es, solamente:
cabeza, (desbordando sentimientos metálicos que, de desprenderse, quedan empotrados e intactos en lo que se encuentran a su paso);
órgano sólo algo hepático, (digiriendo recuerdos, así conectándolos con el resto de su cuerpo);
y dos piernas calzando, de bailarina una,
los zapatos.
Los tres trazos del caballo de zapatillas de ballet
Sofá en el parque
La única (salvo error u omisión), que, hasta la fecha, siendo 3d, firma Sinequi y no Seq.
¿Crear también verano y otoño?
Dejó su sofá de dos plazas, (la de su compañero y de él), en el parque, así, sin nada explicarle.
El abandono le convirtió en hierro ambiguo, (inoxidable y mullido).
Le acompañaron las aves en los días de primavera, y las farolas encendidas, (y los paseos, y las conversaciones, y…), en las noches de invierno.
Le disfrazaron las hojas de otoño con sus bailes.
Fue reposo y consuelo de quien le contaba porqué, continuaba paseando a esas horas y solo, (y de quién, al hacerlo, se acordaba), en las tardes más calurosas de verano.
Tanto y más, con satisfacción e incredulidad, (nunca nadie llegó para vandalizarle), es.
Sólo el hueco ese recóndito en el que su compañero acababa por perder algo siempre, (unas monedas, una nota de amor nunca vuelta a leer, unas gafas una vez que ¡no se rompieron!,…), permanecía aparte, aceptando, ya, haber sido desechado pero no que jamás, (a él que no se habría ido en ningún caso), le hubiesen explicado el porqué.
Y un día, alguien pasó, a alguien, en silla de ruedas de hierro ambiguo, (inoxidable, y mullido), empujando.
Era viernes, como cuando él también, allí había llegado.
Las compañías, (del sofá del parque), se preguntaron si no era ese hombre, (sentado), quien tantas veces había allí ido buscando, (tan preocupado), ese rincón adecuado, en el que algo dejar acomodado.
No recuerda ya, ese hombre, (sentado), nada haber abandonado, (ni tenido), ni qué sabía entonces que le empujaba a hacer lo que hizo, (con quien, de saberlo, sin compañía, se habría quedado a su lado).
No encontraría en el huequito recóndito, (del sofá desconocido), un pedazo de papel en donde aún habría podido leer:
“de verdad nos quisimos, el sofá es testigo”.
Mujer embarazada de cabeza gigante
Seguirás sin comprender cómo se relaciona lo que de tu mano sale: si es todo uno, o son entes individuales a los que firmar, (escuchar), por separado, (si complementarios, si excluyentes…). Te resultará, (¡todavía! y más cuando te enfrentes a todo organizar), desconcertante, frustrante y drenante.
Habrás de contemplar que siga su curso, como el de un caudal de agua en el que tus manos podrán sumergirse, pero no, (por de allí sacarlas), parar.
Mujer embarazada de cabeza gigante
La mujer, embarazada de cabeza gigante, rompe aguas.
Las rompe, (las vierte), y por dentro, de alguna manera, la rompen al explotarse, (explotarla).
La mujer embarazada sujeta el peso, (de la cabeza gigante), con una red de malla de agua que todo lo resistirá hasta la única vez, (de la que no habrá retorno, ni reparación posible), en que se desgarre.
La cabeza combate, (al tejido que la apresa), desarrollando ya un cordón umbilical exterior, (de agua).
La mujer, (para compensar la pérdida), en vez de llorar por el dolor de la protuberancia que la atravesó, (y más líquido perder), bebe agua, (de rocío caído de un tronco de árbol talado que salió despedido de un lago).
Serie de la “mujer embarazada de cabeza gigante
En otro estado, habría sido, (es):
africana acatarrada y alvina con moño alto, (al natural y copia de sí misma);
tronco reposado gestando brotes diminutos, (verdes y sanos), charlando plácidamente, con la rata Plácida, en la naturaleza;
Luchador de sumo, como es natural, montando una Bultaco de 1976, (“frontera 370”), sin ruedas;
Ratón hijo de un desliz de su madre con un gato peli rojo, (al que nunca más volvió a ver, al que a diario ve en los colores del hijo), serenamente sobre el lomo de un hipopótamo, naturalmente llamado, Sereno, (y sereno de profesión);
…
pero no es su estado.
De la mujer embarazada de cabeza gigante, si nada sabes,
no sabrías si así es o, en realidad, a la cabeza, (gigante), una mujer parasita.
Nada,
hasta que no nazca el gigante,
sabrás
y,
quizás,
ni entonces.
P.S: dibujar al gigante cuando nazca.
Aves
Carecerás de cualquier vínculo particular, (interés incluso), con los pájaros. Eso no les prevendrá de continuar viniendo a visitarte. Conservarás alguno hoy como evidencia de su presencia. Aunque no les comprendas, dejarás de eludir su existencia.
Lo harás por ellos, ignorando, todavía, lo que, por ti, ellos harán.
Qué te sucede con las aves, dime. Y… ¿desde cuándo? que jamás, en ningún momento, ni en un instante solamente, me hiciste el más mínimo comentario, (me enviaste, respecto a ellas, la menor de las señales).
Y ahora, (¿de repente?), vienen, las rechazas, las ignoras, de ellas te deshaces, no te interesan y…, sin embargo, se quedan, (como si, tras con sus obligaciones cumplir, al hogar, regresasen). Como si alimento fuesen, (o buscasen).
No lo sabrás, lo ignorarás, ni lo sospecharás siquiera, ni lo habrás notado jamás y, sin embargo, te habrán sobrevolado… aves.
Constante, incesantemente,
(en ataque coordinado y ordenado en bandadas de distintas especies),
cuando su momento llega.
Ahora que, para tu asombro, (y… ¿es eso incomodidad?), lo has descubierto.
Ahora que ya sabes que, por ahora, nada más que aves, (pájaros), tienes en la cabeza,
¿Las dejarás salir y que tomen, (contemplándolas), su propio vuelo?
Dina
Dina es, además de muy lista, malabarista, sobre todo, (aunque no sólo), con la punta de su alargada nariz jugando con su sombrero de copa.
Le encantan los caramelos de bola con forma globo aerostático visto en el horizonte y con cuerda negra como lastre en vez de palo. El sabor en sí no importa, es tal el disfrute de ver como se va acercando a su boca que ningún gusto le arrebata ese goce.
Hay quien, al cruzársela, la encuentra lisiada pero, en realidad, simplemente, tiene, (como todas las dinas), 3 patas en vez de…(¿son 4 las que tendrían los tipos con esa facha?). Con la frontal, (más de tamaño mano), se emplea a hacer cosas de humanos, y, con las otras dos, de animal.
Fuego
De fuego sus ojos.
Los tres: el que muestra, (cálido, inocuo), y los dos…
!mágicos!
Ese par que sólo si abre su boca, (su sentimiento), surge.
Que calcinan cualquier oportunidad de ser.
Que destruyen lo construido mientras su boca cerrada, (contenida su rabia).
Que sólo consienten sobrevivir, (reptando), a su condición envenenada.
Y, sobre su obra, convenientemente envuelto, (ocultado), atado, (¡que, ni muerto, vaya y se expanda a su criterio!), el cadáver que dejará, su boca, (su naturaleza), si abierta.
No es su disfraz falaz, (de autenticidad, candidez, empatía, y…), lo que te habrá consumido, habrá sido, descubrirla primero, y luego,(respeto se llamaba), no haberla, ni una sola vez, desenmascarado.
Ogeuf camina mirando hacia arriba, y a distancia.
Su lengua cuelga fuera de su boca cerrada, como la del perro que intenta regular su temperatura, (su furia, su rabia).
Está hinchada y, en su centro, con úlcera negra, (como su alma desperdiciada).
Su par de ojos mirando hacia atrás, (siempre guardándose la espalda), mientras, hasta el último momento, intentar impedir partir a, de su fuego, los restos.
Nave con orza por la que el veneno no reptará.
Con vela de cuerpo amortajado, (con esa forma disfrazado como única escapatoria),
y atado, (asegurando, así, que no cambiará de opinión en el último momento, que se irá).
Con una bandera improvisada, (condición indispensable para viajar).
Y con mástil color, que la cara del fuego, tuvo.
La rosa y Asor
He abandonado, (eso espero….), cultivo de vida que requiere esfuerzo constante resultando en desarrollar raíces a costa de tus cimientos invadirte, en espinas de ataques preventivos, en dedicarte casi en exclusiva, a contentar a quien mostrará su delicadeza, (¿no es, ella, de belleza un sinónimo?), tan fugaz, que toda tu atención requerirás dedicarle para notarlo, (nada más, a su lado, criarás).
Aunque he de estar alerta para tenerlo presente, no la crío, (no ya).
Pero a ésta, que en su lugar nace, (y allí volverá), me complace que de visita, (fugaz), venga.
Rosa, (de paloma blanca, algodón dulce, nube en cielo despejado), y Rosa.
De raíz invadiendo, (creando), a su alrededor, el espacio.
Sustento del pájaro blanco de los rosales que, de otra forma, carecería de alimento.
Rosa, del color de su nombre, del aspecto de un rostro entre inofensivo e inquietante.
Con tallos alimentando nombres que llevan a orígenes de igual color que la rosa.
Y Asor quien, en pie, la monta.
Asor, quien se lleva el grueso de las raíces de Rosa.
Con sus ojos de niña, (rosa), brillante y diminuta, (por huecos obturadores),
y su cuerpo deforme formado de una (blanca, y rosa), Rosa.
P.S: si existiesen ‘ sub-etiquetas‘ , (que pudieran extraer de un lugar un solo personaje), tiene Asor algo que, quizás, encuentro “favorito”.
Pájaro renato que no es pato
Sigo sin saber si las figuras que surgen de la principal debieran ser consideradas series y así ser tratadas ,(como categoría y como entrada a parte). La incluyo aquí hasta descubrirlo.
Y sigo enfrentando conflicto entre si quedarme en una entrada y continuar alimentando la ‘serie‘ ,(desarrollando, además, cada pieza), o si frenarme y a otra figura nueva, dar paso. Siempre tengo que, para continuar, frenarme.
Me pregunto qué les sucederá a ustedes.
El pájaro Renato quiere ser pato.
Volar recorriendo grandes distancias.
Graznar.
Vivir unos diez años. (¿Para qué querría, un pato, vivir más?).
Nadar a velocidades de ensueño, (él, que, de vértigo, carece), con membranas de piel entre sus dedos.
Agarrarse, con sus garras, a cualquier lugar que se le antoje (rechazar el que le desagrade).
Tener pico ancho y corto con el que buscar alimento sin andarse enganchando ni chocando ,con todo, siempre.
Cuerpo compacto que nade y hasta bucee.
Y ese cuello tan corto con su giro completo hacia atrás que le permite limpiar las plumas del lomo.
Y hasta elegir a qué familia pertenece escogiendo, de la pluma, los colores.
La glándula del acicalamiento la tiene y segrega un aceite tan rico en grasas y en ceras que no habría plumaje más resplandeciente e impermeabilizado que el suyo, (¡que no veas cómo te quedarías tú si lo ingirieses!).
Su pico largo y acuñado esparciría el aceite y ¡qué pluma seca y esponjosa, y qué temperatura corporal regulada no tendría.!
No la usa “sólo los ánades eso merecen”.
Renato, queriendo ser pato, usa su cuello no corto si no largo y tortuoso y, en varios puntos, acodado, para girar su cabeza 180 grados forzándola a huir del lugar ese al que, la especie que es, se dirige, pertenece.
Se lo retorcerá ese parpar de fondo, ese graznido de frente, (que no deja de escuchar), según el cuál , es pato, pato, pato…
Huye de donde viene, (nido, reposo de su cabeza solamente, sin espacio para el cuerpo), a donde no ha de llegar pues el viento, (el aire, cualquier brisa, todo aliento), le mantiene en ‘su‘ lugar.
Sus alas mugrosas, (a las que se les niega el aseo), arrastran un peso muerto siempre (vivo), propio (del otro) ¿cómo dejarlo atrás sin arrancarse, de las plumas, el vuelo?.
Dos, dos pesos muertos (vivos) propios (de los otros).
¡Ay Renato, que no es tu ala de pájaro, ni de pato, sino de ángel!
Serie del pájaro Renato no pato
Señal de nada
Por su aspecto, no mostrarías la imagen, pero, (por ser quien te consintió poner alguna palabra a un pensamiento impronunciable), lo haces.
Me mandas señales de humo.
Así es como hemos terminado por comunicarnos (no).
Vienen acompañadas de polvo de estrellas:
contaminante deslumbrante que no podría, del humo, desentrañarse.
Atravesando una puerta a un pasado que, en el presente, no sobrevivió, vienen pretendiendo abrir la oportunidad al futuro.
¿Cuántas veces te dije lo que estaba presenciando suceder y te supliqué encontrar remedio conjunto antes de que fuese tarde?:
la respuesta fue polvo de humo, señales de estrellas.
Y, ahora que ya no hay remedio,
la criatura ésta de morro alargado cuyas quijadas somo tú y yo,
espalda con espalda, (una solamente por suturadas con, de estrellas, el polvo),
y contorno de humo,
de qué es señal,
(señala a qué).
Caminante de barro rojo, cocido y quemado.
El caminante de barro rojo, (cocido y quemado), camina.
Se dirige hacia una fiesta de disfraces, hacia quien disfraz de fiesta es y que, sobre máscara de dos caretas opuestas, se yergue.
Nada que les una.
Pasará de largo.
Continuará, (sin dejar de mirar al frente), esquivando la duda de si debiera a aquel lugar visitar, (de allí quedarse con algo).
No lo hará.
No esta vez.
Nunca.
Camina.
Cambiando, a su paso, la forma de la niebla que pisa, ese humo cuyo olor húmedo traspasará su calzado.
Caminó, hacia su nombre, una vez,
y pasó de largo.
Los caminantes de barro, a partes enrojecidos, (a trozos, quemados), caminan sin cuerpo.
Salta, el uno, (pasando más tiempo en el aire que en el firme del que impulso coge),
como pollo con una sola pata y
rescata un cuerpo,
(!qué suavidad si su vaivén acariciases!),
como si, con una caña, lo pescase.
Le inyecta tinta que, cayendo, dibujará su siguiente contorno,
y eso,
será salvarle.
Camina el otro.
Escalón a escalón sobre superficie mojada,
que no traspasará su calzado,
(resbaladiza, que no alterará su paso).
Derramando, de su rótula, la tinta que dibujará, cada vez,
la pierna requerida para continuar caminando.
Caminaron una vez,
no se supo si hacia su nombre o desde él ,
( si de él son parte o a parte suya se mueven),
si son condenados, o condena, o nada que ver.
Calavera
Ostenta, la mirada, un código ajeno a la distancia que la edad señala. ¿Te has fijado en esos ojos que en cara arrugada, desdibujada, ajada y, sin embargo, tan vívidos?, ¿notaste esos que pese a piel tersa, menos años… y… qué muestran?
Tiene la mirada un poder adivinatorio que ignora: sabe, antes del cuerpo, de la edad, de… cuando se, (va) apaga.
Toma distancia suficiente para diferenciar sus facciones, para distinguirlas del amasijo de borrones, de vacíos.
¿Ves la boca con mueca desencajada esforzándose más por respirar que por gritar cualquier verdad, (mentira cualquiera, mentir a…)?
¿Los ojos, sus cuencas negras como cuevas, (como pozos secos) y esa luz diminuta al fondo de la que no podría decirse si apareciendo a lo lejos, si desapareciendo?,
¿y los surcos bajo la nariz deshaciéndose, (derritiéndose), a la que ya un solo orificio le queda?,
ni un diente siquiera con el que algo masticar, (aunque la angustia fuera).
Me, (te), preguntas si es un calavera.
Es lo que un día, (y otro, y otro, y otro), tú fuiste.
De donde te fuiste para llegar aquí.
Caminante de cabeza grande
A medida que avanzo, cada figura de las series se me va mostrado más como entidad independiente. Si bien en este blog ahora, (que estoy haciendo una primera criba), las recojo, cada vez, juntas, empiezo a pensar que son láminas individuales.
Caminante de cabeza grande. Hecho a dos trazos, (cada un de un color)
Camina con su cabeza enorme conformando figura casi rectangular junto con sus mandíbulas.
Cráneo color madera, (más amasada que pulida), y barnizada en mate.
De su torso, salvo el cuerpo vertebral, no queda nada.
Sus miembros inferiores a fuego implacable sobrevivieron carbonizándose.
Esas cenizas compactadas se mueven que más pareciera que, arrastrándose, esquían
y es su cuerpo quien va saltando de la una a la otra, (más bajita), en equilibrio perfecto; de la otra a la una, (más alta, con mayor esfuerzo).
A su paso definiendo una línea recta y, a ella paralela, otra.
El caminante no tiene enorme la cabeza, es que, prácticamente, es casi lo último que le queda.
Hecho con dos trazos, (cada uno de un color). Serie “caminante de cabeza grande”
Gacela con corbatín verde serpiente
¿Sigues estando, de un solo trazo compuesta, si lo único añadido a parte, es el rabo y las astas?
La gacela con corbatín verde serpiente, (hierba, tela…), salta.
Sin motivo, sin razón.
Porque quiere, porque puede, (porque, de ninguna otra manera, podría hacerlo).
A pesar de su pezuña desfigurada, de la cicatriz y hueco dejados en su pata, de su cuello largo, (troceado casi, por tantos ataques de tantas zarpas, tantos encontronazos).
Su corbata, más que colgada, (lazada a), de su cuello, ... (lazos: los que te cuelgan, los que te cuelgas, los que te ahorcarán, los que…), la acompaña.
La gacela con corbatín verde, (hierba, tela…) pincha, con sus cascos, la sabana y, ésta, la arroja, a su salto siguiente, con, a su vera, su serpiente.
Mago
Ser imaginable cuyas acciones muestran resultados contrarios a las leyes naturales.
Mago
El hombre de los botines de caña ancha es mago (todos hemos de ser, somos, algo, incluso quienes no son esto, ni aquello).
No extrae, de su chistera, aves, ni conejos, ni… .
Es él el pájaro, la rama, el lagarto, el fruto, el gusano.
El mago es hombre entero y alborotado, desbaratado, descompuesto:
Se torna en aves, reptiles, larvas… y sombrero de copa alta aplastado.
Teme entretener pues sabe lo que sucede después, (antes de ser..)
pero lo hace pues no encuentra,
(por mucho que haya rebuscado en toda prenda que la cabeza cubre, y en sus copas, y en sus alas), otro remedio.
Serie de Mago
Sigue acaparando mi atención el número de trazos de la pieza principal, (especialmente si es 1 o 2). Hoy comencé a guardarlo como imagen a parte aunque aún no comprendo a dónde conduce.
Los dos trazos de el Mago
La bestia y tú
La bestia se alimenta devorándose así misma, (sin ensañamiento, sin encono). A hebras como las que quedan de un metal que hubiese sido trefilado. Avanza erguida, decidida, dispuesta… dejando a su espalda, como huellas, los restos de lo que sus ojos, (en donde los ollares alberga) , resoplan y que al suelo caen.
La bestia arremete dominante, vestida a tiras que más que cubrir el cuerpo, lo sujeta a partes. Lleva, a su espalda, cicatrices sólo cuando incandescentes visibles, en cuyo caso, en hierro de marcar se convierten. Serás, a su vera, res. Será látigo en su brazo terminado de esquirlas de metal despuntadas. Tras ella los restos de los bufidos de sus ojos que ennegrecen a medida que caen.
La bestia y, sólo tú, (un duelo entre bestias presenciando).